El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde
Poder y gobernabilidad
Hubo en estos años de exhuberancia económica, donde el crecimiento sostenido era
moneda corriente, los commodities crecían vertiginosamente y nadie imaginaba otro escenario que no fuera uno de vacas gordas, quienes en la Argentina se animaron a preguntarse, en voz alta, qué sucedería con el tinglado armado por el kirchnerismo si el boom de las materias primas —contra lo que predicaba el coro estable de los especialistas— no resultaba estructural, sino circunstancial.
Fueron pocos, es cierto, y no siempre supieron dotar a la pregunta que enarbolaron de argumentos sólidos, pero estuvieron en lo cierto. El ciclo duró unos seis años, poco más o menos, y ahora, casi sin escalas intermedias, el mundo parece encaminarse a una recesión mayúscula o, inclusive, a una depresión aguda. No está escrito que todos los países, sin excepciones, deban de aquí en adelante seguir el mismo derrotero de carácter económico. Se halla fuera de duda, en cambio, que el ciclo ya comenzado no será virtuoso en términos de crecimiento y ello, como no podría ser de otra manera, tendrá costos que tendrán que pagar en su totalidad los pueblos de este planeta. Algunos, obviamente, la sacarán más barato que otros, pero ninguno podrá balconear la crisis amparado en el paraguas de la excepcionalidad.
El dilema de los Kirchner, a esta altura de los acontecimientos, es bastante claro y, a la vez, difícil de resolver: sin crédito en el horizonte, fuera del mercado de capitales y con los commodities más importantes de la canasta exportadora argentina en baja pronunciada, la variable del ajuste que se avecina no puede ser otra que la del gasto público, en general, y la de los subsidios, en particular. Con una recaudación en baja; retracción del consumo interno; los superávits gemelos en franco deterioro; sin caja para otorgar aumentos salariales o mantener las inversiones que se venían haciendo en obra pública y una situación cambiaria complicada, el margen de acción es de suyo estrecho. Cuanto antes se despejen las dudas de los Kirchner y se convenzan de que, malgrado las necesidades electorales en ciernes, hay que apelar al lápiz rojo en materia fiscal, tanto mejor será para sus chances no de ganar en los comicios de octubre del 2009 —algo, de momento, poco probable— sino para sobrellevar con éxito el desafío de la gobernabilidad.
La trepada de la divisa norteamericana, que tarde o temprano se producirá, implicará una caída del salario real, pero es posible —si el gobierno hace los deberes a tiempo y con prolijidad— que ello amortigüe el costo, de otra manera tremendo, que podría tener un escenario recesivo y una tasa elevada de desempleo. Si bien Martín Redrado y el mismo Néstor Kirchner se dan cuenta de que, frente a la devaluación brasileña, el peso no aguantará en los niveles presentes, le temen —con no poca razón— al comportamiento histórico de los argentinos. Días atrás el titular del Banco Central reconoció, en rueda de amigos, que la relación dólar-peso debería ser hoy 1 U$ = 3,50 pesos. Sin embargo, confesaba que, tomada la decisión, nadie podría después frenar una corrida si acaso en el inconsciente colectivo se fijase la imagen de un final de fiesta ya conocido.
Como quiera que sea, el problema está planteado en toda su magnitud y cuanto más tiempo pierda el gobierno sin tomar medidas de fondo, más sufrirá en punto a la gobernabilidad. Porque de la misma manera que la inflación dejó de ser, en materia económica, la preocupación prioritaria, dándole su lugar a la caída de la actividad económica, en materia política la prioridad ya no es la corrupción o los comicios legislativos a substanciarse en doce meses, sino la gobernabilidad. Esto, claro, en función del panorama que se avecina y al cual deberá la actual administración hacerle frente ensayando una serie de medidas impopulares, le guste o no.
