ANTROPOFAGOS JUSTICIALISTAS

En la Argentina, está teniendo lugar un verdadero fenómeno de antropofagia a múltiples niveles, entre algunos de los personajes más destacados de la escena política y sin que se pueda predecir, por ahora, quien será el último en devorar a quien. Pero se trata de antropofagia política, más precisamente dentro de una formación que nunca fue famosa por la cortesía de sus internas: el peronismo. Harry realizó una investigación sobre el tema. Esto es lo que encontramos.

Por Romina Calderaro

No es seguro, pero hay posibilidades de que un descendiente del conde Drácula gobierne los destinos de los argentinos en el 2003. Ese hombre es Carlos Ruckauf, a quien Jorge Asís, "un hombre del Menem" como gusta que lo mencionen, define así: "el gobernador bonaerense es, fue y será un gran mordedor de yugulares". Dicen en las filas del PJ que la lealtad no es su máxima virtud. Otros, sin más, lo llaman traidor. Es que Ruckauf, acomodaticio, tiene una estrategia definida: se pega al político que más le conviene aquí y ahora, hasta que descubre que hay otro que le viene mejor. Y se abre. Si te he visto, no me acuerdo. Lo hizo con José Octavio Bordón, con Carlos Menem y con Eduardo Duhalde. Ahora juega con Fernando de la Rúa... hasta que decida que llegó el momento de despegarse.

Hace poco, el gobernador bonaerense le pidió a Carlos Menem que se jubile, y desató una guerra de liderazgos que recién empieza. A favor tiene su imagen positiva, el milagro político de haber llegado muy lejos y, ahora, el aparato bonaerense. Pero son muchos los que aspiran al sillón de Rivadavia, y además de Menem, tendrá que enfrentarse con al gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, y el de Santa Fe, Carlos Alberto Reutemann.

El monito de madera

Los menemistas, por estos días, dicen que nunca subestimaron a Ruckauf. "Antes de ser gobernador, fue ministro de Trabajo, diputado, ministro del Interior y vicepresidente de Menem. Es natural que, en deteminado momento, el alumno quiera superar al maestro", dice Alberto Kohan, uno de los incondicionales del ex presidente que ya está trabajando para que Menem no pierda protagonismo y pueda demostrar su liderazgo dentro del partido. El primer desafío ya está planteado: Menem y Ruckauf deberán medirse en una interna para ver quién se queda con el manejo del PJ. Coincidieron en que se haga año, aunque muchos creen que el amague es pour la gallerie, --y para los medios-- y que recién en el 2001 habrá novedades al respecto.

Ruckauf lanzó la primera piedra en un seminario que organizó Cafiero para discutir la identidad del peronismo y que quedó preso de la interna partidaria. En ese contexto, Ruckauf le pidió a Menem que se retire de la política cosa que al gobernador bonaerense no le va a resultar nada sencilla.

¿Pero quién es Carlos Federico Ruckauf, además del hombre de la sonrisa?. Hace ya mucho tiempo, en las mesas del Florida Garden, le decían "el monito de madera", en referencia a su signo en el horóscopo chino. Ahora, le dicen "Rucucu", apodo que él detesta.

El hombre admite que la temprana separación de sus padres lo marcó a fuerza. Que el modo en que lo afectó el tironeo de esas dos fuerzas en conflicto es materia de psicianálisis, pero lo cierto es que cuando eso ocurrió abandonó Ramos Mejía y partió con sus abuelos a Mar del Plata. Carlos Benedicto, el abuelo, era un tipo autoritario e hizo de él un chico ordenado, alumno del Liceo Militar. En el tercer año, Carlos Federico abandonó el cuartel por el Mariano Acosta y la Facultad de Derecho. Cursó la carrera trabajando en una compañía de seguros, conoció a María Isabel Zapatero, su esposa y actual funcionaria de la gobernación, y allí empezaron sus contactos con el sindicalismo y los jerarcas de la CGT. Durante la dictadura, fue ministro de Trabajo. Tenía 31 años, y fue por entonces cuando nació su fama de poco leal. Según los viejos peronistas, Ruckauf llegó a Trabajo al calor de la pulseada que la Patria Metalúrgica y Lorenzo Miguel Mantenían con José López Rega y María Estela Martínez de Perón. Ruckauf cruzó de vereda y se puso, por corto tiempo, a las órdenes de Isabel. Muchos años después consultado por las desleastades de "Rucucu", Duhalde admitía: "la política es así".

