¡2009 EN LA ARGENTINA,BIENVENIDOS AL POSTKIRCHNERISMO¡

Por Vicente Massot y Agustín Monteverde

 

 El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde

Un ejercicio anticipatorio

A esta altura del año parece conveniente hacer un análisis, esto es, un resumen y compendio, de lo que significo el 2008 en términos políticos como marco introductorio a un intento de anticipar, a grandes rasgos, el 2009.

Lo que primero se echa de ver, al respecto, es el punto de inflexión o, si se prefiere, el quiebre del proyecto hegemónico kirchnerista que tan claramente transparentó el conflicto con el campo. Nada preanunciaba, al promediar el mes de marzo, que al conjuro de esa circular 125 se iba a desenvolver desde entonces y hasta mediados de junio una disputa en la cual las relaciones de fuerza vigentes sufrirían un cambio abrupto. Al extremo de que, en un abrir y cerrar de ojos

casi, Néstor Kirchner y su mujer vieron cómo el paciente y exitoso trabajo desarrollado a partir de mayo del 2003 se venía abajo, a semejanza de un castillo de naipes. Habrá, pues, que poner especial atención en este antes y después de una pelea que el santacruceño se empeñó en dar, con resultado fatídico, hasta las últimas consecuencias.

Nada sería igual después del voto de Julio Cobos. Es que, sin escalas intermedias, habíamos pasado de la hegemonía K al poskirchnerismo, cuya sombra hoy se cierne sobre nosotros. Pero entiéndase bien, que lo expresado más arriba sea una realidad no significa que el gobierno se haya quedado sin autoridad o, menos aún, que pueda parangonarse su derrotero con la crónica de una muerte anunciada. Al kirchnerismo le sobra munición pesada para enredarse, todavía, en no pocas batallas y su líder no ha perdido ese animo confrontativo —siempre desmesurado— que lo ha hecho célebre. No es que haya cedido, de resultas de su derrota estratégica frente al ruralismo, todo su poder de fuego, como que ya no puede reivindicar con éxito el monopolio de la decisión sobre su sucesor. Sin ánimo de obrar a la manera del oráculo, se puede anticipar que en el 2011 no figurará ninguno de los dos conyugues en la fórmula presidencial peronista. Es más, ni siquiera habrá una fórmula hecha a imagen y semejanza del santacruceño.

Este dato tiene que ser complementado, como es lógico suponer, con la hecatombe económica estallada en Estados Unidos y exportada, sin solución de continuidad, al mundo en su conjunto. Bien miradas las cosas, es fácil darse cuenta de que nunca, desde el famoso viernes negro de Wall Street, en 1929, se había solapado en la Argentina una crisis planetaria con una específicamente local. Para decirlo sin cortapisas: la hiperinflación que echó por la borda al alfonsinismo y el default de la deuda en el 2001 no fueron la consecuencia de estallidos económicos que se hubieran dado en otras partes del mundo ni coincidieron tampoco con problemas mayúsculos en los principales países del planeta. Ahora, en cambio, si bien nuestras falencias en materia económica ya se hacían notar a finales del primer trimestre, cuando nadie imaginaba cuál seria el resultado de la testaruda campaña gubernamental contra el campo, la recesión mundial no ha perdonado a la Argentina.

Cualquier cuadro de situación que se intente esbozar respecto del año próximo debe partir de estos dos hechos decisivos que, sin tener nada que ver el uno con el otro en su causación, sin embargo forman parte del mismo contexto: el comienzo del poskirchnerismo tiene como telón de fondo un horizonte recesivo por un tiempo todavía imposible de determinar a ciencia cierta aquí y también fuera de nuestras fronteras. El 2009, por esto mismo, antes de comenzar su derrotero se anuncia con tintes negros: este gobierno, necesitado del poder que desplegó durante los cuatro años iniciales de su recorrido —y que ya no tiene— deberá enfrentar una crisis de descomuna magnitud no sólo en materia económica y social sino también política.El desafío sería de órdago aún si la actual administración no tuviese que revalidar sus títulos en unas elecciones legislativas cuyas repercusiones y consecuencias se extenderán hasta el 2011. Pero como en octubre se substanciarán esos comicios en todo el país, el kirchnerismo se halla en una encrucijada de difícil salida. Es que, sin viento de cola y con la diosa soja convertida en apenas concejal de barrio, el esquema montado por el santacruceño resulta insostenible en el tiempo por falta de plata. Así de simple.

