La inclusión de Domingo Cavallo dentro de un gabinete desmembrado hasta su mínima expresión representa una refundación del gobierno con la inclusión de aliados que, individualmente, poseen menos peso electoral que la coalición triunfante en 1999, así como el debilitamiento transitorio -de los partidos que establecieron la vigencia de un pacto de gobernabilidad desde el primer acuerdo de Olivos hasta la fecha.

Masacrados los acuerdos partidarios por el despeñaderal de la crisis económica, el presidente De la Rúa intentó un giro hacia lo tecnocrático, primero con el ensayo de López Murphy, para luego llamar al verdadero ejecutor de un eventual cambio económico quién además podía otorgarle cierta credibilidad con sectores importantes del amplio frente de opciones que es hoy el movimiento peronista. Y hablar de movimientismo no es un anacronismo.

 El nuevo gabinete, con la incorporación de Acción por la República y con la virtual división, tanto del Frepaso como de la UCR, posee un sello de fuerzas en movimiento, de voluntades individuales que se nuclean en torno a fines de poder claramente autopropuestos y de ambiciones que exceden la ortodoxia de los partidos cimentada en los años ochenta. Algo nuevo parece estar en el aire, pero todavía-en verdad-no se sabe muy bien que es o que forma tendrá. Probablemente dependerá, como todas las cosas en política, del grado de su triunfo, su permanencia o su derrota. El pacto pluripartidario, que incluye a Acción por la República en su conjunto y no sólo a la solvencia técnica de un solo hombre, apunta a oxigenar a un equipo de gobierno desgastado, recuperar la credibilidad del país después del tremendo faux pas del manierismo financiero, brindado a López Murphy, manteniendo a raya, las fuerzas de izquierda dentro del propio gobierno. Separando aquellas que expresan una tercera vía eurosocialdemócrata, de otras que, como Farinello, proponen un modelo social sin anclaje mas que en la memoria de un pasado irremediablemente prehistórico.Son, en esencia, la izquierda setentista y sus íconos así como sectores del alfonsinismo irredento, mas retardatarios aún que su propio jefe.
El nuevo modelo cavallista heterodoxo aparece ante la opinión pública, después de las rigideces de Artana y Solanet como un factor de descompresión. Resta saber si los cuadros de la Fundación Mediterránea cumplirán un rol heterodoxo como el MID, en su momento, o serán una variante con mayor énfasis provincial, de la escuela económica liberal. Las versiones relativas a una renegociación con el Fondo Monetario Internacional o más directamente con los Estados Unidos a secas, así como la revisión eventual de los escalones decrecientes de la deuda externa en el largo plazo -que finalizan en el 2029- indicarían lo primero, así como el modelo de reactivación anunciado que se deshace de la ortodoxia apuntando a la liberación productiva del mercado interno mediante un recentraje de la receta teórica capitalista concentrada en los problemas argentinos a través de una sutil alquimia de limitación de importaciones, fomento del ingreso de bienes de capital y una política que pretende bajar los costos de la política, incentivar la lucha contra la corrupción y tercerizar el cobro de tributos.

Si a esto se agregara una ley antitrust y el impulso a la obra pública el verdadero rostro del programa cavallista combinaría elementos del primer Roseevelt-Teodoro-con los del segundo y nos encontraríamos con una economía a dos velocidades. Liberal capitalista pura en los sectores globalizados, pragmática y dirigista en los más desprotegidos.
Pero para que la operación de salvación nacional, como se acostumbraba decir en los gabinetes europeos de postguerra sea realmente eficaz, se debe contar con el aval del partido justicialista y de, por lo menos, tres gobernadores que gobiernan al ochenta por ciento de la población peronista del país. Carlos Ruchauf parece ser el emergente del momento y esto también podría tener su correlato en la relación de fuerzas vigente en sectores claves del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

La primera duda que surge en esta operación se refiere a las exigencias de transferencia de poderes que exigió el nuevo equipo y que hacen pensar que el verdadero objetivo cavallista era la jefatura de gabinete. En ese contexto debe interpretarse la búsqueda de un poder ejecutivo que apunta a una nueva reforma del estado y -por vía indirecta-a un intervencionismo en el organigrama gubernamental que excede ampliamente las facultades de un ministro de economía. La segunda conlleva una paradoja en si misma. El surgimiento de un virtual primer ministro, travestido de responsable económico, produce una tensión y un centro de gravedad político que se desplaza -como un imán de alta densidad-hacia las secretarias de los partidos que despedazadas en el presente, lo acosarán y medirán fuerzas en el futuro.

De esta forma el primer ministro, ya que de eso se trata, corre el riesgo de convertirse en un virtual rehén de las presidencias de los partidos a menos que logre coagular una mayoría parlamentaria propia, a veces mediante la simple abstención de las fuerzas que le dan su apoyo externo sin comprometerse con sus eventuales fracasos. Y ese parece ser el rol del peronismo, en esta instancia. En ese aspecto la crisis económica argentina se está deslizando hacia una modificación de las reglas del juego político y tal vez, de sus instituciones. Y el nombramiento de Cavallo, parece respondería la búsqueda de un liderazgo ejecutivo y decisionista que la sociedad busca para la economía y la seguridad y que ya no encontraba en los tribalismos contradictorios que rodeaban al microclima del presidente.

Cuales son los puntos débiles de este diseño y cuales son las posibilidades de enfrentar con éxito a sectores de la clase política que serán inevitablemente perjudicados?


En primer lugar el de la legitimidad del poder. Es evidente que un Cavallo vicepresidente, ungido con la renuencia del radicalismo y la abstención del peronismo hubiera tenido mayor fuerza jurídica para encarar la reforma del estado y enfrentar la inevitable rigidez parlamentaria que se hará sentir con la profundización de las reformas. En ese sentido la velocidad de la crisis anuló cualquier ingeniería legislativa catapultando al funcionario hacia una inevitable concentración de poder que se advertirá en los próximos días.

 

Otra alternativa hubiera sido la elección por vía de la asamblea legislativa o la convocatoria a elecciones de vicepresidente y renovación de cámaras simétricamente Finalmente, en este palimpsesto de fuerzas políticas que reescriben su identidad, es necesario analizar el destino del partido cavallista. Partido personalista, impregnado de caudillaje emocional, de clase media diletante y de votos que fueron oportunamente prestados por el peronismo, su crecimiento se convertirá en un artefacto que tomará la temperatura de los apoyos de la sociedad a la ejecución de los programas del funcionario. Será entonces cuando los esoterismos de la política con calendario fijo podrían estrellarse con las necesidades de la economía. Será entonces, de forma simétrica, cuando el Cavallo técnico deberá exigir su propia sucesión como Cavallo político.
Las elecciones legislativas -que determinarán el futuro equilibrio del país- están demasiado cerca.

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