La primera reacción atinada al respecto resultó la de Hugo Moyano quien, sin bajarse por completo del discurso de las reivindicaciones salariales, fue claro en la apreciación de la naturaleza de la crisis. Para los sindicalistas hoy es más importante conservar las fuentes de trabajo que plantear la reapertura de las paritarias a nivel general. El paso dado por el camionero—negociado con los Kirchner— ha sido de fundamental importancia para el gobierno en un momento en que nadie sabe, a ciencia cierta, dónde está parado. Moyano se dio cuenta, con ese olfato que a los caciques gremiales de origen peronista les sobra, de la necesidad de desensillar hasta que aclare. Insistir en el tema del reajuste salarial hubiese sido, en el presente contexto, algo así como empujar al país al precipicio. Por supuesto que la decisión de una de las dos CGT —la restante, liderada por Luis Barrionuevo, se mantiene en sus trece sobre la cuestión de las paritarias— no fue una de esas gentilezas desinteresadas, tan comunes entre amigos como raras en el mundo de la política, sino una toma de posición para preservar la gobernabilidad sin la cual el camionero y los Kirchner verían su poder hecho añicos en cuestión de segundos.
Es que hay escenarios difíciles y escenarios peligrosos, que no sería conveniente confundir. El que tiene por delante la Argentina y su gobierno está mas cerca de estos últimos quede los primeros mencionados. La hiperinflación que terminó de echar por tierra el proyecto alfonsinista a fines de la década del ’80, como la licuación del poder presidencial y la situación económica y social que vivimos en los últimos meses del año 2001, fueron situaciones peligrosas en términos de la convivencia y la paz social de los argentinos. Una crisis a nivel mundial que, por
las razones que fuese, obrase entre nosotros una recesión prolongada, podría también convertirse en peligrosa para la estabilidad del gobierno y la gobernabilidad del país. Sobre todo teniendo en cuenta que estamos delante de una administración que acostumbra ladrar fuerte y cree poder engañarnos sobre la dimensión de su poder, pero que no tiene la capacidad de mandar —de hacerse obedecer— como antes.
La peligrosidad a la que venimos haciendo referencia no es, por ende, sólo una resultante de una de las mayores crisis del capitalismo de que se tenga memoria en el mundo moderno, sino también de la debilidad en la que se debaten los Kirchner —aunque se desesperen por demostrar lo contrario— luego de la derrota sufrida el 17 de julio pasado. El escenario resulta, pues, peligroso en razón de que, precisamente en la circunstancia donde lo que hace falta es mucha imaginación y mucho poder, esas facultades hoy escasean en el matrimonio gobernante. Hasta la próxima semana.
Destacado
Ya se perfilan con nitidez los serios desafíos que vinimos anticipando debería enfrentar la economía argentina.
• Marcado deterioro de la balanza comercial.
o Esto significa una fuerte reducción en la generación de divisas, en términos
monetarios,
o La salida de capitales complicará al BCRA la defensa de la posición de reservas
internacionales.
o La desvalorización del real brasileño —llegó a 50 % la semana pasada desde su
pico de 1,55 del 1º de agosto— genera una peligrosa inconsistencia cambiaria
con nuestro principal socio comercial; a eso hay que agregar los crecientes costos
en dólares que significa la inflación local.
• Fuerte desaceleración del crédito, con retracción en términos reales.
• Es previsible una severa caída de la actividad económica, con dos graves derivaciones:
aumento del desempleo y crisis fiscal.
• La contracción de la economía doméstica unida a la reducción de nuestras
exportaciones (por caída de precios y de volúmenes) y de nuestras importaciones (por
menor actividad, creciente cierre comercial y dólar en alza) dañará fuertemente la recaudación.
• Los derechos de exportación representan el 125 % del superávit fiscal.
• Por el lado del gasto, la moderación anunciada por el nuevo comité de crisis
difícilmente pueda ser cumplida en 2009.
o El año electoral, los subsidios a la energía y el transporte, y el déficit creciente de
las empresas públicas anticipan un recorrido ascendente.
o A ello se sumará la presión para que el Estado intente neutralizar el impacto de la
recesión con políticas activas y más gasto social.
o En lo que hace a frenar la expansión de los subsidios, puede esperarse cierto
auxilio de la mano de aumentos tarifarios en estudio —del orden del 30 %— y
por la caída de los precios energéticos.
• Esto significa que es prácticamente inevitable que se degrade la solvencia fiscal..
