Por Miguel Angel Gutierrez
Que la globalización participa de la responsabilidad por la crisis de la economía mundial es una opinión que suscita mucho consenso entre aquellos que se empeñan en ver todo lo que pasa en el mundo como manifestación de un conflicto central entre globófilos y globafóbicos, con posiciones muy cercanas a teorías conspirativas.
En el extremo del desacuerdo se ubican las medidas de salvataje, lo que se manifiesta en los movimientos histéricos de las bolsas y operadores económicos que esperan que todo vuelva a la "normalidad".
Es difícil saber en qué acordamos -y mucho más sobre qué disentimos- pero todos sabemos que es muy difícil salir adelante mirando hacia atrás. Los gobiernos no. Ellos suelen aplicar la teoría del péndulo, buen ejemplo de los déficits intelectuales a la hora de resolver problemas cuando escalan a crisis.
Según esta insólita teoría, la solución a todo problema consiste en tomar las medidas simétricamente opuestas a las que suponemos nos condujeron al estado de cosas que pretendemos solucionar.
En un claro ejemplo de aquello contra lo que Einstein reclamaba: "Los problemas no se resuelven con el mismo nivel de pensamiento que los crearon" . Sin embargo, esto es lo que pasa con las medidas propuestas para afrontar "la madre de todas las crisis": si lo que nos condujo aquí fue el liberalismo desenfrenado, la solución puede andar por el intervencionismo descontrolado. Aun cuando con ello se salve, proteja o premie a los responsables de crisis actual.
Por otra parte, visualizar el lado de oportunidad que toda crisis conlleva, y adoptar soluciones creativas, sólo es posible si se sabe leer la dinámica de los acontecimientos, capacidad lamentablemente no disponible para quienes ven la realidad a través de anteojeras ideológicas. En un mundo globalizado todo llega a todos lados, pero no de la misma manera ni al mismo tiempo. La contracción de la demanda mundial no es igual para todos los sectores, regiones, países y aun al interior de cada uno de estos, tampoco tiene igual intensidad, ni se manifiesta simultáneamente.
¿Es lógico entonces que formulemos respuestas generales para toda la economía?
¿Está la solución en salvar las instituciones que motorizaron la situación actual, en subvencionar actividades y consumo sin ningún criterio?
Cómo se localiza lo global
La realidad económica dista de conformar una unidad homogénea. En nuestro caso, en un mismo espacio económico conviven -al menos- una economía "fiscal", una economía "negra", una economía familiar o de asistencia y una economía "digital".
Cada una de ellas involucra diferentes actores sociales y opera con criterios, valores y reglas muy diferentes. No obstante la tentación de soluciones universales ha sido invencible en la formulación de políticas públicas.
Intereses, acciones y responsabilidades son diferentes, Las manifestaciones de la crisis global (caída del precio de las propiedades, pérdidas de bancos y entidades financieras, baja generalizada de los acciones y en consecuencia del valor de las empresas, contracción de la demanda, reducción de gastos empresariales, disminución del empleo registrado, bajas de precios de la energía, minerales, productos primarios; y hasta el comercio digital) son todas manifestaciones de la crisis estadounidense que se globalizado, llegando a todo el mundo, pero no de igual modo ni al mismo tiempo.
Entre nosotros, por ejemplo, el valor de la propiedad inmueble guarda un valor cultural, y se manifestará menos y mucho más lentamente que los otros efectos.
La situación de bancos que no toman ahorros para financiar proyectos de inversión, sino para descontar cheques y otorgar descubiertos, con muy poca o nula confianza pública, ya manifiesta su precariedad con tasas muy cercanas a la inflación real.
Nuestra demanda tiene una configuración clasista, los asalariados de menor poder adquisitivo no dejan de consumir mientras conserven sus empleos, porque casi todo su gasto se destina a la supervivencia; en tanto los sectores medios y altos, con alguna o mucha capacidad de ahorro, sí disminuyen sus compras no básicas y suntuarias a la espera de mejores oportunidades.
La amenaza del desempleo tampoco es igual para todos los sectores, ni la retracción de la demanda castigará democráticamente a todos. La creación de puestos de trabajo tiene costos muy diferenciados según el sector de que se trate, un puesto de trabajo en la industria cuesta mucho más que uno en la agricultura o en sectores de las nuevas tecnologías.
Por ejemplo, a nivel internacional crear un puesto en la industria pesada cuesta alrededor de 30 veces más que un puesto en el sector informático, no obstante que la productividad de este último pueda ser varias veces superior. El mantenimiento del empleo se vincula con esta relación y con la orientación del sector de que se trate: al consumo básico o suntuario, al mercado interno o externo.
Tampoco los precios de los productos industriales, agrícolas, de servicios, digitales van a tener el mismo comportamiento, puede incluso que algunos sigan la tendencia global a la baja, aunque es seguro que nuestros empresarios sabrán eludirla. Es claro que no todos los sectores, empresas y aun unidades de negocios tienen igual productividad, ni están igualmente preparadas para afrontar la conjunción de una crisis nacional dentro de una crisis global y regional.
Ante tal panorama...
¿Descansarán los actores económicos en las políticas que desde el sector público se implementen para superar la crisis, o intentarán prever sus alcances y dar respuesta desde su propio lugar en la economía nacional?
¿Los evasores, los depositantes "off shore", los empresarios subsidio-dependientes desarrollarán repentinamente una vocación inversora y generadora de trabajo al amparo de un blanqueo de sus fondos "negros" o a más o menos grises?
Podemos intentar salir adelante, mirando hacia adelante, esto es mirando el futuro: hay posibles acciones y políticas: financiar a egresados universitarios la creación de sus propios puestos de trabajo en sectores de nuevas tecnologías, promover la formación de consorcios para exportación de servicios educativos, de salud; financiar al costo la construcción de viviendas básicas por administración; promover la exportación de productos culturales: libros, series, películas, música, juegos.
Promover la radicación de industrias digitales; desarrollar nuevos sistemas de seguridad pública en base a nuevas tecnologías y su gestión comunitaria.
Digitalizar la educación en todos sus niveles, recortar la duración de los programas de estudios en función de una selección de contenidos mínimos y del desarrollo de la capacidad de auto-aprendizaje de los propios alumnos.
Financiar con fondos públicos consorcios comunitarios de servicios básicos de agua, saneamiento, de salud, educación. Volcar el gasto público en todos sus niveles e instancias: estudio, proyecto, licitación, ejecución en portales digitales.
Se puede cambiar.
