¿UNA PEQUEÑA CIUDAD EN ALEMANIA?

El presente informe, producido por la Fundacion Delphos, intenta encarar desde otro ángulo la historia de los atentados y el conflicto afghano. Las coordenadas intelectuales del informe son bien precisas y si bien apuntan hacia Alemania y su vieja vocación austro-islámica,la aparición por allí y por allá del nombre de Drieu hacen pensar que los autores no han olvidado el pensamiento neoconservador aleman de preguerra -l918- aunque no dejan de reconocer que los skinheads son en esencia la caricatura de la caricatura.
De todas formas cierta rigurosidad histórica y un cierto desparpajo con el manejo de los datos así como la embozada existencia de una historia perennemente contrafáctica ,que no se resigna a a morir, hacen aconsejable su lectura. Subyace, también, un cierto tercerismo eurocentristista que nos atiborra con algunos datos historicamente ciertos y una mirada -por momentos- disléxica de la historia del siglo pasado.
Un motivo mas, para conocerlo.
 

1.- ANTECEDENTES GEOPOLÍTICOS ALTERNATIVOS

En este informe se pretende ejercer una función altamente crítica de la actual situación de política internacional, producida atrás los atentados del 11 de septiembre pasado.
Sin desdeñar en absoluto la primera interpretación, que el propio gobierno de Washington puso en circulación, o sea el ataque proviene de una línea fundamentalista" islámica, dirigida por Osama Ben Laden, y protegida por los
talibanes con sede en Afghanistan, existe otra interpretación, por ahora escondida, que responde a otra pista.
Estamos en condiciones de afirmar que las agencias de inteligencia de los EE.UU., están detrás de esta otra pista, que, a falta de mayor precisión, puede ser llamada la "pista alemana".

En los primeros días subsiguientes al atentado se supo que uno de los terroristas inmolados tenía relaciones, o habría estado en HAMBURGO.
Luego, cuidadosamente, no se insistió más sobre el particular. Algún comentarista televisivo argentino puso en duda asimismo la condición musulmana de los terroristas, a los cuales se les adjudicaba en la etapa previa al atentado haber ingerido alcohol, algo imposible para un musulmán rigorista. Quedaba abierta entonces una franja para la sospecha, pero nuestra inteligencia oficial, en exceso dependiente de las pautas fijadas por una cultura adocenada social-demócrata y repetidora de slogans internacionales no atina a forjar otra visión, cuando menos complementaria.
Pues bien: la "pista alemana"es digna del mayor interés. En efecto, ya en ocasión de los atentados a la embajada de Israel y a la AMIA-DAIA, algún que otro analista lanzó, sin mayor precisión, la posibilidad del origen neonazi
de los mismos.
Empero, toda obra de inteligencia seria debe evitar caer en simplismos y en usar, vocablos equívocos, como es el caso del "neonazismo". Estas palabras vienen inevitablemente unidas a la visión de los "skinheads" = cabezas
rapadas que hacen estragos en Europa sobre los inmigrantes orientales.
Quizá simplificando en exceso se pueda decir que, en su momento, estos cabezas rapadas, fueron un invento o se vieron favorecidos por la inteligencia inglesa. Su mismo nombre -inglés por supuesto- su orígen en pandillas del rock pesado, etc. Su mismo exceso, ofrecen solo una parodia del verdadero nacionalsocialismo histórico.

De allí la primera inconveniencia en utilizar esta nomenclatura despistadora.
La "pista alemana" es otra cosa, mucho más seria, y habría que remontarse a otro proyecto, mucho más sólido, cual fue el pangermanismo del Káiser Guillermo II. En efecto aquel pangermanismo se conectaba -vía sociedades secretas- con un cierto panislamismo. No por nada Guillermo II transigió de aliarse con la otra gran dinastía germánica de los Habsburgo de Viena, para dominar la cuenca del Danubio y desde allí conectarse con el Imperio Turco, eje por entonces del mundo islámico, y que podía atacar, desde Tierra y por la retaguardia, al imperio inglés de la INDIA.
Inclusive el Káiser no titubeó, a principios del siglo XX en proclamar que su dinastía- los Hohenzollern- eran descendientes de Mahoma (sic), y que se constituía en el protector de los millones de musulmanes del mundo turco y asiático.

