A LA BUSQUEDA DE UN

CLAUSEWITZ PARA EL SIGLO XXI


Buenos Aires, 17 de septiembre de 2001
Escuela de Defensa Nacional.

Lic. Angel Pablo Tello.


Quiero agradecer a los organizadores de este Cuarto Encuentro, en particular a mi amigo el Presidente de estos actos, Ernesto López, por esta oportunidad de dirigirme a Ustedes, al mismo tiempo que quiero señalar que éste es un trabajo que ya hemos venido realizando - sin estar yo aun en el gobierno - desde hace ya unos cuantos años y que se ha ido constituyendo, habiendo comenzado con muy poco en un ámbito de reflexión sumamente importante e interesante en lo que hace a los estudios estratégicos, tanto en el nivel local como regional.

Por eso aplaudo para que esta iniciativa se pueda continuar, pueda hacerse aun en condiciones a veces muy difíciles sobre todo desde el punto de vista económico, y que hoy tengamos una convocatoria tan calificada y tan importante como la que está aquí presente. No dudo que durante las siguientes exposiciones, este interés se va a mantener y posiblemente se va a incrementar.

Quiero hacer una reflexión dadas las nuevas situaciones que se están planteando a nivel internacional, sobre lo que nosotros hemos dado en llamar ‘la incertidumbre estratégica’ y la noción de ‘vigilia’.

Creo que esto es necesario para encarar esto partiendo del escenario global. Valga la redundancia, este escenario está dominado por eso que se ha llamado ‘globalización’, que tiene algunas características centrales como son: los flujos financieros, la deslocalización de las empresas, las transferencias de capitales, y las comunicaciones. Esto constituye la base de lo que hoy se considera una verdadera mundialización de la economía.

Sin duda, este proceso tiene aspectos sumamente positivos. Ha permitido una mayor libertad de los individuos, ha incrementado las comunicaciones, un mayor conocimiento, un mayor intercambio, o sea que ha permitido que la humanidad progrese en su conjunto. Ha sido positivo no sólo por la transferencia de artículos, sino por la difusión de determinadas concepciones, puntos de vista, ideas.

Creo que éste es un fenómeno irreversible. Encierra en sí mismo varios factores de progreso para la humanidad. Pero tiene también factores negativos. Entre los negativos podríamos citar: la desigualdad creciente (el Banco Mundial ha certificado que la pobreza aumenta al mismo ritmo que el crecimiento numérico de la población mundial, aproximadamente a 2% mundial); y una mayor concentración del poder y de la riqueza en muy pocas manos, en detrimento de las mayorías.

Se ha dado así una situación muy particular donde esta concentración de poder y de riqueza se da en manos de personajes, individuos o sociedades que carecen de legitimidad, y aquellos que tienen la legitimidad de origen necesaria para regir los destinos de las comunidades en diferentes puntos del planeta, cada vez tienen menos poder.

Esta es una concentración que se plantea a escala global y que es parte de este proceso de globalización. Yo me resisto a pensar en una visión estrictamente conspirativa de la Historia. No creo que exista un centro maléfico que está gobernando esto, sino que creo que la propia dinámica de las cosas es la que está empujando el proceso en esa dirección.

Otra contradicción que también aparece es que, si bien el individuo tiene una mayor cantidad de conocimientos o mayores posibilidades de adquirir conocimientos, a la vez es menos sujeto -porque es objeto- de su propia historia, es decir, tiene menores posibilidades de decidir debido a esa concentración de poder.

Esto ha llevado en líneas generales - no pienso hacer una exposición demasiado extensa sobre eso - a un debilitamiento de lo político, entendiendo como ‘lo político’ a la gestión de los intereses de la comunidad y como una tarea esencialmente noble. Un debilitamiento de lo político que ha llevado también a un debilitamiento del Estado-nación como estructura clásica para la resolución de los conflictos y del progreso en las relaciones internacionales. Los derechos individuales y políticos, la igualdad ante la ley, la participación en la sociedad, la defensa y la seguridad, no se pueden dar en otro marco que no sea el del Estado-nación. Hasta ahora no se ha creado otra instancia capaz de reemplazar a ésta.

En este contexto yo diría que quedan los individuos cada vez más aislados ante el proceso de globalización, frente a una suerte de ideología del ‘sálvese quien pueda’ y por un individualismo a ultranza, y por otro lado, queda el proceso de globalización mismo y los que manejan el poder.

