MAS ALLA DE CARLITOS WAY

por JORGE GIACOBBE.


El presente análisis sostiene que la detencion del ex presidente podría ser revelador de cambios significativos en aspectos culturales profundamente enraizados en la sociedad argentina.Mas allá de lo político,su tesis gira en torno a la necesidad social de creer en valores juridiscistas que expresen un cierto grado de neutralidad en el estruendoso fragor de la lucha política misma.Su autor -un especialista en marketing político- sugiere que hay un conjunto de argentinos que son novedosas metáforas de cazadores de watergates al acecho.


El último 7 de junio Argentina produjo un hecho inédito en su historia: por primera vez un ex presidente constitucional comparecía ante un juez que, en plena vigencia democrática, lo sometía a detención en virtud de probables ilícitudes cometidas en ejercicio de su mandato.

A partir de ese inusual acontecimiento los argentinos se agruparon espontáneamente en tres grandes segmentos de opinión que, pese a matices internos, pueden describirse de la siguiente forma: un pequeño sector de fanatizados defensores de Menem sin interés alguno por analizar las pruebas acumuladas en su contra; un pequeño sector de fanatizados celebrantes de la detención impuesta a Menem sin interés de reparar en las pruebas o circunstancias que eventualmente pudieran explicar sus actos de gobierno y un tercer sector, que ubicado en posición expectante, desea que la situación de Menem se dirima conforme a derecho, aplicándosele la condena que correspondiera en caso de merecerla o liberándolo de culpa y cargo en caso de inocencia.

Este tercer sector, mayoritario, desapasionado y expectante, está construyendo un nuevo perfil o una nueva dimensión de opinión pública, caracterizada por su imparcialidad, por su independencia y por su adhesión al Estado de Derecho.

Este mapeo sobre las primeras reacciones de la opinión pública que, en líneas generales fue la misma que eligió y reeligió a Carlos Menem con porcentualidades cercanas al 50% de los votos válidos emitidos en 1989 y 1995, permite suponer que la indagatoria y detención del ex presidente probablemente estén operando como hecho cultural de enorme gravitación social, en calidad de producir una nueva vuelta de página a la historia nacional.

Atando hechos distantes y diferentes entre sí, la comparecencia de Menem cierra una parábola judicial iniciada en 1983 con el enjuiciamiento a las Juntas Militares que prosiguió con el juicio por enriquecimiento al ex gobernador cordobés EDUARDO ANGELOZ; que persiguió al poderoso

empresario ALFREDO YABRAN; que destituyó a jueces en ejercicio como TROVATO y que ahora somete a revisión la actuación de un ex presidente.

Dicho de otro modo, aún con mayor morosidad que la requerida por la vocación social, el imperio de la justicia alcanzó durante estos años de democracia tanto a militares de máximo rango, como a caudillos políticos de gran poder regional, a poderosísimos y enigmáticos empresarios, a jueces imperfectos y extravagantes y también a un ex presidente, poniendo de manifiesto que ya no hay altura del poder a salvo de su requisitoria.

De ser así, y de ser cierto que la opinión pública acaba de descubrir que las máximas autoridades político-administrativas del Estado pueden ser alcanzables por la ley sin que ello constituya un hecho especialmente traumático para la sociedad, muy probablemente se avance hacia una nueva cultura de mayor imperio jurídico aplicable a todos los estamentos del poder en algún tiempo considerados intocables.

Los grandes hechos culturales suelen producir inmediatas modificaciones sobre la conducta de los actores sociales. No es descabellado suponer que más de un juez pueda estar pensando en desempolvar causas dormidas en sus profundos cajones, ni son difíciles de imaginar las precauciones que cada administrador político estará tomando por estas horas con referencia a los expedientes que deba firmar.

Por eso, y sólo en referencia a la posibilidad de construir un nuevo estándar de calidad y credibilidad para la justicia argentina, que Menen sea culpable de aquello que se le imputa o que no lo sea, carece de importancia.

Lo que tiene real trascendencia es que un ex presidente, la máxima escala del poder local, haya tenido que allanarse al imperio de la ley, que lo hiciera y que no haya pasado nada demasiado grave.

Probablemente de aquí en más nadie sea intocable, nadie sea absolutamente impune y todo lo sospechoso sea jurídicamente revisable. Si esta tendencia se consolida en la voluntad y en la vocación de la sociedad, viviremos otra Argentina, que casi seguramente no sea aún la deseable, pero que posiblemente esté un poco más lejos de aquella que ya no lo era.

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