Estos datos certísimos, aunque poco conocidos al presente, ponían en alerta nada menos que al gran filósofo liberal e historiador italiano Benedetto Croce.
Este entendimiento pangermánico-islámico, vía sociedades secretas de alta complejidad, pudo reactualizarse en los orígenes secretos del Tercer Reich, pero Adolfo Hitler no pudo o no quiso jugar a fondo esta carta islámica.
Estaríamos pues en otra fase, quizá la tercera de este juego estratégico de alto voltaje, por el cual Alemania -la profunda y no la de la superficie "democrática" de la segunda postguerra, hoy ya trasladada de nuevo su
capital a BERLIN, que mira a los grandes espacios orientales y no la recoleta BONN, renana, occidental y "francófila". Esta nueva Alemania en ciernes de concreción, retoma su antiguo impulso expansivo hacia el ORIENTE mágico, donde halla su verdadero "partenaire", el Islam mesiánico y el surgimiento de un nuevo Califato. Este juego pangermánico, novedoso para el momento actual, pretende asimismo no destruir a cierto EE.UU., en donde ve una raíz germánica recuperable, sino hacerlo evolucionar psicologica-culturalmente, metiendo una cuña entre Washington e ISRAEL. O sea producir un divorcio final entre la "derecha americana pentagonal" que hoy se expresa en Bush, y los intereses del sionismo duro tipo Ariel Sharon.
Por eso el instinto y el olfato inglés de Tony Blair, deudor de otra concepción y de otros compromisos (con el VATICANO pacifista), está tomando distancia de toda otra extensión del conflicto más allá de Afghanistan. Ve
el peligro de que los EE.UU. se entrampen en un Vietnam generalizado con el mundo islámico, en la zona geopolítica más explosiva del planeta.

2.- ANÁLISIS GLOBAL

El ataque perpetrado el pasado once de septiembre contra el corazón de la City neoyorkina, somete a discusión y debate los propios basamentos sobre los cuales se estructura el mundo actual, así como plantea inquietantes interrogantes sobre el futuro de la sociedad internacional. Las imágenes de destrucción y dolor -moneda corriente en el último siglo en las ciudades europeas y asiáticas, como Dresden, Hiroshima y Hanoi-, llegaron ahora a materializarse en la capital política y financiera del planeta, en una sociedad que por su
posición geográfica, recursos militares y riqueza, parecía haberse ahorrado para siempre el mal en la propia casa. Más aún después del fin del bipolarismo.
En derecho internacional, y en la conciencia de la gente, la muerte de civiles constituye un crimen de lesa humanidad, y no es de extrañar que la violencia suicida ejercida contra los símbolos de Manhattan y su saldo de
víctimas suscitaran la simpatía y solidaridad de la población mundial con el pueblo estadounidense.

