RECUERDOS DE UN LIBERAL
QUIMICAMENTE PURO

por DIEGO VASKO

El caminante recorrió el camino, y sobre el final, decidió mirar atrás y recordar el principio y así darle a la vida, su vida, un sentido circular. Eso es lo que resolvió hacer el periodista y escritor Ernesto Schoo, quien está por editar un nuevo libro pero esta vez, íntimo y personal: sus memorias.

Cuadernos de la sombra es el título elegido para describir los primeros pasos de este singular personaje por el mundo. "Porque no tuve una infancia feliz. Me inspiré para el nombre del libro en un fragmento de un poema de Juan Rodolfo Wilcock". Luego de decir eso, y con mucho orgullo, Ernesto toma aire como si fuera el último suspiro y recita, delante de una audiencia de estudiantes de periodismo:
 
"Anotando en cuadernos / que la sombra pervierte / fragmentos del coloquio / del hombre con la muerte".

"Mis memorias a esta altura de mi vida son mi coloquio con mi futuro que no existe en realidad, es hoy. Esa certeza me da una enorme tranquilidad y un gran sentimiento de libertad", confiesa Schoo.

A lo largo de la charla que duró cerca de dos horas, describió una parte muy significativa de su vida que ahora serán sus memorias: su infancia y su relación con el campo. "Los primeros quince años de mi vida pasé mis vacaciones, dos o tres meses cada verano, en la estancia que todavía tiene mi familia en Pergamino. Es una estancia que fundó un bisabuelo mío en 1856 donde había una biblioteca enorme". Y también agrega que esos momentos fueron los cimientos creativos que le permitieron que su paso por este mundo dejara huellas propias e imborrables:
"Todas las cosas importantes de la vida, el encuentro con la muerte, con el sexo, con el amor, fueron en el campo".

La infancia de Ernesto estuvo signada por la literatura: "Lo único que hacía era leer", afirmó. Y otro detalle que no es para nada menor, es que en la familia Schoo el matutino que se consumía con voracidad era La Nación, donde luego trabajaría. "Como ese era el diario que se leía en casa, mi gran objetivo era entrar a ahí. Y no era nada fácil", aclara.

A los 18 años era empleado, igual que su padre y su abuelo, en la Aduana. Eso durante la mañana, y por la tarde, estudiaba en la facultad de Filosofía y Letras. "Salía al mediodía del trabajo y me iba a las clases de latín y griego donde me quedaba dormido. Eso me decidió a abandonar la carrera pese a que el deseo de mis padres era que fuera médico o abogado".

Pero un llamado inesperado cambiaría la historia de Schoo por completo. Un ex compañero de estudios le ofreció un lugar en la sección de literatura de La Gaceta de Tucumán. "Fue en 1948, por casualidad me inicié en este oficio. Mi amigo me pidió que comentara libros y en un acto audaz, acepté". Ese fue el comienzo de un amor que jamás lo traicionará, la pasión por el periodismo.

Y la suerte, como en aquella inesperada comunicación telefónica, volverá a entrometerse en la vida de Ernesto. Un día su amigo, el escritor Manuel Mujica Lainez le pidió que se hiciera cargo de la sección de Artes Plásticas de La Nación porque tenía que irse de viaje. Permanecería cinco años en ese periódico hasta que por razones de censura, se tuvo que "exiliar" hasta 1997 donde volvió a su viejo amor.

La revista Primera Plana fue otro paso trascendental. "Era increíble la influencia de ese medio. Nos dimos cuenta de que la revista implantaba modas y empezamos a tomarnos eso como un juego. Por ejemplo, introducimos palabras estrafalarias que nadie usaba, por diversión. Teníamos una broma cruel: ¿cuál es el perfil del lector de Primera Plana? El joven odontólogo en ascenso", cuenta el escritor con cierta nostalgia y melancolía mezcladas con un toque de alegría.

