LA GUERRA DE CAVALLO

Una batalla en los mercados

Por Abel B. Fernández

CHILE POSEE EURO Y YEN DESDE 1992 PARA DESALENTAR EL INGRESO DE DINERO ESPECULATIVO.
PORQUE LA ARGENTINA NO PUEDE TENERLO?

La batalla que empezó el jueves 9 de abril en los mercados financieros y que aún no ha concluido da, entre otras cosas, indicaciones útiles para entender qué se está peleando. También permite especular, con algo de precisión, sobre la estrategia de Cavallo y las de las fuerzas que actúan en esos mercados, y las consecuencias que implican para todos nosotros.

Es una batalla, porque se ajusta a las definiciones más clásicas: un enfrentamiento en un lugar determinado entre fuerzas que pretenden influir a partir de su resultado en el desarrollo de un conflicto más amplio que la incluye. Y como en las batallas militares, ese resultado puede distinguirse fácilmente: en un caso, Argentina podrá obtener préstamos a un interés superior en no más de 5 o 6 % superior al que pagan los países del Primer Mundo; en el otro, Domingo Cavallo se aleja del gobierno.

Este enfoque ayuda además a precisar el meollo del asunto: al margen de declaraciones, tomas de posiciones públicas y conspiraciones privadas, el hecho central es que muchos titulares de bonos argentinos, bancos y fondos de inversiones en todo el mundo (para ser exactos, en Estados Unidos, Europa Occidental, San Pablo y Buenos Aires) decidieron en un momento dado venderlos, asumiendo pérdidas con relación a su valor del momento. Como lo sabían perfectamente, y no puede ignorarlo nadie que conozca algo de mercados, estas decisiones ponían en marcha un mecanismo que se auto refuerza, con todos los que venderán sus títulos porque "el mercado" lo está haciendo y, por supuesto, con los especuladores que se posicionan para aprovechar las diferencias diarias.

Estas ventas provocan automáticamente un incremento del "riesgo país" que no es otra cosa que una forma de medir el interés real que están
pagando nuestros bonos, y por lo tanto, lo que
tiene que pagar nuestro país al pedir más dinero.
La economía argentina no puede funcionar, y mucho menos recuperarse, con este nivel de tasa de interés. Cavallo, que asume con el compromiso de reactivar, no podría resistir por demasiado tiempo una situación así. Si la situación es tan clara, la pregunta inevitable es: ¿por qué se llegó a esto?. El análisis debe partir de un dato básico: la desconfianza de los inversores hacia los títulos argentinos está justificada, en principio. La deuda pública argentina no es tan grande con relación a su producto bruto; en realidad, es mucho menor que la de varios países de la Unión Europea y la de Japón, pero crece continuamente, por renovaciones y nuevas emisiones de títulos. El Estado argentino no recauda lo suficiente para pagar sus gastos y los intereses de su deuda, y con una economía estancada desde hace tres años, no hay expectativas que consiga recaudarlo en el futuro previsible. La globalización de la protesta, que entre otros temas cuestiona la legitimidad de los mecanismos de la deuda externa será probablemente útil para los deudores en el largo plazo, pero es irrelevante en lo inmediato para un país que está lejos de figurar entre los más pobres y cuyo problema principal no es la deuda que tiene sino el dinero fresco que necesita.

Por supuesto, hay otro aspecto a considerar: los acreedores le dieron mucho más tiempo a Machinea, y también a Roque Fernández. Las ventas sostenidas no comenzaron siquiera cuando el plan de ajuste ortodoxo de López Murphy se mostró políticamente inviable. La conclusión parece inescapable: Esta baja de los títulos - que popularizó el concepto de "riesgo país" - es una reacción a acciones del nuevo ministro de Economía o una forma de imponerle un determinado curso de acción.

Podemos seguir precisando. No parece probable que los mercados hayan reaccionado con tanta contundencia a sus medidas económicas concretas a la fecha: los nuevos impuestos, la rebaja en dos puntos de requisitos de liquidez de los bancos, el aumento de algunos aranceles y la rebaja de otros, han sido puntuales y de efectos limitados (como siempre son las medidas eficaces en la realidad, al contrario de la fantasía popular) y lo más cerca posible a neutrales en las relaciones de poder económico interno. Los planteos políticos del nuevo primer ministro: la reivindicación de las políticas activas y la intención de incluir al euro como moneda de referencia, en combinación con el dólar, para la moneda nacional, provocaron sacudones localmente, pero es dudoso que fuera del Mercosur afecten intereses importantes o, como aquí, prejuicios arraigados. Las políticas activas - en la forma de subsidios - son herramientas habituales, aunque caras, en las economías desarrolladas, y la canasta de monedas, si bien vista con interés en 
la Unión Europea, no representa una diferencia significativa para ellos - o para sus rivales.
Entendámonos, la introducción de una canasta de monedas en la determinación del valor de nuestro peso es un planteo con importancia estratégica en el largo plazo, para nosotros. La moneda nacional deja así de ser un pagaré por dólares. Cavallo cierra el paso al planteo de sus rivales: la dolarización, haciéndola más difícil en la práctica, y con un típico tour de force, sale del estricto 1 a 1, sin esperar a la diferencia a favor de la productividad argentina sobre la de Estados Unidos que consideraba necesario para lograrlo ya en 1993. Pero para ver sus imitadas consecuencias en lo cotidiano, baste recordar que Chile usó de 1992 hasta 1999 como referente para fijar el valor de su moneda una canasta que tomaba un 50 % en dólares, 30 % en marcos y 20 % en yenes (Es interesante señalar que Chile adoptó esta política para desalentar el ingreso de capitales especulativos).