La crisis y debilitamentos de los estados nacionales han postergado los conflictos clásicos entre los mismos, en aras de una línea amigo-enemigo difusa. Si antes se sabía quienes estaban de uno y otro lado de la línea
roja de conflicto, ahora el panorama internacional se presenta confuso, donde la guerra partisana y terrorista actúa dentro de las propias unidades políticas, sin discriminación de objetivos y sin una aparente central
directora.
La guerra partisana -la del que toma partido-, es ajena al derecho internacional clásico, basado en la política de los estados. Pero ahora ocurre un fenómeno inédito: la guerrilla partisana siempre se propuso tomar el poder en un estado, ocupar un gobierno, tomar una capital o "liberar" una región dentro de una nación. Ahora su teatro de operaciones es el mundo, su objetivo es enfrentar a nivel planetario a las principales potencias. No importa qué ropaje religioso, ideológico y político revistan, disputan los intereses, finanzas, droga, petróleo, etc. A los grandes países, o mejor dicho a sus corporaciones, en todo el orbe. Si los poderes indirectos son los verdaderos detentadores del poder antes que los gobiernos en Occidente y el mundo occidentalizado, el terrorismo tampoco puede ser adscripto sin más a un gobierno X. Es difícil pensar que Afganistán sea una auténtica nación o alguna vez haya sido algo más que una asociación tribal. En realidad, la red partisana terrorista internacional (Al Qaeda significa "la red") puede tener una región como base de operaciones, pero sus agentes y puntos de apoyo están en todo el mundo. Sus negocios implican también a instituciones de occidente, pues están dentro del intrincado mecanismo del dinero anónimo, electrónico y virtual.
Era absurdo suponer que, en la era de la globalización, no se globalizara también el terrorismo. A la acción del "police bombing" y de los modernos medios de control y detección satelital y aérea, que los EE.UU y la
coalición occidental ejerce sobre países y regiones disidentes o consideradas peligrosas para el sistema -caso típico Irak-, le corresponde la racción del terrorismo, dotado de modernos medios económico-financieros y
armas convencionales y no convencionales (químicas, bacteriológicas y más que probablemente nucleares), lo cual demuestra hasta qué punto el terrorismo es hijo legítimo de la globalización y del mesianismo. Por ende,
se están privatizando los conflictos en el planeta: grandes grupos económicos, militares, religiosos y políticos actúan trasnacionalmente, unos usando a potencias y naciones clásicas, otros a religiones y culturas.
Hablamos desde los grandes bancos privados de inversión -mafia financiera de guante blanco-, hasta los narcos latinoamericanos y asiáticos, la mafia rusa y oriental y, por supuesto, los talibanes.
Unos manejan ejércitos, otros guerrillas y células terroristas.
Sabido es que los EE.UU -e incluso sus aliados eurooccidentales y los rusos- no pueden ser desafiados por sus muchos enemigos del Tercer Mundo con armas convencionales -y la guerra fría demostró que un conflicto nuclear era un absurdo militar y por ende político- así que el terrorismo es la única respuesta a las políticas panintervencionistas.
Es el momento que Momssen señalaba cuando las provincias y periferias adquirieron más importancia que Roma, que Spengler apuntaba como el fin de una civilización: "política privada y de bandas caudillesca ... segunda religiosidad en reacción al craso materialismo imperante ... naciones convertidas en extensos eriales inorgánicos cosmopolitas ... impotencia del mecanismo imperial para detener a las bandas con afán de pillaje ... lenta sumersión en los estadios más primitivos de la humanidad, a pesar de una vida refinadísima".

Principal sospechoso del atentado es la red terrorista Al-Qaeda y su jefe espiritual y político, Osama Bin Laden, que opera en más de treinta países y es un claro ejemplo de la línea más dura de esta respuesta globalizada a la globalización.
Actualmente está sobre el tapete el fenómeno, pero existe también el integrismo judío y el fundamentalismo cristiano, protestante o católico. El fundamentalismo, con el pretexto de volver a las fuentes religiosas, consiste en una interpretación unilateral y tendenciosa de los textos sagrados, hasta su total tergiversación. El fundamentalismo es el bolchevismo de las grandes religiones monoteístas: llevado a su última expresión, culmina en la demonización del adversario hasta su aniquilamiento.
En su obra, ya clásica y ahora muy de moda, sobre el "choque de civilizaciones" (1996), Samuel Huntington traza un nuevo escenario geopolítico: al final del bipolarismo le sucede una multiplicidad de polos;
la política internacional se convierte en su juego de intereses culturales y religiosos, que reemplazarán a las viejas tensiones ideológicas. De aquí resulta que ambos Occidentes (Estados Unidos y Europa del Oeste) enfrentarán
peligrosas reacciones identitarias, aconsejando particularmente a los EE.UU prepararse para afrontar los nuevos desafíos. Para Huntington, el Islam es sanguinario porque "sanguinario es quien vive en su interior", y por lo tanto constituye el enemigo más serio.
Y aquí está el meollo de la cuestión. Huntington recorta civilizaciones en un mapa imaginado "a piacere". Una definición de Occidente basada en términos tan parciales y severos es una invitación al fundamentalismo antioccidental de todo tipo. Occidente es más vasto que los Estados Unidos e Israel -y aquí estriba el error del fundamentalismo islámico al confundir los términos-, así como el Islam y el mundo árabe -error de muchos occidentales- no pueden asimilarse sin más al fundamentalismo. En realidad, el Talibán es un producto del puritanismo formalista wahabita, propio de Arabia Saudita, unido a elementos preislámicos propios del área afgano-pakistana. Es ajena a la doctrina coránica los excesos formales en la vestimenta, el trato a las mujeres, etc.
Hasta el fusilamiento de televisores de los talibanes; es más, el mundo árabeislámico y su sinstituciones, como el Consejo Islámico Mundial, no incluyen al Talibán. Más bien, los musulmanes son las primeras víctimas del fanatismo religioso de corte talibanesco, que en este caso es, además un producto "golémico" del extremo occidente de la época de la guerra fría.
Los afganos son gente dura: sólo ellos se atreven a limpiar los tanques de petróleo de los ricos emiratos árabes en pleno verano, rasqueteando las paredes luego del baño de espuma detersiva, a casi 60 grados centígrados.
Son guerreros temibles: el poderoso Imperio Británico no pudo sojuzgarlos totalmente y les dio un estatuto especial; los soviéticos debieron retirarse mal del territorio a pesar de haber empleado tropas especiales y armas de gran capacidad y sofisticación. La resistencia a los rusos contó con abierto apoyo logístico de occidente; fueron los yanquis los que entrenaron con la CIA y las Special Forces a los partisanos como Bin Laden y su gente. Pero evidentamente, éstos no querían sr una simple guardia pretoriana al cuidado de la amapola, y se transformaron luego en violentos antinorteamericanos.
Una vez más, los agentes de la política yanqui se les daban vuelta.

