Por Edgardo Arrivillaga.

La tormenta en un vaso de agua por la prueba nuclear de Corea del Norte hace un año -que muestras aéreas norteamericanas de reconocimiento químico autentificaron como cierta, aunque ubicándola en menos de un kilotón, o alrededor de un treintaiseisavo del poderío nuclear desatado sobre Hiroshima y Nagasaki, y sin que se sepa si el régimen de Kim Yong-il tiene los medios necesarios, misilísticos o de otro tipo, para convertir ese potencial en armamento- tuvo al menos la virtud de poner de manifiesto la emergencia de un nuevo orden internacional donde la proliferación nuclear es la norma y no la excepción en la relación entre las naciones.
Ya son nueve los países que cuentan con armamentos nucleares: Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China -las potencias nucleares admitidas como legítimas por las Naciones Unidas, y que tienen derecho a veto en las resoluciones de su Consejo de Seguridad-, Israel -no declarada-, India y Pakistán -ambos declarados- y ahora Corea del Norte. Irán se presume cerca del status nuclear, y ya se ha normalizado una situación en que las naciones miden su importancia y su prestigio por la posesión o no de la bomba. Es un nuevo juego en que las potencias "legítimas" ya se sienten autorizadas a vender tecnología nuclear a sus Estados clientes, donde los que no son clientes de nadie estarán tentados a adquirir esa tecnología por los medios que sea -piénsese, por ejemplo, en la posibilidad de una Venezuela de Hugo Chávez con armas nucleares y su impacto regional como balanceo- desbalanceo al submarino nuclear brasileño - y donde la posesión por terroristas u organizaciones no cubiertas por la formulación jurídica del Estado -Nación , de armamentos nucleares sólo puede ser cuestión de tiempo en un mundo en el que la tecnología momifica a la política de forma apabullante.
Cada 18 meses hay un chip que revoluciona los sistemas informáticos y todavía países como la Argentina discuten cosas tan inverosímiles como la reelección ,las fechas electorales o el uso irrestricto del presupuesto por parte del Ejecutivo o las sandeces que esconden los políticos locales preocupados por sus contiendas claramente municipales.
En 1999, los rivales India y Pakistán detonaron sendas baterías de armamentos nucleares como declaración de fuerza. Mas tarde Estados Unidos premió a India con acuerdos de cooperación nuclear -sin hacer lo mismo con Pakistán-, lo que fue una clara manifestación de apoyo a la nueva potencia regional emergente. O véanse los casos gemelos de Irán y Corea del Norte. Ambos países reciben la ayuda en dosis de Rusia y China, que en el Consejo de Seguridad se encargarán de vetar rutinariamente todo proyecto de resolución que amenace perjudicar seriamente las ambiciones de sus aliados. Detrás de la crisis por Corea del Norte y ahora por Irán,el Irán nuclear ,está la competencia por la hegemonía del Pacífico. China, que aspira a convertirse en una superpotencia en los próximos 25 años y la crisis mundial la ayuda objetivamente , enfila contra Japón y su propia isla independentista rebelde, Taiwán. En 2001, Estados Unidos violó su propia política a favor de "una sola China" vendiendo a Taiwán una nueva generación de destructores, lo que causó una ola de protestas de Pekín, y el refuerzo de sus maniobras navales en el estrecho de Taiwán y el relanzamiento de los astilleros navales chinos que trabajan a toda maquina repitiendo el éxito de los hindúes que forjaron la flota inglesa en los siglos XVIII y XIX y realmente nadie lo recuerda demasiado bien.
Y todo esto con el OK tácito de Estados Unidos: la primera materialización de la nueva relación entre los dos países fue el envío de tropas japonesas a Irak, ostensiblemente por propósitos "humanitarios" como si la sutil distinción entre éstos y los militares pudiera sostenerse en un escenario de guerra y genocidio y limpieza étnica en escalada creciente como el iraquí pero lo mismo ocurre simultáneamente en Alemania donde la señora Merkel envió en su momento dos escuadrillas de Tornados a Afganistán. Por los mismos motivos Koizumi jugó claramente a la apuesta norteamericana de "democratizar" a Medio Oriente por la fuerza, de una manera similar a la consumada en Alemania y en el propio Japón en el desenlace de la Segunda Guerra Mundial; pero fue una lástima que ambos olvidaran que tanto la Alemania como el Japón de la posguerra eran sociedades establecidas y racialmente homogéneas, mientras Irak era una colección de confesiones religiosas enfrentadas y de pueblos nómades que quizá sólo un dictador como Saddam Hussein o el Mariscal Tito podía mantener bajo control.
Lo cierto es que ya se están volviendo rutinarias las visitas de prominentes políticos a un templo sintoísta que venera la memoria de algunos de los peores criminales de guerra del Imperio del Sol Naciente -para desmayo de China y de las almas bellas de Occidente que creen solo en las cuotas de exportación y , que muy recientemente debió soportar una ola de manifestaciones antijaponesas más o menos espontáneas convocadas simplemente por Internet.