• Pero mantener sin deterioro nuestra situación fiscal es condición indispensable para
cumplir con los importantes vencimientos de 2009.
o Por ello, y como adelantamos, se demorará la cancelación al Club de París, y
podría finalmente negociarse una refinanciación.
o La reapertura del canje también quedó postergada, pues hoy es impracticable
obtener los fondos frescos que compensaban la mejora en las condiciones
ofrecidas a los bonistas respecto a la propuesta de 2005.
o Y la reprogramación del préstamo garantizado también queda en suspenso, ya
que estaba atada a una reanudación de “negociaciones fructíferas” —en las
palabras del juez Griesa— con los hold outs.
o No se podrá contar, como en otras oportunidades, con el auxilio del dictador
venezolano, complicado él también por el derrumbe del crudo.
o Para aliviar el año próximo el gobierno buscará recomprar los correspondientes
cupones de BODEN 2012 y 2015.
o La necesidad tiene cara de hereje: ya hay conversaciones con el FMI para obtener fondos con condicionalidades reducidas.
• El previsible deterioro fiscal, la apreciación del peso inducida por la inflación, la
incierta capacidad de pago de los vencimientos de la deuda pública, nuestra
vulnerabilidad a precios internacionales en baja, la salida de capitales y la notable
desvalorización del real hacen improbable que la Argentina pueda esquivar una nueva
crisis cambiaria.
• En estas circunstancias, y habida cuenta de la incongruencia cambiaria arriba apuntada,
tiene poco sentido sacrificar reservas liquidándolas a bajo precio.
¿Cuál es el verdadero nivel de las reservas?
• Un reporte del Deutsche Bank —uno de los tres bancos trabajando en la reapertura del
canje— se ha hecho eco de la preocupación que expresáramos en otros Informes sobre
la opacidad de la información del BCRA y el abultamiento de nuestras reservas.
• Como también habíamos alertado meses atrás, el reporte destaca que con la estrategia
de vender a futuro se evita reconocer un menor stock (las existencias computan sólo las
ventas spot); el banco alemán estima esas ventas en nada menos que U$ 12000 MM.
• Como nosotros, también advierte sobre los préstamos de corto plazo tomados al Banco
de Basilea —cuyo saldo no es informado— y que el Deutsche calcula en U$ 3000 MM(el doble que nuestra estimación original).
• Sugiere también que las reservas podrían estar infladas con bonos públicos en divisas
rescatados en las últimas semanas.
• Todavía cabría deducir los fondos que eventualmente serían aplicados a la cancelación
al Club de París.
Es crucial que los actores económicos locales acepten rebajar sus precios
• El recorte de precios y costos puede evitar ajustes mucho más severos en las cantidades.
• La existencia de áreas de precios inflexibles a la baja fue responsable de las más profundas
depresiones económicas —como la que vivió la Argentina en 2000 y 2001.
• Si los sindicatos se abroquelan en una postura de rigidez salarial, condenarán a buena parte
de su masa de afiliados a sufrir despidos y desempleo.
o Ya se ven suspensiones en la industria automotriz y autopartista, en el sector
bancario, el textil y el del calzado.
o La CGT ha acusado el golpe y moderó sus reclamos, dejando en suspenso su pedido
de una suma fija compensatoria de la inflación.
o Algunos reflotan la idea de sellar un pacto social.
• El ajuste vía precios también debe alcanzar al Estado: con una recesión en ciernes, una
rebaja de la carga impositiva es mandatoria.
o De lo contrario, se agudizará la caída de actividad y se multiplicarán los despidos.
o La reducción de carga tributaria resulta urgente en lo que hace a los derechos de
exportación que pagan cereales, oleaginosas, combustibles y minerales.
o Si no se actúa con decisión en este último aspecto, habrá una fuerte contracción de
las cantidades transadas con el exterior.
o Los préstamos subsidiados para el campo anunciados la semana pasada muestran al
gobierno ignorando las amenazas que se ciernen sobre la economía local y
permaneciendo ajeno a las vicisitudes del sector responsable de dos terceras partes de nuestras exportaciones..
• La reacción al cambio en el entorno internacional y las devaluaciones de otras monedas no
debe ser el cierre de fronteras comerciales.
o Lamentablemente, ésa parece ser la actitud oficial frente a la nueva situación.
o Si nos cerramos a los productos extranjeros, también venderemos menos.
o Eso significaría mayores precios y menos producción para una economía en pleno
enfriamiento, lo que agravaría la recesión y multiplicaría el desempleo.
o Paradojalmente, se verían beneficiados los precios de los importados y sustituibles
mientras que los de los exportables serían castigados.
o Una desvalorización del peso sería, en definitiva, consecuencia natural del menor
apetito por el riesgo argentino y por nuestros productos; los menores valores
resultantes tenderían a restablecer la inversión y la demanda.
