UN LIBRO CONTRA LA DOCTRINA BALZA

Martín Balza es el general progresista por excelencia: nunca estuvo en ningún lado ni en ninguna parte. La antítesis de esa sustracción puede ser Por Amor al Odio, de Carlos Manuel Acuña, primer tomo sobre la lucha armada en la Argentina. Llegando hasta 1973, su libro describe con implacable detalle la teoría y la práctica de las organizaciones armadas (muchas ahora olvidadas) que surgieron de la sociedad civil para derrocar el orden establecido. Así, revela un factor olvidado de la militarización de la vida política en esos años cuando el paradigma del cambio social para la intelectualidad argentina era lograr la eficiencia operacional de un soldado de infantería.

El libro político más interesante y –por qué no decirlo- subversivo, aparecido en 2000 es Por amor al odio, una pormenorizada recreación de los años duros, violentos, paradojales, que se iniciaron en la década del sesenta, aproximadamente, y culminaron con la toma del poder por el camporismo militante. Su autor es Carlos Manuel Acuña, un periodista profesional y un conservador en lo político (raza extinguida en la Argentina) que se ha propuesto escribir de alguna forma Las otras tablas de sangre a la manera de Rivera Indarte o la historia mas dura, secreta de la insurrección revolucionaria en la Argentina, contradiciendo la visión ahora oficial y postmoderna cimentada en el filantropismo y la benevolencia hacia la sangre derramada. Esta "visión" --que hubiera sido fusilada sin contemplaciones en los setenta, por los propios fierreros a los cuales hoy admira onanisticamente-- es heredera de las columnas europeas que en los 50 marchaban por la paz , con la dura paloma de Picasso en su frente y la certeza de tener los tanques soviéticos a sólo quinientos kilómetros de París. Ya que esos tanques, al menos filosóficamente, eran sus tanques. O por lo menos, así lo creían...

El libro de Acuña molesta y fastidia. Molesta porque recuerda cosas tan ingenuamente desaprensivas como el Programa de Huerta Grande- una impecable propuesta de colectivización que se edificó en esos paraísos del crecimiento democrático que fueron Laos y Camboya-, rememora las fintas de John William Cooke para instalar a Perón en Cuba o el Este europeo y nos apabulla con el proliferar de organizaciones revolucionarias engendradas por aquellos años. . También tiene la mala costumbre de recordarnos a los muertos y a muertos que recorrieron transversalmente a toda la sociedad argentina, pese a que con mayor o menor unanimidad las organizaciones fingían combatir por el pueblo, por la gente, y por una noción de potencia oblicua y virreinal que recordaba la decadencia del hidalgo español, ése que solo podía existir como cura o guerrillero. Versiones modernas del viejo ordenamiento feudal y de gran parte de la guerrilla campesina latinoamericana. También, el libro rememora los tics de una generación que había leído superficialmente a Gramsci y a Lukacs pero asimismo a Primo de Rivera y tantos otros, y la memoria del autor nos hace reaparecer palabras que creíamos olvidadas. Palabras como territorio, terreno, bloques, regiones, adversario, enemigo, oponente, todas metáforas melancólicas que ya marcaban la implacable militarización de la política mediante amables pulsiones de violencia que venían, en su mayor parte, del mundo civil. Civiles eran los comandos de l955 que mataban policías, civiles disfrazados eran los Montoneros y paramilitares del subdesarrollo eran los militantes del ERP, y es bastante curioso constatar cómo lo mejor de la intelectualidad argentina aspiraba a tener la eficiencia operacional de un soldado de infantería como paradigma del cambio social. Evidentemente, algo había fallado, y las desestructuraciones institucionales habían organizado una contracultura rudimentaria y paleolítica. Aunque --desde luego-- efectiva para matar. Y de eso se trataba.

Lo mejor del libro de Acuña es la contracara de la moneda que ataca desde el plano de la ideología. Las peregrinaciones de Guevara para instalar un santuario revolucionario, el miedo y la tensión de los hombres que advertían el carácter suicida de la empresa y hasta el carácter duro, implacable, fascista para los parámetros de la izquierda travestida de hoy en día, del propio Ernesto Guevara De la Serna Lynch, son más elocuentes que el encuadre geopolítico -ya por todos conocido-. Es que cuando el Muro se derrumbó su mampostería reveló algunos enclaves de eficiencia: la escuela de revolucionarios de Praga, el turismo-aventura -Kalashnikov mediante-propuesto por los cubanos con el objetivo de recrear impensables arrecifes entre universitarios y masas aculturalizadas en la mayor parte de los países latinos, asiáticos y africanos. En otras palabras, la Tricontinental.

Es cierto que todo esto es conocido pero --de una forma elíptica-- Acuña está proponiendo que al menos en ese período hay poco de que arrepentirse, por lo menos del lado de los indefensos. Y en este punto del laborioso trabajo de revisionismo histórico, el libro revela su verdadero objetivo: un ataque directo, meticuloso, documentado, a las superficialidades maniobreras de la doctrina Balza, ese general que nunca estuvo en ningún lado ni en ninguna parte. El general progresista por excelencia. De esta forma el libro se constituye en parte de una interna militar y ha sido escrito con ese objetivo. Recrear lo subyacente bajo el palimpsesto de medias verdades y mentiras que se acuñaron en la era alfonsinista, cuando la Argentina creía pertenecer al ala más radicalizada del tercermundismo simplemente porque se había caído del primero.

El autor promete un segundo tomo, lo cual será mucho mas difícil porque en esos años de plomo mas o menos indiscriminados la interna militar y la interna de las organizaciones armadas se transformó en una constelación de internas cívico-militares.que competían entre sí.

Pese a que aquí el libro sigue el destino de Los Versos Satánicos de Rushdie en la República islámica de Irán --todos lo han leído pero nadie lo conoce-- los ingleses ya han manifestado interés en su compra y difusión. Interesará también en los mercados del Este, ávidos de conocer su propia historia subterránea. Agradará a los revisionistas históricos, y para los que hoy son muy jóvenes vale la pena descubrirlo.

EA.

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