Otro que no fuera Néstor Kirchner presumiblemente habría tirado la toalla y si bien ésa parece haber sido la primera reacción del ex–presidente en la madrugada del voto de Cobos, hoy su espíritu beligerante está a la orden del día. Siendo así, cuanto es menester preguntarse tiene menos que ver con la posible evolución de las cuentas nacionales, la índole de la caída de la actividad económica o la danza de candidatos que se aprestan a dirimir supremacías en octubre, que con la probable reacción del primer mandatario de hecho frente a las adversidades por venir en el curso del año próximo. No porque la economía no sea importante —lo es tanto, en estos momentos, que se ha llevado a la rastra a la política— sino porque al país todavía lo conducen los Kirchner y en buena medida del desempeño de ambos en un contexto critico, dependerá su suerte.

Nada ha cambiado en la forma de decidir políticas públicas por parte del santacruceño y aún hoy —diminuida su autoridad y sobrellevando la carga de una pesada imagen negativa a cuestas— es capaz de mantener a su tropa disciplinada. Eso preanuncia una estrategia confrontativa cada vez mayor que, de alguna manera, quedó al descubierto en el discurso pronunciado en la ciudad de La Plata, pocos días atrás. Si hubiese que calificar esa estrategia utilizaríamos una expresión que no es nueva en estas páginas: huida hacia adelante. Néstor Kirchner es consciente, a la vez, de su debilidad —comparada su actual posición con la del cuatrienio 2003-2007— y del poder que le queda.. En una palabra: aún teniendo que retroceder en su reivindicación de máxima —el proyecto hegemónico— sabe que las fuerzas a su alcance pueden permitirle obtener no pocos triunfos tácticos..

No está muerto quien pelea, podría repetir parafraseando la frase de todos conocida. Y eso es lo que piensa hacer desde ahora hasta las elecciones. Si alguien espera, en función de la gravedad de la crisis, una política de mano tendida a la oposición o una decisión de converger en algo parecido a la unidad nacional, puede desengañarse ya. El santacruceño supone que en el 2009 se juega lo que queda de su sueño continuista y la única manera de llegar al 2011 pasa por una victoria —aunque no resulte contundente— en octubre. Todos sus esfuerzos estarán dirigidos a consumar ese objetivo y difícilmente repare en medios a la hora de forjar un plan de combate. Sus criticas furibundas, lanzados al voleo, sin elegancia ninguna pero con una indisimulable carga de odio, a Cobos, Estados Unidos, el arco opositor nativo, la prensa y la derecha, entre otros enemigos que ha elegido, anticipan su campaña electoral.

Pero la cuestión de fondo a dirimirse en el 2009 nada tiene que ver con las filípicas kirchneristas sino con las decisiones que tome en medio de la adversidad. Algo desconocido para él porque desde el inicio de su carrera política, como intendente de Río Gallegos hasta sus años presidenciales, pasando por los de sus períodos al frente del gobierno de Santa Cruz, nunca tuvo que lidiar con una crisis de este calado. Nunca debió ajustar, cortar por lo sano, tomar medidas impopulares o hacer cirugía mayor. Precisamente de eso tratará la gestión de su devaluada mujer que él insiste en timonear no tras bambalinas sino a cara descubierta.

El margen de maniobra que tendrá Néstor Kirchner para manejarse se lo impondrá, le guste o no, el desenvolvimiento de la economía doméstica y mundial. Los días en que podía hacer cualquier cosa sin que sus efectos deletéreos se notasen a corto plazo, son cosa del pasado. Podrá decir lo que se le ocurra pero ya no podrá hacer lo que le venga en gana.

En el 2009, con una relación de fuerzas que nada tiene que ver con la de sus épocas de esplendor y un ánimo combativo propenso a extralimitarse, Néstor Kirchner puede perder los estribos y tensar la cuerda hasta extremos peligrosos para el gobierno de Cristina Fernández o puede ser el artífice de un sinceramiento que le haría bien a todos. Lo primero parece más probable que lo segundo, pero nunca se sabe. Feliz Navidad y hasta la primera semana de febrero.

Las perspectivas para 2009

Ø Crisis internacional: falta mucho por ver.

• Un año atrás, refutamos en este Informe la falaz —y en ese entonces tan en boga—

“doctrina del desacople”, insistiendo sobre la gravedad de la crisis y su magnitud global.

• La mayoría de los analistas había optado primero por ignorarla y luego por minimizarla, pretendiendo restringir su extensión al mercado hipotecario subprime o, en el peor de los casos, al de la economía estadounidense.