La cuestión de la amapola no es menor. Los afganos fueron a la guerra contra el invasor soviético con la promesa occidental de brindarle infraestructura adecuada a la población y hacer negocios equitativos con ellos, y no la cumplieron. El Talibán frenó la producción de amapola, de la cual se extrae opio y heroína, sugún refinamiento, y es un negocio de miles de millones de dólares por año.

En esta mezcla de intereses y actores de todo tipo, la situación después del atentado del ll de septiembre a quién beneficia?. En primer lugar, a los halcones de todos lados. Por empezar, tanto las fuerzas armadas estadounidenses como el FBI y la CIA han visto multiplicar sus presupuestos, El argumento de la CIA es sintomático: los ultramodernos y sofisticados medios de detecci;on se han demostrado insuficientes, no pudiendo reemplazar el contacto hombre-hombre, es decir la tarea de infiltración con espías bien preparados, así que mucha mano de obra desocupada agradecida. Pero al margen de estos detalles, ahora existe trompada libre para las "derechas"de todo el planeta, unidas al mecanismo imperial americano de uno u otro modo, e incluso para quienes no lo están.
EE.UU sigue resultando extrañísimo que, con la refinada red de detección de conversaciones satelitales y su correspondiente decodificador, no se haya podido prevenir el atentado del ll de septiembre. Cierto es que se puede comunicar órdenes por medios primitivos e indetectables (Saddam usa palomas mensajeras, como en la Gran Guerra, así que las fuerzas yanquis destacadas en el Golfo deberán aprender cetrería y manejar halcones) y con claves, pero una operación semejante a gran distancia y en el corazón del mundo, es muy difícil de realizar sin que algo se sepa. La hipótesis mayor es que la CIA, FBI, Mossad, sabían que se venía un gran golpe, aunque no contaron con la magnitud y modalidad del mismo. Como en Pearl Harbour, se sabía el ataque y el lugar, y se aprovechó para consolidar el frente interno y justificar la intervención en la guerra.
Para el contribuyente americano ahora existe una adecuada justificación para el esfuerzo y sacrificio que de tiempo viene haciendo; la nueva guerra adviene en momentos en que USA está en seria recesión económica, con la tasa de desocupación más alta y recortes en las prestaciones; la movillización traerá activación, pero el costo en las libertades individuales y la censura informativa será notorio. Quien más recibió el golpe fue la globalización
financiera, los bancos privados de inversión, compañías de seguro, etc. En beneficio del mecanismo imperial y su aparato económico, piolítico y militar. Es de esperar que la derecha protestante fundamentalista americana, muy cercana al partido republicano, crezca en presencia e influencia.

