Por Edgardo Arrivillaga

El 13 de mayo de 1981 un terrorista turco llamado Alí Agca abrió fuego contra Juan Pablo II mientras recorría en automóvil la plaza de San Pedro.
El autor material del homicidio frustrado resultaba obvio, pero ¿quién planeó el atentado contra Juan Pablo II?
La llegada al trono papal de un cardenal polaco planteó una alteración sustancial en la dialéctica de la guerra fría. De manera casi automática y comprensible en Polonia se produjo una reacción contra el gobierno comunista que arrancaba de causas sociales, económicas y políticas pero que además encontraba aliento en el apoyo moral del nuevo papa. La hambruna del país era equivalente o peor a la ocupación nazi y los sindicatos, nucleados en torno al obrero Lech Walesa y el historiador medievalista judío Boris Geremek jaqueaban claramente al régimen. La situación amenazó con ser tan delicada que en 1979 la secretaría del partido comunista de la URSS elaboró un informe en el que se recomendaba el asesinato de Juan Pablo II. El texto se encontraba firmado, entre otros, por Yuri Andropov, jefe del KGB, y por un oscuro funcionario del área de agricultura llamado Mijaíl Gorbachov. Una especie de Guillermo Moreno soviético si entendemos al argentinocentrismo como un fenómeno universal.
Sin embargo, la URSS no podía llevar a cabo una operación que le comprometiera peligrosamente en caso de ser descubierta. Iván Lukashin, de la KGB, al que se ordenó la planificación del atentado, se puso en contacto con la DS búlgara. Ésta, verdadera sucursal de la inteligencia soviética y ejecutora del contrabando de armas, droga y automóviles en los Balcanes, debía encontrar a los asesinos y simplemente ejecutar el plan.
En 1981, la DS se puso en contacto con esta finalidad con un turco llamado Alí Agca que contaba solo veintitrés años de edad. Agca pertenecía al partido de Acción Nacional también conocido como los Lobos grises, un grupo que la prensa occidental calificaría de fascista aunque lo cierto es que se acercaba más a un nacionalismo islámico manipulado por la KGB o a lo que hoy en día sería un seguidor de Bin Ladem.
De hecho, Agca había recibido entrenamiento como combatiente en Siria con miembros del IRA, ETA, la OLP o el Frente sandinista y en 1979 había participado en el asesinato de un editor turco de carácter liberal.
De la partida era el argentino Vaca Narvaja quien luego de su paso por Nicaragua en el área de seguridad se recicló en el menenismo y ahora tiene un taller de reparación de llantas en la provincia de Buenos Aires.
Al día siguiente del atentado contra el periodista, una visión extremizada de la Ley de Medios kirchnerista, Agca había emitido un comunicado en el que amenazaba a "Juan Pablo II, jefe de los cruzados" y pudiera darse la circunstancia de que esa afirmación llamara la atención paranoica de la DS.
En julio de 1980, Agca se encontraba en Sofía donde estableció contacto con la DS y en la primavera del año siguiente recibió la orden de asesinar a Juan Pablo II entregándosele cuatrocientos mil dólares para los aspectos operacionales.La importancia de la suma señala la importancia de la operación pero también como en el caso de Kennedy la ejecución quedaba en manos de un tirador aislado y sicológicamente inestable.
Agca dedicó las siguientes semanas a recorrer Europa en un viaje de placer simulado, sin excluir España donde se le proporcionó la pistola Browning 9 milímetros de origen belga con doble seguro y retrocarga semiautomática con cremallera segura y un peso que equilibra al arma automaticamente hacia adelante ;sin necesidad de ser un tirador experimentado.
El 10 de mayo de 1981, Agca ya se encontraba en Roma. Sin embargo, a esas alturas el turco tenía serias dudas sobre el proyecto en el que se había embarcado y comenzó a temer que acabaran con su vida.El destino de Oswald lo obsesionaba.Le disparaba una alerta interna. En previsión de que sucediera tal cosa, Agca entró en contacto con la CIA y la puso al corriente de lo que iba a suceder. La CIA creyó en las palabras del turco pero le instó igualmente a que siguiera con el plan. Debía llegar hasta la plaza y así permitir que los agentes norteamericanos inculparan a la KGB pero, bajo ningún concepto, tenía que matar al Papa.
A primeras horas de la tarde del 13 de mayo festividad de la Virgen de Fátima dos turcos y dos búlgaros condujeron a Alí Agca hasta la plaza de San Pedro a fin de que asesinara a Juan Pablo II. Allí se quedó en compañía de Oral Celik, un compatriota amigo suyo. A las cinco horas, el automóvil papal pasó bajo el arco de las campanas. Se detuvo para permitir que el papa abrazara a una niña. En ese momento, desde la segunda fila, surgió una mano que apuntó rectamente sobre la multitud a Juan Pablo II y le descerrajó dos tiros
A continuación Agca intentó huir aprovechando la confusión, allí también la analogía con el asesinato de los dos Kennedy se repite- "tire a matar, arroje el arma y desaparezca rápidamente pero sin correr" es una simple instrucción de manual.
Pero una robusta monja franciscana le agarró por los brazos impidiéndole escapar y dando lugar a que otros se abalanzaran sobre el terrorista inmovilizándolo y moliéndolo a palos.
El pontífice fue conducido inmediatamente al hospital Agostino Due Gemelli donde se le renovó la sangre por temor a que los proyectiles estuvieran envenenados. Los servicios italianos sabían que el Este acostumbraba potenciar sus proyectiles con una leve patina de uranio o simplemente plomo para saturar el torrente sanguíneo e infectarlo mortalmente.Las dos balas con camisa de bronce habían circulado en torno al cuerpo de Papa como una calesita enloquecida afectándolo por lo menos en cinco órganos.
