LA EXTRAÑA PAREJA (Y EL TERCER HOMBRE)

Por Romina Calderaro

"Peronistas son todos", decía el general Perón. Pero las alianzas entre viejos compañeros -en este caso, Gustavo Béliz e Irma Roy- prueban ser más difíciles de lo que parecen, como si para un peronista no hubiera nada peor que otro peronista. O, parafraseando los nuevos tiempos, si para otro neoperonista no hubiera nada peor que otro neoperonista. Al margen de estas reyertas, Domingo Cavallo evidencia una ductilidad mucho mayor en las alianzas, si bien todavía no concreta la que todos esperan con el gobierno aliancista.

La cosa parecía encaminada hasta que el diablo metió la cola. Y en política, el diablo suele disfrazarse de todo tipo de problemas de cartel, discusiones en las que cada uno de los actores trata de hacer gravitar al máximo su poder real o imaginario e infinitos enojos de diferente duración. Irma Roy, líder de PAIS, y Gustavo Béliz, titular de Nueva Dirigencia, estaban pensando en aliarse para las elecciones del año próximo. Peronistas al fin, los entusiasmó la idea de recuperar algo del desvastado territorio del PJ Capital. El problema surgió cuando alguno se fue de boca y le sugirió a un periodista que Béliz encabezaría la lista de candidatos a senadores y Roy haría lo propio en la lista de diputados. Cuando ese día la señora leyó el diario, se enfureció. Dijo que nadie la había consultado y además empezó a quejarse de lo difícil que era hablar personalmente con Béliz y a quejarse de tener que estar siempre hablando con sus operadores y no con el dueño del circo. Ahora, la gente de ambos partidos está tratando de calmar los ánimos para recomponer la relación. Habrá que ver si lo logran.

Roy y Béliz ya habían estado juntos una vez, pero ella se terminó yendo. Fue en las elecciones porteñas, cuando todo el mundo pensaba que Béliz competiría con Aníbal Ibarra y con Domingo Cavallo. Pero un buen día, la tapa de los diarios le dio otra noticia a la ex esposa de Osvaldo Papaleo: Béliz y Cavallo, que estaban peleados a muerte --basta recordar que el líder de Nueva Dirigencia dijo que Cavallo era capaz de vender a su madre por un poco de poder--, había decidido enfrentar juntos las elecciones porteñas con una alianza claramente electoralista llamada Encuentro por la Ciudad. Entonces Irma dio el portazo. Todo el mundo sabe que nunca soportó a Cavallo, y así es como decidió crear PAIS y enfrentar sola la campaña. Mal no le fue: logró meter, en total, cuatro legisladores propios.

Ahora que la Alianza Béliz-Cavallo está desdibujada, y que Cavallo apoya al gobierno mientras Béliz no hace más que sostener que el rumbo es equivocado, los operadores de Roy y Béliz comenzaron una campaña de acercamiento que iba bien hasta que alguien habló de candidaturas. Y hasta hoy siguen midiéndose en ese terreno. "Fue un error hablar de candidaturas prematuramente, pero me parece lógico que se haya hablado de Gustavo senador e Irma diputado. Nosotros somos una fuerza mucho mayor que ellos, que recién empiezan", dijo un operador de Nueva Dirigencia que pidió reserva de su nombre. En las tiendas de Roy no sólo relativizan ese argumento, sino que se quejan de la manera en que Béliz maneja las cosas en su partido. "Es imposible hablar con él, que es una especie de Dios. Hay que estar todo el tiempo en contacto con los tipos de abajo y eso a Irma le revienta", confió un operador de PAIS. "Irma es la mujer más buena del mundo, pero a ella no le gusta que le manden emisarios. Quiere hablar con Beliz", agregó.

Pese a las críticas mutuas, hay un nuevo intento de acercamiento entre Béliz y Roy. La primera semana de diciembre, Béliz fue junto al padre Luis Farinello a la presentación de un libro de cuentos solidarios que escribió un chico de PAIS. Y ahora ninguno de los dos quiere hablar de candidaturas. Béliz está especialmente susceptible con el tema, y le advirtió a su plantel de colaboradores que ni se les ocurra dejar trascender nada que pueda ofender a la Roy o a cualquier persona a la que estén pensando sumar. Roy, por su parte, dice que "la gente no quiere escuchar hablar de cargos porque la está pasando muy mal y no quiere saber nada con los políticos y menos con nuestras internas". Y su planteo no es insensato.

No es menos insensato el planteo de los cavallistas. Divididos por su colaboración responsable con el gobierno, en el cual no creen demasiado, la existencia del partido se ha convertido --de forma paradojal-- en el obstáculo principal para la integración de Cavallo en el gabinete. Ocurre que Cavallo aspira a ser el Erhard argentino --una especie de de la economía-- capaz de aglutinar a liberales, demócratas cristianos y justicialistas a fuerza de prepotencia, de trabajo y prestigio internacional. Pero ese mismo pluripartidismo en el cual pululan liberales ucedeistas, ex miembros fundadores del Comando Tecnológico Peronista, el hijo del propio Salvador Busacca y el mismo Santiago de Estrada, son los límites para la colaboración táctica con el gobierno delarruista.

La interna telefónica con Béliz le hizo soñar a Cavallo con un futuro tecnológico, con prescindencia de las estructuras partidarias y el centro de gravedad basado en su propia ejecutividad personalista. Luego, cuando el jovencito católico, arquetipo de los yernos de todas las madres, siguiendo tácticas puramente administrativistas, copó cargos esenciales del gobierno de la Ciudad, Cavallo advirtió que el poder en la política argentina ya no es más unipersonal, y que con un Perón a lo largo de un siglo había bastado. Bastado, y en términos de liderazgos carismáticos invenciblemente longevos, sobrado.

Pero en este azaroso menage a trois de neoperonistas las apuestas son distintas. Irma es una meritoria del peronismo histórico, aliada circunstancialmente con cuadros bordonistas o con operadores tan hábiles como Carlos Campolongo, también de extracción demócrata cristiana, antes de pasarse al justicialismo en tiempos duros. Béliz ,por su parte, aspira a ser una mezcla de Walesa y Aznar, y a erigirse en el contrapoder católico de una clase media empobrecida por el desmantelamiento del Estado y los cambios bruscos de valores. Se reconoce, instintivamente, en los criterios gallardos de la tradición y del pasado, aunque no quieren ser ni Haider ni Berlusconi.

Los ojos helados de Cavallo apuntan a cerrar el ciclo capitalista de la Argentina posmoderna, y no vacilaría en aliarse con los enemigos de ayer para cumplir sus objetivos. En eso su apoyo al blindaje --al que ha aportado algunas ideas (cuadros de su tropa ya están en el ANSES)-- es, muy probablemente, el último ensayo de un Cavallo externo a la conducción del Estado. No era demasiado diferente ni enigmático el Perón del 43,quién bajo el rótulo de "laboristas", aglutinaba a socialistas, conservadores populares y católicos de cepas varias.

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