Europa Occidental: Salvo Gran Bretaña, vocero y/o mandante de USA en el continente y ejemplo de la política atlantista, los países europeos, luego de algunas declamaciones vociferadas por la indignación de las imágenes del ll/9, han bajado los decibeles y se han mostrado reticentes a intervenir en la coalición punitiva -primero llamada "Justicia Infinita" y ahora "Libertad Duradera", por el tono veterotestamentario ofensivo de la primera- contra Bin Laden, Al Qaeda y el Talibán. Argumentaron que los EE.UU debían dar muestras de sus evidencias contra los acusados, cosa que Washington afirma tener sin mostrar demasiado. En caso de una operación conjunta como contra Serbia, en virtud del Art. 5 de la carta de la OTAN -asistencia y defensa recíproca en caso de ser atacado uno de sus miembros- es dudoso que exista, salvo los ingleses, un apoyo como en casos anteriores, luego del fracaso de Kosovo. En la práctica, EE.UU necesita del concurso aliado sólo para justificar su intervención sin cargar con el peso de ser único responsable, si bien amenazó con ir sin la OTAN. La línea socialdemócrata antiglobalista "blanda" (manos blancas, verdes, parisinos postumos e izquierda progresista
en general), es la gran perdedora en este caso; basta ver los argumentos de la disidencia de medios como Le Monde, etc. En este dilema. Europa aún no ha terminado de desarrollar una política independiente del capofila de occidente luego del fin del bipolarismo, y Francia es, sin duda, quien más lamenta lo inoportuno del momento.
Rusia: es un momento de gran protagonismo para Moscú, y Putin lo ha sabido aprovechar. Rusia se hace imprescindible a occidente, pues tiene la mejor inteligencia y conocimiento sobre Afganistán, por razones obvias. No sólo es una forma de revancha sobre el país que los rechazó, sino que debe existir una secreta satisfacción al ver los cuervos que EE.UU ha criado. Pero además, hay una guerra entre el Talibán y los rusos: Massud, jefe de la oposición a Bin Laden en el Frente Norte -cabeza de puente rusa en el territorio afgano, que ahora quiere compartir el atlantismo- fue asesinado por atentado por los presuntos periodistas en una base rusa cerca de la
frontera, muriendo oficiales rusos. El caso del avión derribado por un misil ucraniano sobre el Mar Negro es bastante sintomático, si bien no hay datos concretos, los chechenos realizan acciones militares a diario, y las imágenes de edificios volados son comunes a los moscovitas.

Rusia, de algún modo, en sentido dostoievskiano -"dos patrias tengo, Rusia y Europa"-, encabeza lentamente una reacción europea, y los europeos saben que deben cerrar filas con Moscú, si quieren soldar el gran espacio
euroasiático. Putin se une a EE.UU porque así comparte el espacio en cuestión, en el cual los yanquis juegan su baza.

Eurasia: el Talibán tiene la idea mesiánica de resucitar el antiguo y efímero califato de Samarcanda, uniendo a todos los ëstanes"(Uzbekistán, ksajastán, Kirguizistán, etc.), de línea turca panturánida, en oposición al juego turco que también quiere hacer lo mismo y hasta ahora fracasó, para colocar la región bajo control de la OTAN, cortando de este modo la línea Teherán-Moscú. (A lo cual chechenos y talibanes servían de punta de lanza cuando servían a occidente antes de darse vuelta).

Z. Brzezinski había sostenido un plan de expansión de la OTAN sobre Europa del Este, que culminó en la intervención en los Balcanes. Luego sostuvo que la cuestión caucásico-chechena competía también a la seguridad de USA: era una extención de la doctrina Monroe al vasto espacio euroasiático. La negativa de los ex países soviéticos y lo oposición rusa al avance de la OTAN aceleró los tiempos. El cuadrilátero Moscú-Pekin-Teherán-Dheli se estaba cumpliendo.
Rusos y chinos firmaron un histórico pacto de política común, casi una alianza, a principios de año, al cual se sumó Irán poco después. Rusia debía mediar en la cuestión de Cachemira entre indios y chinos, limando asperezas y así completar el cuadrilátero. De ese modo el corazón de la tierra se consolidaba: semejante masa es superior a cualquier atlantismo, en recursos y mercados. La nueva situación permite a EE.UU cortar una vértice del cuadrilátero, con una cuña dirigida a Afganistán. La presencia de una base angloamericana en el área amenaza a China, a Rusia y al Océano Indico, por cuyas aguas cálidas los soviéticos emprendieran la aventura afgana. La presión sobre Pakistán, la acción de fuerzas especiales yanquis e inglesas, con el indudable propósito de hacer una cabeza de puesnte y constituir una base operativa asegura esta permanencia, toda vez que desde hace unos años, el viejo partido del Congreso hindú ha sido desplazado por un partido brahamánico popular de corte antioccidental. Se hace obvia, pues la presencia rusa como copartícipe, y quizá la china aduciendo los problemas con los musulmanes del Singkiang, eventos que tienen imprevisibles consecuencias. Algunos cuadros de la CIA sostienen que detrás de los atentados recientes estaría la propia inteligencia china, en devolución de
la destrucción de su embajada -y central de inteligencia para todo el Mediterráneo- "por error" durante la acción contra Serbia.

