JOSE LUIS FERNANDEZ VALONI:

Una mejor relación con Estados Unidos nos pone en un mejor nivel de negociación

Por G.A.U.

El ex presidente Carlos Menem parece buscar partir de su buena relación con la dinastía Bush para formar una especie de internacional de partidos de centroderecha.
¿Cree que existe una verdadera afinidad entre el PJ y el Partido Republicano?
Hoy es difícil saber qué es el PJ. Prácticamente, desde el punto de vista emocional, una gran mayoría de la gente en la Argentina es peronista. Desde el punto de vista del alineamiento político, hay muchos peronistas en muchas partes, en todos los grupos políticos. Pero dentro del Partido Justicialista hay un fenómeno interno, de gran debate, para definir cuál sería una posición ideológica peronista del siglo XXI. Creo que si bien hoy el peronismo está formando parte de la central demócrata cristiana a nivel mundial, hay también peronistas que miran con simpatía la central liberal, y hay también quien observa el fenómeno de la tercera vía como una variante que se inserta en la vieja historia de la tercera posición. E incluso hay algunos justicialistas que han cumplido funciones de gran relieve en el gobierno de Menem, podríamos decir que simpatizan con el Partido Demócrata más que con los republicanos.
¿Por ejemplo? Podría hacer referencia a Guido Di Tella, que más de una vez explicó que el peronismo moderno --de las últimas dos décadas, digamos—era una suerte o de euro-peronismo o de Partido Demócrata de la Argentina. Pero bueno, hoy el mundo no se diferencia por lo que la gente dice sino por lo que hace, por lo que pasa. Yo creo que el peronismo como conjunto, y el PJ no tiene posibilidad alguna, de definirse por una posición internacional determinada.
¿Cree que la insistencia de Menem en hacerlo podría ahondar las diferencias que surgieron durante la interna? Creo que lo que puede ahondar las diferencias internas es la lucha por la conducción formal del partido. Desde un punto de vista teórico o ideológico, las posiciones de Menem en el ámbito internacional tienen repercusión por su gran prestigio, por las políticas que impulsó como jefe de Estado. Pero en el ámbito interno, eso no es lo que predomina en su imagen, sino su habilidad de conductor, su capacidad para generar sorpresas y su gran eficacia como dirigente político. Pero no su afección por la dolarización o el alineamiento automático con los Estados Unidos.
¿Usted cree que hubo un alineamiento automático? Me parece que en algún sentido hubo una sobreactuación. Digamos que empezó muy bien la reinserción argentina en el mundo, después de la guerra de Malvinas y la irrupción de la democracia, y el escenario mundial y la crisis interna permitieron que Menem, con su extraordinario golpe de vista, su notable audacia, logró en esa situación tan difícil poner a la Argentina en un papel de protagonista mundial. Eso tuvo dos estilos dentro del mismo esquema. Uno, primero, con el canciller Cavallo, que fue factótum de la ejecución de ese cambio de político, y que, desde mi punto de vista, encontró una forma de cumplir ese rol con un estilo y una singularidad que se perdió luego durante la gestión Di Tella.
¿Cavallo era más mesurado? ¿Quiénes?
Era más adecuado a nuestra tradición de neutralidad y a nuestra pretensión de protagonismo el estilo en la época Menem-Cavallo que en la época Menem-Di Tella. Este último fue sumamente eficaz pero hubo algunos gestos incesarios, no sólo por la terminología empleada sino hasta… bueno, me pareció totalmente innecesario salir de los No-Alineados como salimos, podríamos haber abandonado una posición tercerista en aquel momento sin ofender a quienes habían sido nuestros aliados hasta hace tan poco tiempo. Bueno, muchos países no alineados no tenían porque ser considerados violadores de los derechos humanos o contra la democracia. Países latinoamericanos que todavía están en el no-alineamiento y con quienes podríamos haber seguido en una mejor comunicación que la que tuvimos cuando decidimos romper. Por supuesto que no hablo de los países de Africa o de Asia.
¿Cuba es otro país al que se ofendió innecesariamente? No. Cuando el gobierno de De la Rúa decidió votar en contra de Cuba en la Comisión de derechos humanos de las Naciones Unidas, acción que no fue entendida ni por la UCR, fue condenada por el FREPASO, e incluso con algunos dirigentes de envergadura como Alfonsín y otros más nuevos que tienen su peso como el Jefe de Gobierno de Buenos Aires. Pero Acción por la República, a través de mi persona, presentó un proyecto de declaración en Diputados poniendo de manifiesto el temple del Dr. De la Rúa, que en ese marco de incomprensión, dio la orden a la Cancillería que consideró más representativa de los intereses nacionales y de la vocación del pueblo argentino, democrática y pacífica.