Con ello, entre este proceso, entre ese centro de poder y el individuo aislado, aparece un ‘hueco’ que se intenta llenar con el Estado-nación que ya ha perdido atribuciones, ‘hueco’ donde se produce y genera la emergencia de más actores y perturbadores del orden internacional. Creo que los trágicos atentados que acabamos de conocer, constituyen una manifestación de esta situación.

Entonces, aparece un mundo más fragmentado, si se quiere más transformado en pequeños actores, donde se plantea la lucha por el poder porque, en definitiva, de lo que siempre se trata es de esa lucha por el poder. Mundo fragmentado - decía - donde por ejemplo en Europa - por citar algunos casos - en 1923 hacía 23 Estados con 18.000 km de fronteras, y en 1998, 50 Estados con 40.000 km de fronteras. Eso es una manifestación de esa fragmentación. En 1950 había 44 Estados reconocidos; las Naciones Unidas fueron fundadas aproximadamente por 55/56 Estados, y hoy tenemos 191 Estados reconocidos en Naciones Unidas, con otra contradicción: no hay dinero, no hay sostén, no hay ayuda, sin Estado. Es decir, se necesita una entidad a la cual se le pueda ayudar, se le pueda cooperar.

Esta realidad incluye la presencia de armas nucleares que le ahorró a la humanidad la guerra durante 40 años, pero se la ahorró al 10% de la humanidad. La otra parte de la humanidad vivió conflictos, guerras, enfrentamientos de todo tipo y naturaleza, constando también que desde 1945 hasta 1990 hubo 146 guerras en el mundo, que produjeron aproximadamente 30 millones de muertos, con un 75% de civiles, a diferencia de la primera guerra mundial (1914-18), donde la proporción de civiles muertos fue del 1%. Hoy asistimos a una nueva realidad en la cual aquel que lleva uniforme, que está encuadrado en una institución, y que puede portar un arma, quizás está más seguro que la población civil que no puede hacerlo.

¿Qué es lo que ha pasado en este mundo globalizado y en estas condiciones con estos nuevos actores? Recuerdo que me lamentaba por la ausencia de la Unión Soviética, porque la presencia soviética producía un mundo previsible, y además porque lo nuclear estaba en manos de Estados que respetaban códigos. Hoy nos preguntamos cuáles son los códigos de estos que han derribado las torres de Nueva York.

Hoy, la pregunta es también: lo nuclear, ¿puede o no transformarse en un arma? Ya está en Pakistán, dentro de poco también en Irán. La lista es más larga y además, preocupante.

Podríamos decir que antes de las décadas de 1990 y de 1980, nosotros teníamos un mundo de certezas; un mundo que a pesar de las disputas, se podía calcular cómo reaccionaría el oponente. Hoy, eso ha desaparecido. Es un mundo mucho más incierto, mucho más complejo, mucho más difícilmente entendible, incluso con un proceso de globalización donde - como he citado hace algún momento - a través de esta suerte de ‘sálvese quien pueda’, individualismo y fundamentalismo del mercado, ha quebrado también una gran cantidad de valores comunes en el sentido de pertenencia, y esto también dificulta la gestión de los asuntos internacionales y de los asuntos locales.

Podríamos decir que, de alguna manera, el fin de la guerra fría no enterró únicamente al comunismo como propuesta, como idea, como perspectiva, sino que en buena medida enterró también dos siglos de previsibilidad. Recuerdo a quien afirmaba que el marxismo era el milenarismo judeocristiano más pretensión científica. La caída del ‘muro’ de Berlín también enterró eso. Hoy aparecen nuevos actores absolutamente inesperados, absolutamente impredecibles.

Aquí aparece entonces la importancia de encontrarle un sentido a las cosas, ‘sentido’ entendido como fundamento, unidad, finalidad. Si tomamos los fundamentos que tienen que ver con los principios básicos que hacen a la capacidad de construir un proyecto colectivo, tal como hoy están planteadas las ideas centrales - digo, planteadas hasta el martes pasado por el ultraliberalismo -; esas ideas son incapaces de sostener un debate a fondo sobre el sentido o sobre los fundamentos, y aparece pienso como algo saludable la reacción de los Estados Unidos a raíz de estos episodios recientes, en la necesidad de reencontrar valores trascendentes, reencontrar ámbitos de solidaridad, o reencontrar un proyecto en común que vaya más allá de la acumulación de valores materiales. Es decir, la necesidad de reencontrar referencias colectivas frente a una mayor inestabilidad del sistema, frente a una gran cantidad de amenazas nuevas que plantea este sistema.