Medio Oriente: el Estado de Israel, por sus características expansionistas, ha sido siempre un problema en el área. Ambas partes -judíos y palestinos-  tienen suficientes razones históricas para reclamar derechos. Es condición ineludible para una paz en la región la cinvivencia pacífica de israelíes y árabes. El problema de Israel es que nació póstumo: cuando el estado-nación clásico sufría el tiro de gracia en la 2ª. Guerra Mundial. Estructurado sobre el pilar fundacional de la Shoa, Israel tiene fuertes componentes teopolíticos, y ha sido apoyado incondicionalmente por USA, con quien tiene claros lazos de todo tipo. El ala dura, que lidera Sharon, se beneficia de la nueva situación internacional, aunque los moderados de Peres y Arafat han sabido moverse con prudencia encomiable. Ello no oculta el hecho que el pueblo palestino siga sufriendo violencia y muerte bajo la mirada cómplice de la mayoría de la comunidad internacional. La conferencia antirracista de Durban ha cuestionado gravemente al sionismo, piedra angular del estado judío.

Iberoamérica: la nueva situación internacional acelera los intentos de consolidación imperial estadounidense en el área: se viene una ampliación del Plan Colombia.

Con el pretexto de antender a cuestiones de seguridad nacional, los norteamericanos implementarán bases operativas en varios lugares, además de fortalecer los lazos de dependencia de los gobiernos latinoamericanos, es decir, más controles internos y fronterizos, sobre todo en zonas consideradas de riesgo (Triple Frontera, límites de Ecuador y Colombia, etc.), más ajustes para los sectores más pobres y carenciados, limitación de
las libertades individuales, sindicales y de expresión, etc. Muy probablemente se resuciten aspectos de la doctrina de seguridad nacional en versión "seguridad de bloque regional".
Al respecto, Bush aprovechará para presionar a las naciones del área para adelantar la firma del ALCA, ya que necesita unificar económicamente el área, y porqué no, resarcirse de las serias pérdidas causadas directa e
indirectamente por los atentados. En este plano, debe rodear a Brasil y limitar su capacidad de acción. Todos estos proyectos de USA se enmarcan en la operación Äguila Noble", planeada tiempo antes del atentado de setiembre y la lucha contra el terrorismo. Se trata de intervenir libremente, con los medios disponibles,
contra todo aquel poder, estado, región, grupo o persona, que vulnere los intereses de USA o sea considerado por Washington un enemigo o un problema de seguridad nacional.
En este marco, gobiernos solícitos como el argentino pueden cooperar sin más como aliados directos, otros pueden ser persuadidos, presionados o forzados a nhacerlo; de ser necesario, los yanquis pueden actuar directamente, en donde sea y como sea. En este plan, se contempla tener bases en países ämigos". En el caso concreto de Argentina, figura una en Salta, virtualmente constituída luego del ejercicio militar reciente, más otra en Ushuaia, otra en Río Negro y una isla de Entre Ríos. Tiene una doble intención, una apunta a un Brasil
siempre díscolo al ALCA, otra es asegurar -con las bases de Colombia y otra a establecerse en Ecuador-, el control del corredor "blanco" que pasa en diagonal a través del continente sudamericano. Es de esperar novedades en torno a la renogociación de la deuda externa argentina. Sólo falta entregar el control efectivo del territorio nacional.