Una base extranjera siempre es un motivo de fricción con la población local, de lo que dan elocuente testimonio los frecuentes escándalos causados por las violaciones de mujeres locales a cargo de marines estadounidenses borrachos y demasiado viriles instalados en la base japonesa de Okinawa.
En Corea del Sur, la población también ha manifestado frecuentemente -aunque ahora menos que antes- contra las tropas estadounidenses que protegen la línea de separación de fuerzas de la Zona Desmilitarizada (DMZ) con Corea del Norte. Ambos países se encuentran bajo el llamado "paraguas nuclear" estadounidense. Pero es incierto por cuánto tiempo podrá mantenerse una estructura de seguridad basada en la relación de fuerzas del año 1945, y en el principio estratégico de que un ataque contra un aliado norteamericano llevaría a una escalada donde EE.UU. atacaría al atacante, hasta llegar a una ola de ataques y contraataques que desembocaría en la mutua destrucción de los dos países, al tiempo que las Fuerzas Armadas norteamericanas, como claramente ha puesto en evidencia la guerra en Irak, están demasiado sobreextendidas y con un despliegue de difícil rotación.Es difícil pensar que la adscripción a la NATO de un país chico sirva realmente para algo y el reciente ingreso administrativo de Francia al organismo ,militarmente ya actuaba de hecho,es un clara jugada de Sarkozy para explicar que de las cuatro grandes potencias europeas, Francia es la que ha decidido saltar el cerco de garrocha del gaullismo nacionalneutralista hacia una complementación militar con Gran Bretaña y los Estados Unidos.
Lo que lleva al problema clave, que es Irán. Potencialmente, es el proliferador más avanzado, y el principal que puede suministrar armas nucleares a la nueva estirpe de redes terroristas que lució sus laureles con los atentados del 11 de septiembre. Por cierto, no lo harán de un modo que sea irresponsable -irresponsable para los intereses nacionales iraníes, esto es-. Pero, en un momento en que los marcos regionales están cambiando de lugar -de una situación en que Irán y Siria, por su contigüidad con Irak, tenían fronteras con el ejército norteamericano, a un nuevo status donde el ejército norteamericano fue inicialmente perseguido como en Somalía por los aliados chiítas iraquíes de Irán que ayudó a favorecer en primer lugar-, EE.UU. va a tener que asumir la destrucción o redimensionamiento del poder iraní, aunque sea porque Israel,Egipto,Marruecos,El Líbano, los Emiratos y la propia Arabia Saudita en medio de un océano de islámicos jóvenes y revolucionarios , no podrán hacerlo. Aquí es donde las alianzas regionales de EE.UU. -la antigua con Israel, la nueva con India y posiblemente con los emiratos del Golfo Pérsico- empiezan a cobrar relieve.
Era una ficción,un amague y una distracción que enmascaraba el objetivo real de la operación , una batalla aeronaval de desgaste y una derrota táctica que hiciera caer al gobierno militar argentino colocando en su lugar al disciplinado señor Valdemar Alfonsin.
Ya hubo un Alfonsin -Valdemar en Irán y fue Bani Sard,tal vez algo parecido se este sondeando en torno al sector moderado iraní que irresponsablemente el gobierno kirchnerista ataca desde lo jurídico por la irresuelta masacre de la Amia.
Porque irresponsablemente? Porque una vez mas la Argentina no podrá escapar a la seducción medioriental y a sus duros contragolpes y en eso las movidas de Héctor Timerman y la expulsión del lefevrista Williams-un acto de totalitarismo ideológico de signo opuesto a lo que se pretende defender -asi como en el otro extremo las embestidas antijudias que se preparan en ámbitos montoneros cercanos a D´ E lia y a los chicos quebrachistas ponen de relieve que en el 2009-casi 2010 ya- la insularidad es una anacrónica inviabilidad en el campo de las relaciones internacionales que incluyen guerra,realidad,fantasía,acción sicológica e intereses comerciales a la vez.´En este contexto Obama ha ofrecido la paz con una masividad apabullante,pero en las relaciones internacionales es frecuente ofrecer la negociación para que esta no sea aceptada.
Brzezinsky ,que algo sabe del asunto acaba de sostener que la oferta de Obama es mas compleja que la larga negociación que permitió restablecer con un éxito económico innegable la relación con China.Los dos países tenían un enemigo común que era la URSS ,actualmente no puede decirse lo mismo de Irán si bien hay un sector de los jóvenes que observan nuevamente a Moscú como una especie de ángel tutelar.
En síntesis ,Obama quiere impulsar un cambio de régimen en Teherán presionándolo para su desarme nuclear.Se reserva ,sin embargo, la opción militar y para ello cuenta con el innegable vanguardismo militar de Israel y en ese sentido los muertos de Gaza son solo un amable postre,un gateau , de lo que puede venir mas tarde.Liquidar el incipiente poder nuclear iraní forma parte de esa estrategia que tiene como ultimo objetivo la democratización del país y en todo esto la política exterior de Obama es una curiosa dosificación del conservadorismo kissingeriano y el ímpetu revolucionario del polaco Brzezinsky.
Nada mal y bastante rápido para un líder al que se cuestionaba su falta de experiencia en las cuestiones del mundo global.