En cuanto a la disputa sobre el reparto del poder internacional, y también por espacios físicos y geográficos - porque esta última disputa también existe -, lo que ahora hay que discutir es cuáles son los sujetos que expresan esta disputa: en qué sujetos se encarna. Más: los desequilibrios de siempre que la globalización está provocando, que ya hemos señalado; esto genera una gran inestabilidad y una gran incertidumbre política que constituye la base de lo que nosotros denominamos la ‘incertidumbre estratégica', la que a su vez se apoya en una gran ‘incertidumbre política’.

Esa incertidumbre tiene que ver con las desigualdades, con las nuevas amenazas, con el rol de los Estados, y con la necesidad de reconstruir proyectos de solidaridad, proyectos de adhesión colectiva, con objetivos dentro del marco de lo que decía Hegel: el ser humano tiene una lucha existencial básica que se apoya en la capacidad que tiene de pensar el infinito y saberse al mismo tiempo, finito, puesto que la vida exige algo más que la acumulación de bienes materiales, exige objetivos trascendentes, sobre todo cuando los bienes materiales no son accesibles de igual manera para todos los que poblamos este planeta.

Ese es el marco en el que se da la incertidumbre estratégica. Tiene que ver con Estados más débiles - es toda una realidad -; con la inexistencia de un enemigo identificado (ya es difícil reconocer al enemigo en estas circunstancias); difícil aplicar lo que algunos han llamado la ‘dialéctica uno mismo y el otro’, es decir, quién y dónde está el otro, y quién soy yo aparte de eso, es decir, cómo defino mi identidad (Hegel decía que no hay identidad sin diferencia: para identificarme tengo que diferenciarme).

Estamos en un mundo donde aparece una pluralidad ‘de otros’, no hay ‘un otro único’, a partir de lo cual aparece una pluralidad de hipótesis que nos exigen inventariar los riesgos frente a un otro, hoy desconocido; con una amenaza que tiene un carácter omnidireccional: puede proceder desde varios lugares.

Nosotros hoy no podemos determinar cuáles son esas amenazas, ni tampoco si existe una amenaza principal y otras secundarias. Esto nos obliga en buena medida a pensar estratégicamente sin enemigo designado: nosotros no podemos determinar un enemigo, identificarlo claramente y, a partir de eso, elaborar un pensamiento estratégico, porque ‘no tenemos enemigo’. Esto significa una verdadera revolución mental, significa un cambio desde el punto de vista del conocimiento, muy importante en lo que hace a la historia de la humanidad en los últimos doscientos años.

La ausencia de enemigo1 se transforma en un elemento de doctrina y tengo que pensar un futuro abierto a todas las hipótesis de conflicto.
Por supuesto, tengo que pensar que tengo dos alternativas: una de máxima, porque necesito ‘todo’, porque todas las amenazas pueden ocurrir; o bien nada necesito. La sabiduría o la habilidad consiste en encontrar el equilibrio entre estas dos alternativas, entre esas dos condiciones extremas, y saber hacer el inventario: frente a quién me tengo que enfrentar como una idea aproximada de las amenazas y los desafíos y, en función de eso, establecer mi propia estructura de pensamiento estratégico y los instrumentos para dar la respuesta a esta nueva situación.

Todo eso ocurre dentro de una nueva realidad: la existencia de las armas modernas que dan mayores ventajas a las pequeñas unidades, con una estrategia que tiende a ‘desterritorializar’. El rol del territorio en la estrategia no ha desaparecido: sigue siendo importante, pero es menor que en otras épocas2, y donde tengo un marco de inseguridad que no es ni exclusivamente endógena, ni exclusivamente exógena: algo de las dos cosas, donde las fronteras se empiezan a diluir cobrando un valor distinto al que tenían hace 20 o 30 años atrás.

En suma, lo que se encuentra es una gran multipolaridad de actores, sin que hayan desaparecido los Estados. Hay quien dice que los Estados ya no existen, pero tenemos poderosos Estados como el Japón, como China, la India. Tratemos de que no desaparezcan los Estados, porque ello significaría el caos total. Actualmente se está revaluando la necesidad del control sobre el territorio por parte de los Estados, para encontrar mecanismos previsibles de entendimiento, aunque eso supone los riesgos clásicos, que son un mal menor frente a los nuevos riesgos.