Y también recuerda a un gigante del periodismo, que dirigió la publicación. "De Jacobo Timerman se puede decir que era tiránico, caprichoso, lo que sea, pero siempre que te corregía algo, era perfecto, era un grande. Extraño trabajar en las redacciones y no conocí ninguna más estimulante y mejor que las que dirigía él".

¿Todo tiempo pasado fue mejor?, para Schoo sí.

* "Quizá suene un poco pedante pero tengo que decirlo: Había un nivel cultural común, todos teníamos una base común de datos. En las redacciones uno podía mencionar a Rilke, a (Franz) Kafka y se sabía quiénes eran".

* "Había una conciencia de que las cosas tenían que ser excelentes. Eso es algo que los argentinos hemos ido perdiendo lamentablemente en las últimas décadas, sobre todo por obra de la demagogia populista que es un cáncer".

* "En mi época había un culto de escribir bien, de poner mucha atención en la ortografía y de mantener un estilo. Uno sabía cuál era el estilo de La Nación. Hoy en día me da la sensación que hay una especie de uniformidad".

* "A veces me quedo absorto de cómo escriben los chicos. Hay una gran decadencia en la educación que es la base de la cultura".

* "El nivel de los periodistas de hoy en comparación con los de antaño es bastante más bajo".

La función pública y el teatro

En 1996, Ernesto asumió como Director General y Artístico del Teatro General San Martín, cargo que desempeñó hasta 1998. Fue una etapa dura en la que tuvo que lidiar con la falta de presupuesto y con la burocracia del Estado. "Para pedir dinero había que hacer muchos trámites por las oficinas municipales".

Schoo se considera un crítico de teatro, a pesar de que aclara que nació con vocación artística, no periodística, como se suele suponer. "Yo quiero recuperar el sentimiento infantil que tuve la primera vez que me llevaron al teatro", con la esperanza y la añoranza de buscar la pureza que todos tuvimos cuando apenas nacimos, esa parece ser la búsqueda personal que lo motiva en su vida y que se reflejará en su nuevo libro.

Desde muy chico viene su relación con el arte. "Mis padres eran amantes del teatro. Iban muy a menudo. Y al día siguiente de asistir a la función ellos comentaban en el desayuno lo que habían visto la noche anterior. Por eso desde siempre estuve muy familiarizado con la jerga y los nombres del teatro".

Momentos de una vida color de rosa

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Nació en Buenos Aires en 1925

- Sus conocimientos de los idiomas inglés, francés e italiano le sirvieron para trabajar en la sección Franquicias Diplomáticas de la Aduana porteña.

- Su primer paso en el periodismo lo dio en La Gaceta de Tucumán, en 1948. Todavía hoy sigue colaborando en ese medio.

- Con el cuento "En la isla", ganó en 1956 el premio literario más importante de la época, que estaba auspiciado por la empresa petrolera Esso y La Sociedad Argentina de Escritores. Entre el jurado se encontraban su amigo Mujica Lainez y nada menos que Jorge Luis Borges..

 


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De 1957 a 1962 integró el staff del diario La Nación como crítico de cine, teatro y artes plásticas.

- También trabajó en las revistas Primera Plana, Panorama, Siete Días y en los diarios La Opinión, Convicción, Tiempo Argentino y La Razón

- Fue director del Suplemento Cultural del periódico El Cronista Comercial desde 1988 hasta 1994.

- Actualmente trabaja como crítico en la revista Noticias y es columnista de La Nación y colaborador permanente del suplemento cultural de ese diario

Y además...

- Adaptó textos de Mujica Lainez que se incluyeron en el film Misteriosa Buenos Aires. También escribó guiones y canciones de café concert para Nacha Guevara y Cipe Lincovsky. Y obtuvo la prestigiosa beca Guggenheim.

- Publicó las siguiente novelas: Función de gala (1976), El baile de los guerreros (1979), El placer desbocado (1988), la recopilación de cuentos Coche negro, caballos blancos (1989), Ciudad sin noche (1991), El tango paraíso, que en 1994 finalista del premio de la editorial Planeta.

- En televisión condujo el ciclo Las Musas, que se emitió en Artecanal y en VCC.

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