La estabilización de los mercados financieros es bienvenida
pero la recesión es inevitable
• La formidable destrucción de riqueza ya operada acarreará despidos, caída de la inversión
y fuertes reducciones de consumo.
o Al 31 de diciembre de 2007, las poco menos de 4000 empresas listadas en el NYSE /
Euronext representaban un valor combinado de U$ 30,5 billones (millones de
millones) en capitalización total de mercado.
o Esto significa que las pérdidas diarias llegaron a superar 1,5 billones en las jornadas
más negativas.
o El Dow llegó a perder 36,3 % desde su máximo del 9 de octubre del año pasado (el
S&P lo superó, con una caída de 38,8 %).
o Ya se han perdido 750000 puestos y el ritmo mensual de destrucción trepó a 160000
en septiembre.
o Japón ya registró una caída de 14,5 % en los pedidos de máquinas industriales.
• El salvataje engrosará el déficit de EEUU; una eventual administración demócrata
intentará contenerlo con un severo incremento de la carga fiscal, contribuyendo a apagar
la economía como ya se hizo en los ’30..
o Se estima que llegará a 2 billones de dólares en 2009, o sea 12,5 % de su PBI (más
del doble que el récord de 1983).
o La deuda pública ronda los 10 billones, 70 % del PBI, y a eso se suma la deuda
estadual y municipal.
• Tampoco es recomendable que la Fed lleve las tasas al 1 %.
o Eso podría alentar el mismo género de conductas irresponsables que condujeron a la
crisis.
o Otro riesgo no menor es que llevando las tasas a esos niveles la Reserva agotaría sus
recursos para estimular la economía.
• Seguimos pensando que los próximos meses serán muy traumáticos para la Unión
Europea, poniendo a prueba la cohesión entre sus miembros por las notables diferencias enla solidez fiscal y en la salud de sus respectivas economías.
La colosal deuda estadounidense
• A fin de septiembre, la deuda pública de EEUU era U$ 10 billones (millones de millones).
A esto falta sumarle la deuda estadual y municipal, que a fin de 2007 sumaba U$ 2,2
billones (la federal en ese momento ascendía a U$ 9,2 billones) según el Federal
Government Debt Report.
• La deuda privada sumaba U$ 41,6 billones.
o El componente principal de esa deuda son los hogares (hipotecas, préstamos para
autos y tarjetas).
o A fin de 2007 la deuda de los hogares era de U$ 13,8 billones, de los cuales U$ 10,5
billones eran hipotecas.
o El ratio de deuda hogareños sobre los ingresos llegó a 123 %, el triple que en 1985.
o Se estima que en marzo de 2008 el capital propio de los propietarios cubría apenas el
5,5 % (U$ 587000 MM) del valor de los inmuebles hipotecados; eso significa un
apalancamiento promedio de 18 veces.
o Con los precios de las viviendas cayendo dramáticamente, la proporción de capital
propio está reduciéndose con rapidez.
o La deuda corporativa sumaba a fin de 2007 otros U$ 10,1 billones, la del sector
financiero U$ 15,8 billones y U$ 1,8 de fuentes diversas.
• En marzo, la deuda total superaba los U$ 53 billones, 76 veces más alta que en 1957 y
representando U$ 700616 por hogar estadounidense (U$ 175154 por habitante).
o La deuda en 1957 era U$ 693000 MM lo que significaba U$ 4000 per capita.
o Casi el 80% (U$ 42 billones) fue creada desde 1990.
o Saltó de representar 186% del ingreso nacional a 470 %.
o En 1957 la deuda total per capita ajustada por inflación —es decir, en dólares de
hoy— era U$ 29722.
o En marzo de 2007 la deuda per capita era U$ 175154, 5,6 veces más que en 1957.
Los bancos centrales han dejado de vender o prestar oro a los bancos
El costo de endeudarse a un mes en metal se multiplicó por veinte veces la semana pasada.