Frente a la multipolaridad de actores estatales, se suma otra multipolaridad de actores exógenos - actores sin normas3 - lo que provoca una especie de estallido del cuadro clásico tradicional de la competencia y de la cooperación. Reitero: este es el marco de lo que llamamos la ‘incertidumbre estratégica’, que da lugar a la ‘vigilia estratégica’. ¿Cómo se puede pensar o cuáles son los antecedentes de esta ‘vigilia’?

El libro seis de Clausewitz fue dedicado a la defensiva. En el capítulo ocho, escribió: "El concepto de defensiva es la parada y la parada implica la vigilia o la espera" (yo he agregado la ‘espera’). Nos está diciendo cuál es la característica principal de la defensiva - la vigilia - y al mismo tiempo, su principal ventaja. En el capítulo veintiocho del mismo libro, Clausewitz afirma que la defensiva se compone de dos elementos diferentes: la decisión y la vigilia.

Según este concepto, la vigilia es una fase de pausa en las operaciones; como tal permite un cierto relajamiento en la actividad de las fuerzas, constituye una interrupción temporaria de las operaciones efectivas. No debe ser confundida con la tregua, porque la tregua es un acuerdo que se establece entre los beligerantes para suspender provisoriamente las hostilidades.

La vigilia - según la idea de Clausewitz - significa que los ejércitos o las fuerzas armadas, se instalan durante cierto tiempo en las posiciones adquiridas o en las condiciones logradas, y sobre todo, que la elección de la vigilia se imponía por un descenso en la intensidad de las operaciones en el teatro. Agregaba que también ella podía ser necesaria ante una información insuficiente sobre el adversario, o bien ante una situación estratégica delicada o compleja, o aun por una situación no satisfactoria de las propias fuerzas.

Estos tres factores: la inteligencia, la situación estratégica y el estado en que se encuentren las fuerzas, es lo que se está discutiendo actualmente en el mundo, en la región y en nuestro país.

Puede decirse entonces que, durante la vigilia, las fuerzas se mantienen en una actitud de expectativa o bien aguardando una iniciativa del adversario que pueda cambiar la situación, o aun por un cambio de la situación político-estratégica. Esto tiene que ver con la incertidumbre sobre el futuro, con lo que significa la incertidumbre como una dificultad para poder adoptar decisiones, y a veces en la dificultad para repensar un proyecto político donde la incertidumbre se encuentra en las relaciones internacionales. Desde nuestro punto de vista, esto obliga a los actores a adoptar la vigilia para su postura estratégica.

La vigilia, entonces, constituye un conjunto de disposiciones y de operaciones, que se dan con el objetivo de mantener durante cierto tiempo, el sistema político-militar en su ser y abierto al futuro. Esto significa que se privilegia durante cierto tiempo, lo estratégico, lo operacional y lo táctico, con una gran capacidad de movilidad y con una alerta temprana en un marco de incertidumbre estratégica, donde el sistema de inteligencia debe tener la máxima eficiencia. Me refiero no sólo al sistema de inteligencia militar si no al que corresponde a la nación.

Esto tiene que ver por un lado, con la multiplicación y la aparición de numerosos actores que están en algunos casos, amparados por Estados, y en otros casos, fuera del control de los Estados; actores que gravitan sobre las relaciones normales entre los Estados que se liberaron de la confrontación Este-Oeste.

Tiene que ver también con una realidad donde la economía tiene preeminencia en todos los proyectos políticos, y finalmente, tiene que ver - y esto debe analizarse cómo cambia a partir del episodio de la semana pasada - con cierta repugnancia en las sociedades más avanzadas, donde la violencia de las armas es considerada como un método normal o casi normal de relación, entre los Estados o para resolver conflictos de intereses.

Es en este marco donde se impone la revisión del pensamiento tradicional y la elaboración o reelaboración de un nuevo pensamiento estratégico, en medio de una gran complejidad de los escenarios y de una gran incertidumbre hacia el comportamiento futuro de tantos actores. Aquí aparece una gran desorientación intelectual porque - creo yo - exige repensar la estrategia del Estado en relación a los intereses nacionales, pero también en relación con la región y con el mundo.

En este marco donde hay nuevas amenazas, donde no hay un enemigo fácilmente identificable, donde se deben inventariar los riesgos, donde se debe abrir la mente a todas las alternativas, a todas las hipótesis de conflictos posibles, donde además existen restricciones económicas complicadas y difíciles; en este marco - comencé diciendo - se impone un nuevo diseño para las fuerzas armadas, con una estructura flexible y combinable con la capacidad para interoperar con otras fuerzas en el mundo y en la región.

