El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde
Pobre Kirchner que hasta es criticado sin piedad por Luis D’Elía, a quien él sacó del anonimato, y ahora es posible que deba allanarse a recibirlo. Si las amenazas del piquetero hicieron mella en el gobierno, qué débil debe ser la estructura oficialista como para que el
santacruceño haya tenido que pensar seriamente en invitarlo para que no se pase a la vereda de
enfrente. En otras circunstancias cabría pensar:
pero qué le hace la picadura de un mosquito a un
tigre. En estas, en cambio, correspondería decir:
Kirchner, ¡quién te ha visto y quién te ve!
Otrora tan poderoso y omnipotente y hoy igual de mal humorado pero cada vez más solo y con
menos poder.
Sólo sus socios en los negocios públicos y sus incondicionales en la política siguen a su
lado. Por cuánto tiempo, nadie lo sabe. Algunos, eso es claro, no tienen vuelta y pueden ir presos a
la primera de cambios en el humor de los jueces —Julio De Vido y Ricardo Jaime, por ejemplo—
mientras otros que no forman parte activa de la administración, pero en menos de lo que canta un
gallo se han vuelto multimillonarios, es seguro que terminen abandonando a su jefe para arrimarse
a orillas más seguras. En eso de darle vuelta la espalda a quien los hizo jugar en las ligas mayores,
los cómplices informales de la corrupción no se andan con vueltas. Traicionan sin importarles las
consecuencias.
El kirchnerismo ha quedado reducido al segundo y tercer cordón del Gran Buenos Aires y
dependiente de la buena voluntad de los intendentes peronistas de la zona y de la imagen e intención de voto —nada desdeñables— que todavía mantiene Daniel Scioli. Si no fuese así,
carecería de explicación la estrategia electoral del Frente para la Victoria. Enterrados a perpetuidad quedaron aquellos sueños de forjar, con base en el viejo peronismo, un movimiento de centroizquierda que excediese con creces al PJ. La fantasía de que se podía domesticar al justicialismo para que aceptase, sin protestar, ser parte de una comparsa variopinta en la cual
confluirían Hugo Curto y Horacio Verbitsky, Hugo Moyano y Hebe de Bonafini, Graciela Ocaña
y Julio Pereyra, los intelectuales de Carta Abierta y los empresarios de la UIA, duró lo que el
viento de cola de la economía mundial. Deshilachada la diosa Soja y con una recesión rampante, el kirchnerismo se vino abajo como un castillo de naipes.
Por esa razón y descontando su derrota en las urnas el próximo 28 de junio, la pregunta del
millón, que todos se hacen —empresarios y sindicalistas; políticos y líderes sindicales; militares e
intelectuales; periodistas y analistas extranjeros— es la siguiente: ¿qué pasará el 29? Por supuesto
no hay respuesta a tamaña inquietud. Entre otras razones porque el futuro es, de suyo, incierto.
Hay quienes especulan con una renuncia anticipada de los Kirchner, tomando en consideración
cuál fue la reacción inicial del marido de Cristina Fernández en la, para éstos, fatídica madrugada
en la que Julio Cobos votó en contra de la circular 125. No necesariamente sostienen que vayan a
huir de noche con lo puesto, aunque insisten en comparar la derrota que le propinó el campo con la
que le propinarán las urnas.
Un segundo grupo —por llamarle de alguna manera— dejándose llevar por la gama de
recursos que ha demostrado tener, inclusive en la adversidad, el santacruceño, aduce que sería una
tontería darlo a Kirchner por muerto y enterrado en la política criolla. Piensa, por tanto, que
derrotado y todo en los comicios, el verdadero jefe del gobierno nacional no se dará por vencido y
será capaz de sorprendernos con un nuevo portento.
Hay, todavía, un tercer libreto menos extremo que el de salida anticipada y más
estructurado que el de Kirchner sacando un conejo negro de la galera del mago. Su parecer tiene
menos que ver con lo que eventualmente haga el matrimonio gobernante, si bien siempre debe
tenérselo en cuenta, que con lo que decida un peronismo deseoso de ganar en el 2011 y
convencido que el ciclo kirchnerista se halla agotado sin posibilidad de resurrección. Quienes así ,piensan no es que descarten la posibilidad de que los Kirchner partan en algún momento, antes de
cumplir en tiempo y forma su mandato, ni tampoco desconocen la posibilidad de que el
santacruceño nos deje helados con alguna de sus diabluras, pero en última instancia sostienen que
la gobernabilidad dependerá, en buena medida, de la capacidad que tenga el peronismo para
mantenerse reunido en las circunstancias críticas que nos esperan, a la vuelta de la esquina,
después de substanciadas las elecciones.