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• La sociedad debiera esperar de los analistas profesionales algo más que inteligentes comentarios sobre lo acontecido.

• Claro que así uno nunca se equivoca.

• Y si al relato se lo enfoca sobre los aspectos más favorables de la realidad, y a la vez políticamente correctos, trabajar en esto es una dulzura.

• Pero nuestro servicio sería, entonces, del todo inútil.

• Nuestra función debiera ser, en todo caso, el integrar y reinterpretar los hechos para alumbrar probables evoluciones, siempre con vistas a tomar decisiones a tiempo.

• Por eso, de la misma forma que entre mayo y julio de 2007 habíamos alertado sobre la inminencia de la crisis, en diciembre advertimos que duraría al menos dos años y que la economía real del mundo entero iba a ser alcanzada.

• Y fuimos insistentes en advertir que los commodities agropecuarios no podían salvarse del azote (nuestra última voz de alarma al respecto fue a principios de julio último).

Ø Tomando un planisferio, la marcha de crisis sigue el sentido de las agujas del reloj.

• Esto no obedece a factores geográficos sino al rol de cada región en el tren económico mundial.

• EEUU, es la locomotora indiscutible que lo impulsa: no tanto por su enorme peso relativo —algo así como el 30 % del PBI mundial y unas cuatro veces la China y la India sumadas—— sino por su condición de importador neto, demandando actividad al resto del globo.

• La UE le sigue.

• Y a continuación los países que son exportadores netos de bienes y servicios, entre los que se destacan Japón, los gigantes asiáticos, Taiwán y Corea.

• La Argentina revista como furgón de cola de este convoy. Los vagones exportadores son traccionados por la locomotora demandante.

Ø Depende, entonces, de dónde estemos ubicados para determinar qué página de la crisis nos encontramos recorriendo.

Mientras los estadounidenses ya han avanzado en los primeros capítulos y se van acercando al nudo de la obra, el sudeste asiático se encuentra aún en el prólogo.

Dato importante: Sudamérica acaba apenas de retirar el libro del estante de la biblioteca.

Falta mucho por ver.

Ø La recesión global que habíamos previsto, hoy ya está jugada.

• El desafío será hacer que el reacomodamiento —de eso se trata la crisis— dure lo  indispensable.

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• Y que no sean las acciones pensadas para recuperar la vitalidad las que pongan la economía en un coma prolongado.

Ø No tiene sentido demorarse en enumerar los componentes de un estado de situación más o menos conocido por todos, pero sí conviene tocar algunas cuestiones relevantes hacia futuro.

• Al tiempo que el déficit fiscal estadounidense se cuadruplicaba en octubre, paradojalmente el dólar registró la mayor suba mensual en 40 años.

• Los rendimientos de los bonos del Tesoro, por su parte, cayeron a mínimos de décadas. • La sorprendente apreciación de la moneda y los títulos norteamericanos obedeció al masivo proceso de desapalancamiento global, la grave iliquidez en el sistema bancario y la consiguiente repatriación de capitales.

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• Las expectativas de deflación también inciden: los precios de los bonos asumen que la habrá durante los próximos cinco años y, por ello, son los de mayor duration lo que más han subido.

• Las tasas se encaminan a niveles insignificantes, a riesgo de caer en una trampa de liquidez y dejar a la Fed sin munición adicional para estimular la economía.

• El déficit comercial ha comenzado a disminuir, de la mano de la revaluación y la caída del consumo.

• Pero el exorbitante déficit fiscal americano, con los recientes paquetes de rescate y estímulo a la economía, amenaza elevar la deuda pública al nivel del PBI.

Ø Estados Unidos ha gozado de la ventaja de poder emitir deuda a gusto, con particulares extranjeros y bancos centrales de todo el mundo dispuestos a absorberla.

Pero, aunque hoy parezca imposible, esa capacidad de colocación tiene límites.

• La deuda total —pública, corporativa y de la familias— equivale ya a cuatro veces el producto.

• Sin embargo, la reducción del déficit comercial está dejando menos divisas disponibles  en el resto del mundo.

• Divisas que, hasta ahora, han estado en su mayoría dirigidas a comprar bonos y otros activos estadounidenses.

• También la destrucción de riqueza a lo largo y ancho del globo ha devorado excedentes que se colocaban en esos papeles..

• La necesidad de fondear los diferentes programas de estímulo puede llevar a que los bancos centrales se desprendan de buena parte de sus tenencias de T-bonds.