¿Eso realmente representaba intereses nacionales?
A veces uno puede coincidir en una coyuntura determinada con alguien mucho más fuerte y más poderoso que uno. No por el hecho que coincida va a estar cumpliendo instrucciones. Eso forma parte de la madurez que ya ha alcanzado nuestro país. No actúa por reflejo. Yo tengo vocación justicialista. Creo que una buena tercera posición hoy es hacer frente cada circunstancia lo que le conviene a nuestro país. Que en el mundo prevalezcan los derechos humanos y la democracia es algo que le conviene a la República Argentina. Uno tiene que tener la voluntad política de descubrir ese interés nacional aún allí donde el ruido ideológico, la vocinglería de otros intereses geopolíticos puedan arruinar un buen análisis. Esto es un avance para la Argentina. Creo que en su momento el eje Menem-Cavallo fue totalmente conveniente para la Argentina, y creo que el matiz con el que se lo hizo está más adecuado al estilo nacional y a la tradición diplomática argentina.
¿Cree que la Argentina usa su relación con Estados Unidos para revalorizarse frente a Brasil?
Es probable que sea así. Pero yo lo veo más como consecuencia de nuestras actitudes más que la búsqueda de ese resultado. Obviamente una mejor relación con Estados Unidos nos pone en un mejor nivel de diálogo para discutir, por ejemplo, el futuro del Consejo de Seguridad de la ONU o para tener una alianza extra-OTAN nos ayudaría a pertrechar nuestras Fuerzas Armadas y tener una política de defensa más acorde a un país mediano como la Argentina, que hoy está muy deteriorado en lo que hace a sus elementos de defensa, tanto del punto de vista del presupuesto asignado como del lo que realmente se otorga o se investiga o se hace con las Fuerzas Armadas. Hemos hecho un presupuesto plurianual para las Fuerzas Armadas de 3.000 millones de dólares que debe ir aumentando progresivamente en el plazo de cinco años, pero esto no se cumplió ni el primer requerimiento. Considero que en ese sentido la relación con Estados Unidos de mejor inteligencia geopolítica es una ayuda obvia. Pero eso no se hace ni contra nuestros vecinos, menos contra Brasil o contra Chile, en el sentido de que tenemos un concepto de zona de defensa en el Mercosur que nos alivia de preocupaciones de esa naturaleza, pero de todos modos hay que tener una política de defensa en proporción a los vecinos y la magnitud del país, que hoy no tenemos. En ese sentido, tener una buena relación con los Estados Unidos obviamente nos podría llegar a favorecer.
Usted en la década del 70 apoyaba la posición de los No-Alineados. En estos momentos, ¿cómo ve entonces las posiciones de Hugo Chávez, la actitud más bien intervencionista de Washington en Perú y su fuerte intervención en Colombia?
Bueno, en los años 70 había una competencia geopolítica entre dos grandes superpotencias. La teoría peronista era que era probable que llegaríamos en algún momento a una Tercera Guerra Mundial y parecía que era conveniente, desde el punto de vista de Perón y sus seguidores, adoptar una actitud intermedia. Y con la pretensión de que fuera superadora desde el punto de vista ideológico. Bueno, eso hoy en el mundo ha desaparecido. El socialismo ha sido derrotado definitivamente, al menos en términos históricos reales, y la Federación rusa no es una superpotencia militar que pueda desafiar al unilateralismo estratégico que practica Estados Unidos hoy a nivel global. De todos modos, una proyección de aquel concepto sería hoy seguir buscando el interés nacional. Venezuela sabrá --por su pertenencia a la OPEP y sus necesidades en relación al petróleo y sus pretensiones de tener un modelo nuevo--, si tiene que ir a Irak o no. Eso no es un tema que nosotros debamos ni aprobar ni desaprobar. Creemos que en este mundo moderno hay que admitir que cada Estado debe hacer para su interés nacional lo que considere más conveniente. En relación a cOlombia, realmente nosostros creemos que el problema del narcotráfico se está transformando en una gravísima amenaza para toda América Latina. Entre otras cosas, lo que pasó en Colombia es que la energía para producir droga de Bolivia y Perú fue trasladándose allí producto del esfuerzo en contra del narcotráfico que se hizo en esos países. Nosotros no quisiéramos que el esfuerzo aplicado sobre Colombia devenga en una complicación de la situación en la Argentina, que si bien no tiene las mismas condiciones geográficas y climáticas de Colombia, siempre hay un riesgo porque hay cada vez mayor tecnología y mayor evolución en lo que tiene que ver con la producción de drogas. Incluso progresan las drogas.