Por supuesto, hay tantas subvariantes de estas tres especulaciones futuristas que sería
imposible pasar revista a una por una hasta agotarlas. Pero, lo que demuestra tamaña proliferación
de pronósticos sobre la situación general del país con posterioridad al día 28, es el grado de
incertidumbre que ha ganado a todos. Porque si la pregunta se vertebra sobre el qué pasará, las
respuestas, necesariamente especulativas, que se escuchan, dan la impresión de que cualquier cosa
es probable en la Argentina. Cuando entre los escenarios que se imaginan hay semejante disparidad, lo que queda en claro es el grado de desorientación ambiente. Nadie sabe bien a qué atenerse y no en razón de que se avizore el caos o algo parecido. Fuera del tremendismo verbal del
santacruceño —hoy atenuado— nadie considera seriamente que vayamos a dar un salto en el
vacío.
En resumidas cuentas, no estamos parados sobre un tembladeral capaz de arrastrarnos a
una catástrofe. Estamos, sí, en territorio desconocido, a la espera de que en la madrugada del lunes
29 la situación comience a decantar y los nuevos liderazgos se recorten con alguna nitidez en el
horizonte político. No sería de extrañar que, en semejante contexto, Néstor Kirchner optase por
anticipar el llamado a elecciones presidenciales o que buscase, dejando en el camino sus
furibundas críticas al organismo internacional, un acuerdo de urgencia con el FMI para tratar de
atenuar las dificultades que deberá sobrellevar en el frente fiscal. Su margen de acción se acortará
de manera dramática una vez conocidos los resultados de los comicios y él lo sabe sin necesidad
de recordárselo. Gobernar la Argentina con su proyecto hegemónico hecho pedazos, sin la
mayoría en las cámaras, con un peronismo mirando al nuevo astro ascendente —Carlos
Reutemann— y una delicada situación económica y social, es la película que comenzaremos a ver
el 29. Hasta la semana próxima.
COMPONENTE ECONOMICO.
Blanqueo tramposo: nula despenalización cambiaria
El blanqueo de capitales marcha a un fracaso asegurado por una serie de razones
(fundamentalmente costos y penalidades subyacentes), según lo analizamos meses atrás.
Debido al apresuramiento oficial y la falta de análisis, el proyecto aprobado por el Congreso no
contempló excepciones a la ley penal cambiaria.
El gobierno ha intentado desesperadamente liberar a quienes adhieran de las responsabilidades
penales contempladas en esa ley.
Sabedor de la imposibilidad de impulsar un nuevo proyecto al respecto, el Ejecutivo requirió
infructuosamente al presidente del BCRA que elaborase alguna resolución contemplando la
requerida excepción.
Ha debido conformarse, por fin, con un arreglo a todas luces insuficiente, que busca disimular el
obstáculo.
• La fórmula que usó para enmendar la situación consistió en que la AFIP pidiera un
dictamen a la Procuración del Tesoro, a efectos de que determinase si efectivamente
la ley penal cambiaria debe o no aplicarse en los casos de blanqueo.
• Sin comprometer al directorio, la Superintendencia de Entidades Financieras del
BCRA emitió un dictamen, a requerimiento de la Procuración del Tesoro, en el que
considera que no debe aplicarse la ley penal cambiaria a quienes ingresen dinero del
exterior para beneficiarse del blanqueo.
• Lleva fecha 22 de abril y está dirigido al gerente general, H. Lacunza.
• En igual sentido se expedirá la Procuración del Tesoro.
El dictamen lleva tan sólo la firma del gerente principal Estudios y Dictámenes de la
Superintendencia de Entidades Financieras del BCRA, G. Del Mazo.
• “Sin perjuicio de la literalidad expresa del texto sancionado, la interpretación
teleológica permite fundar razonablemente que, tratándose de divisas o fondos
obtenidos lícitamente, aunque por fuera del mercado legal y regular de cambios,
éstos podrían ser repatriados o exteriorizados al amparo de la Ley 26476 sin incurrir
en responsabilidad penal cambiaria”.
• “La finalidad de orden público perseguida con tal ley impone extender por analogía
la amnistía allí establecida a las disposiciones del régimen penal cambiario ”.
• La misma superintendencia termina señalando que, sin mediar tal amnistía, “la
finalidad en que parece inspirarse el dictado de la Ley 26476 perdería todo sentido”.
Se trata de un burdo intento de modificar lo que establece la ley con dictámenes del BCRA y del
procurador del Tesoro.
• Las modificaciones a las leyes deben ser establecidas por la sanción de normas de
idéntico rango.
• No hay un sustituto alternativo: se requiere, indefectiblemente, de una nueva ley.
• Los mencionados dictámenes, por tanto, no proveen garantía alguna de indemnidad;
quienes eventualmente adhieran al blanqueo serán tarde o temprano perseguidos por
violación de la ley penal cambiaria.
En un momento se pensó que el proyecto aseguraría un ingreso de fondos superior a los U$
2000 MM.
La AFIP no ha informado aún los montos que se han acogido al blanqueo hasta la fecha.