Después vinieron los otros cargos, y fue creciendo en política al amparo de su generosa sonrisa. Ahora, y aunque no hizo nada especialmente bueno en la provincia --los índices delictivos no bajaron, ni los de la desocupación-- el gobernador tiene una imagen positiva superior a la de Fernando de la Rúa.

Para Kohan, todavía falta. Asegura que Menem va a dar la pelea y que su imagen no está deteriorada como la gente cree. Como prueba de su teoría, ofrece una anécdota personal. "A mí me gusta la caza. Y ahora, que tengo más tiempo, viajo más seguido. La última vez fui a San Martín de los Andes. Es un viaje de más de mil kilómetros. En cada estación de servicio, en cada lugar en el que paraba para algo, pude verificar dos cosas. La primera, es que nadie me putea. La segunda, que el ochenta por ciento de la gente con la que me crucé me pregunta cuándo volvemos al gobierno". Para la chicana obvia, ¿tan rápido olvida la gente?, el ex secretario general de la presidencia tiene a mano una respuesta: "No olvida rápido. La gente extraña rápido". Y en rigor a la verdad, el gobierno de Fernando de la Rúa, por sus desaciertos, favorece constantemente las trampas de la nostalgia. A la hora de hablar de Ruckauf, Kohan advierte: "la sonrisa no es suficiente para gobernar un país".

Los yacarés no se jubilan

Sabe que lo que viene es duro, pero no lo van a jubilar tan fácil. Desde el día que fue como invitado al programa Sábado Bus, de Nicolás Repetto, y se ganó el auto después de mostrar su habilidad embocando corchitos en una copa, todo el mundi supo que Carlos Menem estába lanzado al 2003. Sus operadores ya empezaron a tantear dirigentes, organizar cenas y encuentros, pensar estrategias. Pero todavía está tranquilo. Dice Kohan, que lo conoce bien: "Menem anda como el Yacaré", y explica. "El yacaré es una especie de cocodrilito que para nada sólo saca los ojitos y la nariz. Pero está siempre listo para dar el zarpazo, y nadie sabe cuándo va a hacerlo".

"Vamos a volver a gobernar", asegura Kohan. "Si la interna es hoy, Menem la gana", especula Asís. Pero lo cierto es que todavía falta mucho. Para Asís, mucho más de lo que cree Ruckauf. Sin embargo, otro estrecho operador de Menem --que prefirió hablar off de record-- no le tiene tanta confianza a su líder. "La relación de Carlos con la gente está muy deteriorada. El se fue muy mal. Y Ruckauf es muy vivo", dice.

No todo el mundo coindice con que lo que esté en discusión sea la próxima elección presidencial. "La pelea no es por el 2003, y el gobernador no se da cuenta de eso. La pelea, en todo caso, es para el 2007. De la Rúa está haciendo las cosas bien. Mejor de lo que él mismo cree", opina. Mientras tanto, el ex presidente Menem disfruta del amor de la periodista chilena y ex Miss Mundo Cecilia Bolocco, relación con la encontró, además de placer, otro motivo más para ser tapa de revistas y rejuvenecer su imagen.

Los gobernadores "grandes"

Ruckauf es el mentado de un grupo de tres que se completa con el gobernador de Santa Fe, Carlos Alberto "El Lole" Reutemann, y con el gobernador cordobés, José Manuel de la Sota. Pero el ajedrez es complicado, porque de los apoyos de estos dos gobernadores depende también el futuro de Ruckauf y Menem. Kohan cree que no hay que subestimarlos. "Reutemann es un hombre serio, y la gente se da cuenta de eso. Y de la Sota es un hombre que está haciendo bien las cosas. Me doy cuenta porque por lo que dice la gente. Mi tía, por ejemplo, me dice: Qué bien De la Sota, bajó los impuestos". Ni Reutemann ni de la Sota, por ahora, quieren adelantar estrategias, pero Asís se anima a arriesgar para qué lado va tirar el cordobés: "De la Sota sabe que contra Menem no se puede".