¿Qué es exactamente lo que se podría derramar a Argentina?
La producción. En la zona norte. Antes era un país de tránsito y ahora ha pasado a ser un país de consumo, y todo país de consumo puede ser en algún momento un país de producción. Argentina estaba lejos, no tenía riesgo, no tenía consumo, ni siquiera era un país de tránsito. Progresivamente se fue deteriorando la situación y hoy incluso nosotros no estamos mucho mejor capacitados para combatir el narcotráfico y hemos estado varios años sin defensa alguna frente al lavado de dinero, y eso ha actuado sobre toda realidad nacional. Acabamos de sacar una ley, constituyendo la Unidad para el Control Financiero, en contra del lavado de dinero, y hoy estamos en un debate --que todavía es impreciso, que recién comienza—sobre qué hacer con las Fuerzas Armadas en caso de que progrese el problema de la droga. Yo creo que en algún momento eso tendrá que ser debatido, no sobre la base de una situación cristalizada, donde por un lado tenemos poco consumo y por el otro legislación que impide empeñar las Fuerzas Armadas en la lucha contra el narcotráfico—habrá que ver como evoluciona esta situación, porque la respuesta está ligada al nivel de la amenaza, que no depende tanto de la legislación vigente. La legislación, producto de la consciencia colectiva y la representación política, irá evolucionando de acuerdo a la nueva situación.
¿El actual nivel de amenaza justifica emplear a las Fuerzas Armadas en un papel antidrogas. Creo que no. En este momento no estamos en este punto todavía.
En vista de esta posibilidad de un derrame de la droga, ¿cree que la estrategia norteamericana en Colombia es la apropiada? Si. Creemos que el gobierno de Colombia necesita apoyo para alcanzar un mayor nivel de entrenamiento militar, para impedir el avance del narcotráfico y para dificultar la relación entre la guerrilla y el narcoterrorismo. Pero este es el punto de partida. Se observará con el tiempo cómo el gobierno de Pastrana maneja esos recursos y cuál es el empleo que realiza de esa ayuda. Esta es por lo pronto y en principio económica. Pero que probablemente puede llegar a ser militar: en un primer paso por vía del entrenamiento y, si eso no da resultado, en segundo por una intervención directa.
De Estados Unidos…
Sí. Pero ése es un desafío que tiene que resolver el gobierno de Colombia. No estamos hablando de un escenario nuevo y vacío. Estamos hablando de un país con una historia de muertes, de acciones directas, de mafias enquistadas en el poder, y conectadas y ramificadas en la policía, en la política, en la prensa, y una batalla en la cual han muerto candidatos a presidentes, senadores, periodistas, jueces… A veces cuando se trata el problema Colombia se habla como si fuera un ejercicio teórico sobre hechos recientes, nuevos y obviamente complejos, pero que no tienen arraigo en una historia difícil, de enfrentamientos, muerte, sangre. Entonces me parece que esta es una situación en la cual hay que tener todos los elementos en presencia y toda esa historia para hacer observaciones sobre qué está pasando en Colombia y cómo debería actuar Estados Unidos o el resto de la comunidad internacional. Eso no quiere decir que yo no coincida con muchos dirigentes colombianos y observadores internacionales que sostienen que en la medida que Estados Unidos siga siendo el gran consumidor de drogas y no resuelva el problema del lavado de dólares con mayor eficacia, el esfuerzo en Colombia será insuficiente. Algunos dicen que será inútil, yo lo que digo es que es insuficiente. Pero en Colombia algo hay que hacer, y me parece que un presidente democrático con apoyo popular necesita el margen de acción, de respaldo, para que cumpla con su mandato popular.
¿Cómo ve la posibilidad de una intervención regional? Me parece que no están dadas las condiciones para que los países de América Latina lleguen a conformar una fuerza de paz y practiquen algunas formas de intervención en el continente.
Pero cuando surgió un caso concreto, como el de Perú, todos los países en la región excepto Canadá y Costa Rica estuvieron en contra de la posición norteamericana de aplicar sanciones contra Fujimori, precisamente bajo la consigna de la la no-injerencia…
Ese es un hecho que yo no puedo negar. Pero le podría decir que cuando ganó las elecciones Andara en Panamá y se quiso condenar el hecho post facto, fue muy difícil que América Latina admitiera la legitimidad de Andara como presidente por el hecho que hubiera ganado las elecciones. Sin embargo, ya en Nicaragua la presencia de observadores de la OEA y de otros países hermanos impuso que Daniel Ortega aceptara el triunfo de Violeta Chamorro. La línea es hacia la democratización del continente. Eso hace 20 años atrás hubiera sido imposible. Así como se avanzó en lo político, algún día se va a avanzar también en lo que hace a la extradición de los delincuentes o los genocidas y algún día se llegará a una fuerza continental. Dicho así en frío parecen imposibles, pero los procesos llegan. Nosotros en la Argentina hemos firmado el tratado sobre la corte penal internacional, algo que parecía imposible hace 30 años, ya hay un lugar, Roma y un país, Italia, que está organizando esa corte penal internacional, así como el de La Haya organiza para los derechos civiles. Hay una evolución de las cosas.