Sin embargo, estimo que es aquí donde nos acercamos a una de las claves de lo que es en realidad una pulseada. Cavallo es un heterodoxo, que es una forma cortés de decir que es lo bastante ambicioso y seguro de sí mismo para aspirar a un grado mayor de autonomía en el manejo de la política económica argentina del que la opinión mayoritaria en los centros de poder económico globales piensan que es realista para nuestro país en su situación actual. Considerando el carácter del ministro, un indicio de esto es la iracundia que empezó a desplegar hace un mes, cuando no encontró en esos centros de poder el apoyo que su reconocido prestigio le llevaba a esperar. (Hay un paralelo local en la historia cercana, en 1990/91, cuando grandes bancos con intereses en la deuda externa argentina se oponían a que Menem nombrase a Cavallo en Economía, precisamente por sus antecedentes de hiperactividad en el Banco Central).
Específicamente, la raíz del conflicto reside visiblemente en que Cavallo - al igual que economistas tan poco sospechosos de desarrollismo como los hermanos Alemann - considera que lo que los analistas llaman los "fundamentals" de la economía nacional, reflejados en la capacidad demostrada de crecimiento de sus exportaciones - tradicionales y no tradicionales - con un tipo de cambio desfavorable, el desarrollo manifiesto en petróleo, petroquímica y minería, la base en infraestructura y comunicaciones modernizada en la década anterior, y - lo más interesante, a mi modo de ver - la impresionante revolución tecnológica y de productividad que el campo argentino llevó adelante a lo largo de los últimos cuarenta años, expresan, en la visión del ministro, una situación básicamente sólida al que problemas financieros de coyuntura no deberían condicionar en exceso.

Frente a este planteo "estructural", los que toman decisiones en los bancos y fondos de inversión con el tamaño para fijar precios de valores financieros en el mercado global, así como funcionarios muy importantes de organismos internacionales y del Tesoro de los Estados Unidos perciben el creciente endeudamiento del estado argentino, una recesión que ya lleva tres años - de la que sigue sin verse salida - y consideran necesaria, por lo menos, una reestructuración de la deuda pública. Un motivo que refuerza este reclamo, (y el eco se siente especialmente en San Pablo) es que esta descontada reestructuración no afecte, al demorarse, la situación de Brasil, cuya deuda es mayor que la nuestra pero aún tiene muchas oportunidades de negocio en que inversores norteamericanos están interesados.
Es necesario tener presente que la reestructuración de la deuda es un negocio financiero de envergadura en sí mismo, del que sólo un aspecto son las jugosas comisiones para los bancos que se hacen cargo de ella. Además, se la ve en los círculos aludidos como una posibilidad de condicionar con ella la aplicación de una política económica más convencional; inclusive en aspectos que tienen que ver con prejuicios más que con objetivos concretos: por ejemplo, la reclamada mayor flexibilización del mercado laboral argentino ignora que no hay nada más flexible que el trabajo en negro, que lamentablemente es el que prevalece en la actualidad.

A pesar de la explícita reluctancia inicial de Cavallo, el llamado megacanje de títulos se llevará a cabo. Pero la batalla no ha concluido: la misma situación que lo hizo apremiante - la baja de sus valores - lo hacen demasiado gravoso para el orgullo de Cavallo y los intereses argentinos. (Además, se murmura en la plaza que hay bancos que todavía disputan su participación en el negocio). No es imposible que logren torcerle el brazo: después de todo, en el convenio recién firmado con el F.M.I. se establece que la rebaja de dos puntos en el encaje de los bancos - la primera, y menor, medida que Cavallo le arranca a Pou - debe ser anulada (cláusula que en mi opinión y en la más autorizada de Juan Alemann es absolutamente ridícula).
Pero Cavallo todavía no está vencido: después de todo, el convenio establece que la rebaja será anulada "en cuanto sea posible". Más significativamente, puede estimarse que las ventas masivas de títulos han dejado en manos argentinas o de instituciones radicadas en nuestro país no menos del 60 % de la deuda externa. Eso aumenta la capacidad de maniobra, por lo menos potencial, del ministro de Economía. De todos modos, no puede hablarse de un problema financiero insoluble en un país en que hay cerca de 80 mil millones de pesos/dólares depositados en plazos fijos, a tasas que serían moderadas en Suiza, en bancos que no tienen hoy demanda de créditos (Y que en las semanas de la crisis sólo disminuyeron en menos del 5 %). A pesar de esto último, está claro que el déficit principal de la Argentina es de confianza.
Cómo sigue la guerra de Cavallo? Este artículo ha tratado de ser una explicación, no una profecía.

Algo puede decirse con razonable certeza: aunque aquí se ha descripto el plano global del enfrentamiento, su resolución depende en última instancia de factores internos. El destino de Cavallo, y más importante, el de la Argentina, se decide en gran parte aquí.
Pero, como decía Kipling, eso es otra historia.

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