Pero ninguna de ellas llego ni al cerebro ni a la columna.
La intervención salió bien y el papa, convencido de que la Virgen le había salvado la vida, dispuso que su siguiente operación tuviera lugar el 5 de agosto, festividad de la Virgen de las Nieves. Nuevamente el papa salió favorablemente aunque antes experimentó la aflicción de contemplar cómo en el referéndum sobre el aborto tan sólo el treinta por ciento de los italianos votaba de acuerdo con sus directrices antiseculares.
Las balas del turco Acga no habían movido el amperímetro de la vocación abortista o la indiferencia de los italianos del centro y norte del país Era una caso obvio y monarquico de se " acata pero no se cumple".
Alí Agca fue juzgado el 22 de julio y condenado a cadena perpetua. Por su parte, Leonid Brezhnev, el social fascista soviético, falleció el 10 de noviembre de 1982 convencido de que resultaría imposible una victoria militar y tecnológica sobre Occidente.
El 16 de junio de 1983, Andropov pasó a ser el nuevo dirigente de la URSS ,el COMECON y del Pacto de Varsovia con el apoyo de la KGB, del Ejercito y de la cancillería dirigida por Andrei Gromyko, el hombre al cual Stalin llamaba “culo de hielo” porque podía mantener sus posiciones sentado durante 24 horas sin modificarlas un solo milimetro.Un hombre de la escuela del ex canciller Molotov, que pasa a la historia por haber inventado una bomba casera y no por su tenacidad al servicio del social imperialismo stalinista.
Este cúmulo de circunstancias iban a tener sin embargo una importancia decisiva en las ulteriores investigaciones sobre el caso.
El juez Ilario Salvatore Martella decidió en 1984 abrir juicio contra tres búlgaros y cuatro turcos con la esperanza de aclarar los elementos ocultos y contradictorios de la compleja trama pero la razón de Estado iba a prevalecer.
Tanto el esceptico y brillante Richelieu italiano Giulio Andreotti como la CIA hicieron lo posible por impedir el esclarecimiento de acuerdo por razones de estado que el Papa mismo comprendía perfectamente.
Sin embargo, el antiguo jefe del servicio secreto búlgaro Konstantin Karadhzov grabó en cinta magnetofónica una confesión en la que establecía que la KGB había planificado el atentado utilizando a la DS búlgara como correa de transmisión y a Alí Agca como simple ejecutor.
Agregó que los servicios secretos americanos estaban al corriente del asunto.
La confesión que recorrería Europa dejaba de manifiesto que todo había sido fácil porque la KGB contaba con espías en la Santa Sede-probablemente en el colegio Russicum, un refugio para católicos del Este y a la vez un centro de confluencia entre católicos y ortodoxos - tesis que sería confirmado por Boris Solomatin, jefe del espionaje soviético en Roma.
Antes del atentado circulaban murmullos extraños referidos a la biografía del Papa .Se sostenía que en realidad era hijo de un oficial de la nobleza polaca ,probablemente cierto, que había sido actor durante muchos años-cierto también - y que hasta había tenido un hijo secreto en Polonia antes de ser ordenado.Los comunistas sonreían sin decir esas cosas de forma directa u ofensiva pero ubicaban al Papa como un “ pontífice sexy” Y el órgano de desinformación era el diario Paese Sera ,un diario popular pero independiente del partido que tenía excelentes informaciones de política internacional. La sección dirigida por Augusto Livi, ex combatiente paramilitar de las guerrillas rojas toscanas, bajaba línea en el electorado comunista romano.
Quizá estas circunstancias que rodearon al atentado expliquen que, a pesar de que Ceaucescu comunicó al servicio secreto francés y al israelí –Ceausesco tenia excelentes vínculos con Israel y los países árabes a la vez - la trama en su totalidad y a su vez el servicio de documentación exterior galo la hizo saber al Vaticano, nadie tomó medidas demasiado concretas para proteger a Juan Pablo II.No hubo alerta roja.
Los datos estaban claros pero con Andropov en el poder y la posibilidad de distensión al alcance de la mano, ni Italia ni Estados Unidos deseaban que lo que se denominó "trama búlgara" saliera a la luz estropeando proyectos diplomáticos de futuro. Sin embargo, lo que tuvo lugar no fue la distensión gradualista esperada. El sistema soviético simplemente colapsó y lo hizo bajo el gobierno de Mijaíl Gorbachov, curiosamente uno de los cofirmantes del plan para matar preventivamente a Juan Pablo II.
Por esa misma época circularon fotografías del Papa en Roma en shorts tomando sol en Castelgandolfo y OP el viejo semanario de Walter Tobaggi anunciaba que los hombres sin rostros se cernían sobre el Vaticano.
Esa misma frase, los “hombres sin rostro “había sido usada de forma devastadora sobre el plano de la acción sicológica durante el cautiverio y ejecución de Aldo Moro.
Los católicos militantes creían que la frase se refería a la masonería.
Otros simplemente una metáfora referida al submundo estilizado que acompaña a los magnicidios.
El héroe de la distensión fue el hombre que cofirmó burocráticamente el asesinato del Papa.
Y como queda el asesinato de Rabin en todo esto?
Tanto Guilio Andreotti como Franceso Cossiga, hombres inoxidables de la política italiana son miembros de la realeza britanica.Los dos tienen el titulo de Barones de la Corona Windsor.
Otra coincidencia.
Ahora empiezan pulcramente los ataques contra Benedicto XVI.También algo estilizados.
Otra situación de amenaza roja pero sin rojo.
Los gemelos amamantados por una loba son simétricos pero no son religiosamente una imagen pacifista de una milenaria ciudad imperio.