El gobierno de EE.UU ha señalado que todo grupo armado al margen de los gobiernos democráticos puede constituir un enemigo para los intereses norteamericanos, y mencionó a las FARC, los paramilitares colombianos, etc.
Amén por supuesto, de todas las guerrillas islámicas. Resultará cualquier disidente, como los piqueteros, las movilizaciones populares, los huelguistas, también enemigos declarados de los EE.UU, es decir del mundo
libre -un término de la última guerra mundial y de la fría resucitado ahora-, y por lo tanto declarados "terroristas", colocados fuera de la humanidad y reprimidos por los gendarmes y policías con apoyo, si es necesario, de las propias fuerzas extranjeras?. Después de todo, Argentina tiene el honor de ser äliado extra-OTAN".
Teatro de operaciones: esta guerra se caracteriza por la desterritorialización. Afganistán es sólo una base de operaciones, con las características histórico-culturales y la protección geográfica que hacen posible al Talibán. Es muy dificil tomar el país con una operación aerotransportada y la acción de comandos especiales no puede asegurar el terreno. Cierto es que USA no quiere dominar el espacio sino neutralizar el Talibán y meter una base de control regional. De todos modos, sólo puede tener éxito una operación contra Afganistán si Pakistán permite el paso, y a las grandes presiones occidentales le es paralela una virtual guerra civil y una creciente animosidad antinorteamericana y antioccidental. El otro camino, más efectivo, es potenciar la cabeza de puente norte y que los mismos afganos antitalibanes retomen el país: en este caso la más beneficiada es Rusia.
El juego de Bin Laden y su línea es polarizar el conflicto entre occidente -en sentido angloamericano- y el mundo islámico en general, de modo que a las políticas bélicas de represalia y escalada le suceda un levantamiento musulmán en sentido "mahdista", como en Sudán el S,.XIX, (donde también habrá disidentes del propio occidente).
La línea dura de Washington quisiera arrasar de una vez con el Islam díscolo y ocupar posiciones en el "corazón eurasiático". Es muy posible que Israel sea el detonante, si la intifada interna contra Arafat triunfa en Palestina. Otra posibilidad es un golpe de estado en Egipto en clave fundamentalista, un endurecimiento de la política iraní, también por presión interna, incluso de la siria y hasta cambios en Turquía: depende de la magnitud y torpeza de la escalada angloamericana, por otra parte endeudada con su propio concepto taliónico de la política y la reparación del desprestigio de setiembre.

Ante situaciones similares a lo largo de siglo y medio los EE.UU siempre siguieron la política del General Sherman en la Guerra de Secesión: la aplicación de la fuerza bruta en proporciones cada vez mayores. Una sola
cosa es segura: a Estados Unidos a la cabeza, Gran Bretaña y sus aliados, se le abren muchos, demasiados frentes. Ninguna potencia, por poderosa que sea, pudo no puede violar la ley de los grandes espacios: el planeta es siempre mayor que cualquiera de sus partes. El mundo siempre va a ser más grande que USA y que quien quiera dominarlo. Los talibanes sólo pueden hacer daño sin ocupar nada, las naves yanquis e inglesas están desde hace años en el Golfo Pérsico y ninguna nave islámica está en el Caribe. Pero otra cosa es el mundo islámico, Rusia, China. Como se perfilan las cosas van a existir múltiples frentes de resistencia a cualquier intento de dominio y hegemonización, en una línea de enemistad al principio compleja y difusa pero luego más clara. El sueño globalizador fukuyamiano ha fracasado: las Torres Gemelas fueron su funeral.

Un nuevo conflicto ha estallado. Como la Segunda Guerra Mundial, ocurrió en setiembre. Entonces, la invasión nazi de Polonia -culminación del litigio por el puerto germanopolaco de Danzig- suscitó un gran debate en Europa y el mundo. Muchos pensaron que era éticamente lógico alinearse contra el agresor germano, otros, menos éticos y más realistas, sos pechaban que, en el fondo, se trataba de otro conflicto por el control del continente europeo, y no estaban dispuestos a morir por intereses que no conocían o no comprendían, o como dijo Drieu "por defender las galerías Lafayette". Fue un periodista francés, Marcel Déat, quien así lo manifestó en un clásico artículo: "Morir por Danzig?".
Para Huntington, América Latina es la menos importante de las civilizaciones del futuro, pues, hegelianamente, piensa que constituye más objeto que sujeto histórico. La Argentina -o su gobierno- ha manifestado no sólo la
"esperable" solidaridad con el pueblo estadounidense, sino que ha proclamado que en esta circunstancia no se puede ser neutral. El apoyo efectivo a las operaciones durante la Guerra del Golfo fue, virtualmente, el pretendido billete de entrada argentino al primer mundo, con las responsabilidades que ello suponía, como se comprobó trágicamente en los años siguientes, con los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA - DAIA.

Hoy, la línea de frente se presenta difusa, pasando incluso por la propia casa, Pero, a pesar de la globalización la geografía no cambia, y Kabul sigue estando más lejos de Buenos Aires que Danzig de Paris.


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