UN RECURSO ESTRATEGICO INCOLORO, INODORO E INSIPIDO

 

Por Gerardo José González

 

 Nuestros maestros de la escuela primaria definían al agua potable por sus carencias.

 

Hace unos años que el pensamiento nacionalista –y el progresista- vienen alertando acerca del posible saqueo de nuestra agua potable.

 

Los que cultivamos, mas mal que bien, el pensamiento estratégico, sentimos una atracción irresistible por el tema.

 

Sirve de plataforma desopilante a la presente una iniciativa de la legislatura de Santa Fe, que pide al Congreso Nacional prohiba la exportación de agua del Paraná. Al parecer, una empresa norteamericana, Makhena SA, reconoce a un matutino porteño que publicó la novedad, que opera desde 1983, coloca el agua dulce a granel en África o Medio Oriente, pagando una regalía a las provincias de la cuenca paranaense.

Un químico santafecino, el Dr. Carabajal, afirma que el agua se lleva en contenedores (?) hasta Escocia, donde la fracciona una empresa que integra la familia Bush. Añade que Makhena compró tierras estériles en Córdoba y Salta, para extraer el agua por perforación. No se aclara si esos Bush tienen parentesco con el actual presidente del país del norte. Pero finaliza categóricamente: “Se están llevando la última riqueza que nos queda”.

 

Dado que los científicos del mundo afirman contestes que la disponibilidad de agua potable disminuirá cada año, sería bueno que los países ribereños de la Cuenca del Plata, nos ocupemos, cuanto antes, del tema.

Propongo algunas acciones:

 

  1. Que Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay acuerden un tratado de la explotación del agua fluvial y soterrada, sobre la base de la importancia de los países en los ríos.
  2. Que los cuatro países construyan buques adecuados a los diversos destinos y cantidades demandadas. Brasil y Argentina pueden.
  3. Que creen la Organización Mundial de Países Productores de Agua (OMPA), a la cual podrán sumarse otras naciones ricas en el recurso.
  4. Que la riqueza sea vendida a precios preferenciales a las naciones hermanas carentes, como Bolivia, el Norte de Chile, el sur de Perú, el Nordeste brasileño y quizá Méjico. A diferentes precios, por supuesto.
  5. Que se elabore un plan a veinte años, por lo menos, de construcción de acueductos, en el continente americano y en otros carecientes.
  6. Dado el desarrollo de nuestra petroquímica, podríamos ofrecer al mundo el producto terminado, listo para consumir. “Agua Guaraní”, podría llamarse.

 

El agua se parece mucho al petróleo y gas.

En algunos lugares sobra y otros carecen por completo.

Tenemos la enorme ventaja del saber estratégico.

A Arabia le llevó mucho tiempo asociarse mitad y mitad con las Siete Hermanas, construir refinerías y oleoductos.

Apuremos el asunto, pongámoslo en la agenda del Mercosur ya, no sea cosa que los filibusteros y sus socios vendepatrias arreglen negocios oscuros.

El acuífero guaraní coincide, casi exactamente, con la cuenca del Plata.

Y es renovable. Hay mucho abajo porque filtra mucho desde arriba.

Y tendríamos una nueva riqueza exportable.

 


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