Por Gerardo José González
Nuestros maestros de la escuela primaria definían al agua potable por sus carencias.
Hace unos años que el pensamiento nacionalista –y el progresista- vienen alertando acerca del posible saqueo de nuestra agua potable.
Los que cultivamos, mas mal que bien, el pensamiento estratégico, sentimos una atracción irresistible por el tema.
Sirve de plataforma desopilante a la presente una iniciativa de la legislatura de Santa Fe, que pide al Congreso Nacional prohiba la exportación de agua del Paraná. Al parecer, una empresa norteamericana, Makhena SA, reconoce a un matutino porteño que publicó la novedad, que opera desde 1983, coloca el agua dulce a granel en África o Medio Oriente, pagando una regalía a las provincias de la cuenca paranaense.
Un químico santafecino, el Dr. Carabajal, afirma que el agua se lleva en contenedores (?) hasta Escocia, donde la fracciona una empresa que integra la familia Bush. Añade que Makhena compró tierras estériles en Córdoba y Salta, para extraer el agua por perforación. No se aclara si esos Bush tienen parentesco con el actual presidente del país del norte. Pero finaliza categóricamente: “Se están llevando la última riqueza que nos queda”.
Dado que los científicos del mundo afirman contestes que la disponibilidad de agua potable disminuirá cada año, sería bueno que los países ribereños de la Cuenca del Plata, nos ocupemos, cuanto antes, del tema.
Propongo algunas acciones:
El agua se parece mucho al petróleo y gas.
En algunos lugares sobra y otros carecen por completo.
Tenemos la enorme ventaja del saber estratégico.
A Arabia le llevó mucho tiempo asociarse mitad y mitad con las Siete Hermanas, construir refinerías y oleoductos.
Apuremos el asunto, pongámoslo en la agenda del Mercosur ya, no sea cosa que los filibusteros y sus socios vendepatrias arreglen negocios oscuros.
El acuífero guaraní coincide, casi exactamente, con la cuenca del Plata.
Y es renovable. Hay mucho abajo porque filtra mucho desde arriba.
Y tendríamos una nueva riqueza exportable.