Ø En la medida que comience a complicarse el financiamiento público, las tasas largas volverán a despegar y, en el marco de una severa depresión, la Fed podría verse obligada a monetizar deuda.

• Si eso ocurre, la percepción de dificultades para financiar el déficit fiscal y la emisión monetaria producirán una nueva desvalorización del dólar, lo que acelerará la reducción del déficit comercial.

• Ése debiera ser el momentum para el oro.

• Mientras hubiera deflación en dólares (como ya ocurrió con los commodities y seguramente se reflejará en el CPI durante 2009), el oro —nominado en la misma

moneda— se comporta como un refugio de valor imperfecto.

• Y fue arrastrado por la liquidación que hicieron los inversores de los índices y fondos de canastas de materias primas (aunque cayó menos que el resto, aumentando su precio relativo).

• La mayor penetración comercial, la sobreabundante liquidez y la recomposición de precios relativos debieran, finalmente, detener la deflación.

Ø Queda claro, pues, que resta mucho por suceder.

• Sólo cuando se empine la curva de rendimientos, y decaigan los precios de los bonos más largos en relación a los cortos, se podrá vislumbrar una salida a la recesión.

• Ése será el punto de inflexión.

Ø Las crisis son, en definitiva, la solución traumática a los desequilibrios (vg. el déficit comercial y presupuestario y el desahorro de las familias estadounidenses) y a las distorsiones de precios relativos (vg. la desvalorización del capital vs mano de obra) derivados de largos períodos de bonanza.

Ø En el plano local, la crisis internacional aún no impactó directamente en la economía real. • La ignorancia y la estulticia se dedicaron a promover la torcida visión de que lo que ocurría en los mercados “de la especulación financiera” no tenía significación bien concreta en la economía real.

• Sin embargo, el violento frenazo de la actividad local sorprende incluso a quienes alertamos sobre la amenaza de un progresivo estancamiento para este año, en los tiempos que un INDEC novelesco aún podía recitar el cuento de las tasas chinas (véase nuestro Informe del 19 de diciembre del año pasado).

Ø El cuarto trimestre cierra con una caída neta de la actividad económica y durante el año próximo la contracción podría ser superior a la que sufran los países desarrollados.

La posibilidad de revivir una pesadilla todavía fresca en la memoria de los argentinos obedece más a la esquizofrenia, y a los repetidos desatinos y atropellos del gobierno que a los rigores de la severa crisis internacional que hasta último momento éste prefirió ignorar.

Nunca se vio un gobierno que, a la vez de proclamarse keynesiano, instrumentara con tanto esmero medidas propias de un auténtico manual depresivo.

Luego de mantener políticas expansivas pese a la inflación que se desbocaba, ahora

gasta las reservas, absorbe pesos y lleva a alturas impensables las tasas de interés en el preciso momento que se derrumba la actividad económica a nivel planetario.

• Todo ello para contener la suba de un dólar que se apreció, en cambio, frente a casi todas las monedas mundiales.

• Ese mismo dólar al que durante los últimos años —a costa de inflación y gasto cuasifiscal— se lo sostuvo (nominalmente) alto mientras se desplomaba en el resto del orbe.

• En plena recesión, cuando más se necesita del crédito, se liquida con un manotazo el único mecanismo de ahorros de largo plazo: el sistema de capitalización individual.

• Mientras se declama productivismo y los commodities aún no tocan fondo — mantenemos nuestra apreciación que los precios agrícolas sufrirán recortes adicionales de al menos 25 % (respecto a valores de U$ 330 la tonelada de soja)— se asfixia a los sectores competitivos, genuinamente productivos, con un doble cepo de dólar atrasado y elevado castigo a las exportaciones.

Ø El circuito de financiamiento de las pymes se encuentra en situación desesperante. La reducción en los márgenes de descubierto está generando un default en cadena de ese segmento de empresas.

Ø La estampida de capitales provocada por la flagrante opacidad informativa y la inseguridad jurídica devoró reservas y todo el excedente de cuenta corriente del corriente año.

• Desde mayo hemos venido denunciando una oscura contabilización de las reservas internacionales.

• Éstas son artificialmente infladas con préstamos del BIS que no se informan y ventas a futuro que no se computan.

• Para hacer esto último argumentan que se trata de obligaciones exigibles en pesos, como si quienes esto aducen desconocieran que el impacto monetario es exactamente el mismo, se paguen con divisas o se cubran con emisión.

• Subsisten dudas también sobre deudas con la ANSES y otros ítems.