¿Cómo ve la reconversión de movimientos antes nacionalistas --como el peronismo aquí, el APRA peruano, el travalismo brasileño—a partidos que apoyan políticas de mercado y acercamiento a los Estados Unidos?
Una vez escuché de Perón una respuesta. El 1 de mayo de 1974, yo era diputado nacional, escuché que Perón comentaba que el fenómeno del universalismo era indetenible. Que los hombres habían estado siglos peleando por fronteras que sólo estaban en su imaginación. Que los temas mundiales, como el medio ambiente o el comercio, hasta de la explotación del trabajo, iban a ser problemas mundiales. La Argentina, debía prepararse para eso, y seguir el camino de la integración continental tratando de ser, decía, de seguir el ritmo del más rápido. Y aun la última defensa iba a ser cultural. Y que la única restricción a tener en cuenta en ese proceso de apertura era que la Argentina es el hogar . Frente al fenómeno indetenible del universalismo y de la comunicación universal, la única restricción es acordarse que Argentina es el hogar: uno abre las puertas, da todo, pero hay un margen de intimidad y de necesidades que no se comparten. Los matices que presenta eso es inmenso. El problema que presenta eso se resuelve por la política y no ideología.
Usted estuvo recientemente en el foro de discusión sobre el Atlántico Sur. ¿Cómo se diferencian las políticas hacia Gran Breteña del menemismo, el aliancismo, y el cavallismo, si es que el cavallismo tiene una posición definida?
Bueno, la política de lo que se llama el menemismo fue conformada durante la gestión Menem-Cavallo. A nosotros nos parece que eso tuvo una evolución vía lo que se llamó la política de seducción , que exageró la atención que se prestó a los habitantes actuales de las islas. No en el sentido del mejor tratamiento o el mayor respeto hacia ellos –actitud en la que por supuesto coincidimos—sino en que se permitió crear el modelo de que había más de dos partes en el conflicto. Cuando es esencial, por la naturaleza de los derechos argentinos y por la historia en la que se llevó adelante la disputa, que quede muy claro que son exclusivamente dos partes: Gran Bretaña y Argentina. La irrupción de un tercer elemento durante la negociación, como fue la presencia sistemática de los kelpers hace mucho ruido en general, y le permite a Gran Bretaña ganar tiempo, alargar las negociaciones y ganar tiempo. A nosotros nos parece que la vía correcta es continuar en el marco de la negociación que creó el mecanismo del paraguas, aumentar el plano de los intereses comunes, crear la mayor cantidad de vínculos entre Gran Bretaña y la Argentina, de modo tal que el problema de las Falklands (como la llaman los ingleses) sea de menor proporción en la relación bilateral,. Y no crear las condiciones para que un tercer protagonista, como sería escuchar como una parte a los kelpers, redunde en una negociación micho más difícil y mucho más compleja. Creo que en ese sentido el gobierno de la Alianza está sido más estricto, al menos la gestión de Rodríguez Giavarini muestra ese perfil. Es más estricto en proponer a Gran Bretaña que se cumplan estrictamente con la recomendación de las Naciones Unidas de que Gran Bretaña y Argentina tienen que sentarse a discutir sobre la disputa de soberanía.
¿Cree que las condiciones laborales podrían ser una excusa para impedir el libre comercio entre Estados Unidos y la Argentina? Bueno, primero tendría que ganar Gore y después ver que pasa. Si los reclamos de la AFL-CIO van a transformarse en legislación laboral. Es una hipótesis que veremos como se desarrolla. Es un riesgo.
¿Cómo ve la posibilidad de una intervención militar argentina en Colombia? No tengo un preconcepto cerrado frente al tema. Repito que la respuesta tiene que ver con el nivel de la amenaza. Si la situación de Colombia evolucionara en la mala dirección de que seguiría afectando la salud y seguridad de nuestra población, y no hubiera otra forma que ayudara a Colombia a controlar el narcotráfico en su propio territorio, y Argentina fuera requerida…
¿Por Colombia? Sí, por Colombia. Exclusivamente por Colombia.

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