De la Sota

José Manuel de la Sota es el ejemplo de la perseverancia. Se candidateó tres veces a la gobernación, y como reza el dicho, la tercera fue para él la vencida, a los 51 años y después de 16 años ininterrumpidos de esfuerzos. El primer día de gobierno tenía que ser especial y lo fue: bajó los impuestos provinciales en un treinta por ciento y otorgó una moratoria impositiva. Aumentó la jubilación mínima a 500 pesos, reabrió hospitales públicos que habían cerrado en la administración, a cargo de Ramón Mestre, e incrementó el sueldo a los docentes. Su imagen positiva trepó entonces a un 77 por ciento.

Sin ser economista, supo crear el marketing de una imagen de estadista que condiciona sus decisiones políticas a las finanzas públicas. Su esposa, Olga Riutort, cumple un rol estratégico desde la Secretaría de Gobierno. Es más, hay muchos analistas que señalan en ella a la responsable de las principales acciones políticas. Hoy, de la Sota es un referente ineludible dentro del PJ, pero no tiene ninguna intención en apurar definiciones. Sabe que su gestión es su mejor carta de presentación.

Reutemann

Un fragmento de la biografía no autorizada del "Lole" Reutemann. El conductor, registra el siguiente diálogo.

--¿Le gustaría ser presidente?
--Yo no lo pienso, vivo el momento, vivo al día. Yo me voy a equivocar muchas veces en este quilombo y la sensación que vos tenés acá, en este juego, es que no sabés lo que va a pasar en los próximos cinco minutos.

La respuesta del ex corredor de Fórmula I es toda una definición de la política y anticipa cuál será el rol del hombre fuerte de Santa fe en esta pelea por el liderazgo. El hombre sabe esperar, y aunque su vida lo tuvo acostumbrado a no marearse con la velocidad, es otro de los que no va a apresurar definiciones.

Los gobernadores "chicos"

Kohan sabe que los obstáculos son muchos. Que ningún dirigente va a regalar su apoyo porque la gente cada vez regala menos, y porque la política es la política. Está Néstor Kirchner, al que no ve con "pasta" para el 2003, pero que ahí está, en la lucha, y no le va a regalar nada a nadie, y está Juan Carlos Romero, el gobernador de Salta, "que no nos va a hacer las cosas fáciles". Pero el obstáculo mayor, Kohan lo sabe, se llama Carlos Ruckauf, el hombre de la sonrisa, ese que hace rato dejó de ser el vecepresidente del bajo perfil y la sonrisa fácil, ése que ahora lo manda a jubilar y dice que "Menem no es el PJ".

En el cierre del seminario de Cafiero, no se pudo establecer la identidad del peronismo. "Difícil tarea la de Cafiero: querer establecer la identidad de un partido que nunca la tuvo", opina Kohan. Sí, en cambio, en la sede nacional del Partido Justicisalita se desató la primera batalla de lo que será la guerra por el 2003. "Cuando un peronista empieza a atacar a otro peronista es porque se está pasando a las filas del enemigo" le contestó Menem, parafraseando a Juan Domingo Perón. La respuesta no fue todo lo dura que se esperaba.

Kohan dice que su jefe político no le dijo traidor. "Una cosa es lo que dijo, y otra la que usted puede interpretar de lo que dijo. Son dos cosas distintas". Será porque Menem, como el Yacaré, todavía anda navegando con los ojos y la nariz fuera del agua, esperando el momento para dar el zarpazo. O será como dice Asís, que jura haber aprendido mucho de política escuchando a Carlos Monzón. "El decía que la pelea dura quince rounds, y que hay que aguantar los quince; Todo un arte".

Para Kohan, Menem va a volver al poder, máxime si la Alianza sigue gobernando como lo está haciendo: "Criticaban nuestro cholulismo, el hijo de De la Rúa de gran romance con Shakira. Hablaban de la corrupción y Graciela Fernández Meijide benefició a su cuñado y a su hermana en el PAMI. Ni hablar de la situación social".

El ex secretario general de la presidencia razona, volviendo a usar a su familia como ejemplo: "Vamos a volver a gobernar porque no fuimos tan malos; No fuimos tan malos como dicen los medios de comunicación ni tan buenos y angelicales como cree mi tía, que nos idolatra". Mientras tanto, alterna la "rosca" política con los largos viajes de caza. Dice que no le molesta estar alejado de la función pública "porque antes tenía que hacer cosas que me gustaban, y de las otras, y ahora me puedo dar más gustos". Pero algo debe tener, porque él, como tantos otros que se van, quiere volver. Habrá que ver si lo logra.

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