Ø La confiscación de los ahorros jubilatorios —siempre que no se proceda a una liquidación irracional— aportará hasta U$ 4500 MM “nuevos”.

• La liquidación de las acciones que están en las carteras administradas provocaría el derrumbe del valor de las compañías cotizantes.

• Tampoco es hoy factible liquidar los depósitos a plazo fijo, a riesgo de generar la quiebra del sistema bancario, particularmente entre las grandes entidades.

• En el mejor de los casos —y dependiendo de las decisiones del juez Griesa y otros tribunales extranjeros— sólo se podrá hacer de unos U$ 2500 MM de la venta (a mal precio) de activos externos.

• A esto se agregarían — dependiendo de la marcha de la economía en general y del empleo en particular— unos U$ 2000 MM “nuevos” de los aportes anuales de los actuales aportantes al sistema de capitalización (otros U$ 2500 MM de aportes anuales hubieran sido invertidos de todas formas por las AFJPs en bonos públicos y ya estaban asumidos como cautivos).

Ø Sobre la base de proyecciones conservadoras del deterioro que sufrirá la actividad doméstica, el superávit primario del año próximo, sin computar aquella confiscación, no superaría los U$ 6000 MM.

Ø Con vencimientos de deuda por U$ 20500 MM, al gobierno le faltarían al menos U$ 10000 MM aún computando la contrarreforma previsional, habida cuenta de la imposibilidad de recurrir al financiamiento voluntario.

• ¿Cuál puede ser la decisión de Kirchner ante semejante encerrona?

Una primera posibilidad sería obtener U$ 5000 MM “nuevos” en el primer semestre y demorar hasta después de las elecciones un default formal.

• A nuestro juicio esto es improbable: Néstor Kirchner no está dispuesto a cargar con el estigma de una declaración de default.

• Creemos que el camino elegido será echar mano a las reservas internacionales del BCRA.

Ø Y por cierto que el gobierno ya ha previó esa posibilidad.

• En la nueva ley de Presupuesto se escondió una modificación a la Carta Orgánica del Banco Central, abriéndole la posibilidad de recurrir a —qué casualidad— unos U$ 10000 MM de las reservas.

• Esto llevaría el tipo de cambio de equilibrio por encima de los $ 5 por dólar.

• Y si tomamos las reservas netas, descontando las ventas a futuro y los préstamos de corto plazo recibidos del BIS, este ratio trepa a niveles alarmantes.

• Difícilmente la Argentina pueda esquivar una crisis cambiaria; los mercados siempre se adelantan.

Ø El gobierno podrá disponer de los fondos que hasta hoy eran de los futuros jubilados, a contramano de las vanas promesas al respecto.

Para ello modificó la ley orgánica del Banco Nación, habilitándolo a prestar al gobierno hasta el 30 % de los depósitos del sector público —incluida la ANSES— para el pago de vencimientos de la deuda y obras públicas.

Ø Por supuesto que no puede descartarse una contracción aún más severa de la economía local o un deterioro brusco de la actividad económica en Brasil.

Esos eventos podrían esfumar toda posibilidad de cumplir con los vencimientos del año próximo.

Ø Resguardar la actividad económica y los niveles de ocupación resulta indispensable.

• Por eso, en este período extraordinariamente delicado para la economía, venimos insistiendo que es vital que los gobernantes de todo el mundo promuevan reacomodamientos en los precios de los diferentes sectores.

• Si los precios ajustan a la baja, la economía podrá lograr un nuevo piso de equilibrio desde el cual volver a la senda del crecimiento.

• Si los precios no lo hacen, la debilidad de la demanda se traducirá íntegramente en una s iempre trágica caída de las cantidades. • Menos ventas, menos producción, menos empleo, y su contracara: desocupación, pobreza y miseria crecientes.

• Si la Argentina redujo pobreza en estos años gracias al crecimiento del empleo, y hoy la zona de pobreza real es del orden del 33 %, ¿qué le queda si asistimos a una implosión del empleo?

Ø Para esquivar una nueva tragedia hay que incentivar y facilitar el ajuste de los precios para que éste no ocurra por el lado de las cantidades.

• Esto significa estimular a que las empresas reduzcan sus precios.

• Y alentar a los trabajadores a aceptar recortes salariales y de horas de trabajo.

• Y es indispensable que el Estado reduzca las cargas tributarias.

• Si todas las partes no colaboran en desinflar la burbuja, el colapso vendrá de todas formas en su versión más dramática, por vía de las cantidades.

Con parálisis, quiebras, desempleo y evasión en gran escala.


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