Por Acab
Conocí las villas viendo los pechos de Susana Campos, en la película “Detrás de un largo muro”, allá por el 57. Eran tiempos donde mezclaban el liberalismo cultural y la feroz represión gorila. Ignoro si Perón o los gorilas habían construido un muro que separaba una villa capitalina cercana al Matanza, solo para que no se viera. Cuando ella se subió el pullover y mostró esos pechos me estremecí. Fueron los primeros del cine nacional.
Pasó medio siglo. Las villas albergan hoy –según se las defina- a millones de habitantes en todo el país.
Políticos importantes como Daniel Scioli y Mauricio Macri han tenido expresiones públicas
que, a falta de las debidas aclaraciones, deben ser tomadas como contrarias a su existencia.
Debemos pensar, pués, en ellas.
¿Cómo nacieron, crecieron y proliferaron?
Los cientistas sociales coinciden en que se trata de un fenómeno inmigratorio.
Inmigran poblaciones rurales nacionales, bolivianos, paraguayos, peruanos.
Cuanto mas grande la ciudad, mas inmigración.
En la ciudad de Buenos Aires se produjo, desde Susana Campos a hoy, un fenómeno muy especial, único, de altísima densidad de inmigración, por las ventajas que la ciudad ofrece al recién venido. Trabajo marginal mejor pago, escuelas, hospitales, planes sociales gubernamentales, clientela política, menores costos de transporte, etc.
En San Pablo pasó lo mismo, multiplicado por cinco.
Las villas conforman un fenómeno socio-cultural especial, con una fuerte identidad.
Tomo un caso que conozco, el de la 21 de Barracas, habitada hoy por más de 30.000 personas. La mayoría es paraguaya. Sus hombres trabajan en las diversas ramas de la construcción, oficios muy bien pagados en momentos de alta demanda.
Honrando su cultura paraguaya, sincrética entre la guaraní y la jesuita, son gente profundamente tradicional, vital, alegre, humilde. Es gente de trabajo, honrada y honesta.
Pero se les engendró un epifenómeno delictivo, ligado a la droga y la banda juvenil, adentro de la villa.
La pregunta clave que hay que hacerle a Macri y Scioli es si los honestos paraguayos son culpables del fenómeno.
Si los gobiernos, de Perón y los del 55 a la fecha, nada hicieron para trazar un gigantesco plan integral de urbanización, como hizo Francia con París, no son los “culpables” principales.
Si Cavallo, que seguía un pensamiento y Menem, que no seguía ninguno, enviaron a generaciones de jóvenes y adultos a la exclusión social, juzguémoslos.
Estoy estupefacto por las recientes expresiones de Néstor Kirchner y Daniel Scioli.
Tardaron quince años en darse cuenta lo que se engendraba ?
Careta de cemento hay que tener para, ahora, culpar a los jueces !!
Basta una ley sencilla, que impida la excarcelación del reincidente, que reintroduzca la figura de la peligrosidad, que separe al delincuente precoz de su hábitat, que cree establecimientos de resocialización en serio, que separe de inmediato al juez venal o favorable, que permita a la población armarse en defensa de su vida, que persiga a la droga.
Si los Kirchner hubieran asumido el tema a fondo, debieron construir dos millones de viviendas y darle trabajo a los marginales. No hicieron nada.
Por eso las villas están y crecerán con la crisis mundial.
Respeten los políticos a la población villera y dedíquense a combatir la delincuencia.
Urbanicen, den servicios, atiendan a los villeros, respétenlos.
Intégrenlos, en serio, a la conducción política, eliminando a los intermediarios.
Si hacen algo de eso, podrán poner comisarías en las villas, que es lo necesario.