Se necesitan fuerzas armadas que sean capaces de responder a demandas militares y políticas hasta hoy desconocidas, donde aparece una gran fragmentación de los objetivos estratégicos, y dentro de un proceso de integración regional donde debe pensarse que las alianzas deben necesariamente constituirse sobre la base de intereses comunes, alianzas que en buena medida estarán dictadas también por el estado del sistema internacional; alianzas que deben ser útiles para obtener nuevos espacios de poder y lograr mayor gravitación en los asuntos internacionales, aunque lo más importante será definir cuáles serán los intereses comunes, porque además de decidir en contra de quién se está, sino por qué se está.

Esto creo es lo más importante en el nivel regional, porque el Mercosur más dos, como zona de paz, ya tiene acuerdos importantes desde la conferencia de ministros de defensa en Manaos el año pasado, y otras demostraciones, que van marcando una dirección muy positiva. También en este marco estamos trabajando para la creación de un centro regional de elaboración estratégica o de prevención de conflictos, o ambas cosas, que nos ayude a repensar estrategias comunes que permitan llegar a una posición común de la región frente a estas nuevas amenazas, entendiendo que, por supuesto, cada país tiene su status de Estado-nación y sus propios instrumentos para encarar una defensa efectiva.

Creo finalmente que hoy estamos en un debate importante. Se ha planteado el fin de la bipolaridad y comenzado un escenario distinto al que planteó la caída del ‘muro’ de Berlín. El Ministro Jaunarena ha comparado este escenario del atentado contra las torres gemelas, con la caída del ‘muro’ por la repercusión que ha tenido y la que va a tener.

Creo que en este contexto es difícil poder quedar afuera. La Argentina ha sido víctima de dos atentados en el pasado. El gobierno argentino ha manifestado una decisión para participar a través de la condena y según lo que se disponga por intermedio de los organismos internacionales para erradicar este flagelo que hoy sacude a la humanidad, y que, frente a un proceso de globalización que tantas veces carece de rostro, surge un territorio también sin rostro.

Todo esto es muy complejo. A nosotros los argentinos se nos impone establecer las amenazas, las respuestas, las estrategias adecuadas para no ser ni mucho ni poco; definir los mecanismos necesarios de respuesta del Estado y al mismo tiempo, de reforzamiento de lo que hace alrededor del Estado. Este mundo fragmentado en buena medida es demoníaco y es necesario controlar a todos estos demonios que están emergiendo, porque actúan según códigos totalmente distintos. No es una confrontación menor: tiene mucho de cultural y al mismo tiempo, intereses en juego, irracionalidad en juego, a lo que se requiere responder con mucha serenidad, con mucha prudencia, con mucha firmeza, y a la vez con la reelaboración de un pensamiento estratégico adecuado a las necesidades del país.

Creo que este Cuarto Encuentro Nacional de Estudios Estratégicos puede aportar en estas nuevas circunstancias, una gran contribución en esa dirección. Además, pienso que todo esto demuestra que ‘vuelve el hombre’, de manera brutal lamentablemente, pero vuelve aunque ayudado por la técnica.

Decía un escritor francés: las posibilidades de triunfo de una actitud comprometida, alejado de cualquier ingenuo voluntarismo, se basa en una realidad que la historia fundamenta de modo inapelable, aun cuando todo cálculo racional pruebe que nada se puede hacer, el hombre sigue siendo el cero y el infinito; sigue siendo la variable incontrolable en donde fatalmente naufraga todo cálculo racional. Nunca encontré una frase más adaptada a esta situación.

1(Reflexiones sobre la denominada "ausencia de enemigo": ¿ausencia de enemigo o enemigo que no se ve? ¿No tenemos enemigo, o nuestro análisis subjetivo no nos permite ver los enemigos que nuestras acciones provocan? ¿será que no se ve, porque previamente lo hemos excluido hasta de nuestros análisis?)

2 (Reflexiones sobre el menor rol del territorio en la estrategia: ¿donde se ha desplazado el rol principal? ¿al ámbito social? ¿qué implicancias concretas tiene este desplazamiento?

3 (Reflexiones sobre "actores sin normas": ¿a qué normas nos referimos? ¿por qué ciertos actores no tienen normas? ¿no tienen normas, o tienen normas diferentes? ¿no habría que analizar el origen y consecuencias de las normas?

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